viernes, 27 de junio de 2014

JOY DIVISION: 35 AÑOS DE PLACERES (DES)CONOCIDOS



UNKNOWN PLEASURES
JOY DIVISION
FACTORY RECORDS (1979)
FAC 10
Unknown Pleasures atestigua la trasformación sonora de la banda, su mutación del visceral punk inicial ejecutado bajo el nombre de Warsaw, al innovador y ralentizado post-punk exhibido con su nueva identidad como Joy Division, sumergiéndonos a las profundidades de la oscuridad, gracias a esas sombrías y gaseosas atmosferas sónicas, que tiene en el productor Martin Hannet al principal responsable, consiguiendo una obra que continúa sonando vigente. 
Ian Curtis (voz y guitarra), Bernard Sumner (guitarra), Stephen Morris (batería) y Peter Hook (bajo) plasmarían en el vinilo, sentimientos de furia, dolor y desolación emanados del interior de sus almas (sobre todo del vocalista) y que el oyente podría fácilmente adoptarlos como suyos. Es pues la condición humana y sus ambigüedades, el principal postulado expuesto en el primer larga duración de los mancunianos.
La historia de Unknown Pleasures, es un relato verídico de la surrealista relación entre la banda, Tony Wilson, Martin Hannet y Manchester.
MANCHESTER: UN LUGAR “INCREÍBLEMENTE LÚGUBRE”
Manchester: Un lugar "increíblemente lúgubre"
Manchester la ciudad que alumbraría a Joy Division, fue descrita por el periodista Jon Savage como un lugar “increíblemente lúgubre”, pues en eso se había convertido la que alguna vez había sido capital mundial de la manufactura algodonera mecanizada. La riqueza del ayer se había esfumado y la desolación ocupaba su lugar, síntomas del inminente arribo de la era post-industrial. Es así que la voz y palabras de Curtis reciclan una y otra vez ese panorama de oscuridad, crisis, fracaso, colapso, frustración e incertidumbre, dentro de un ambiente sonoro inhóspito y ralo, que gira alrededor del bajo de Peter Hook.
En cierta manera Unknown Pleasures es como realizar una travesía por la ciudad, la de una sociedad en decadencia. Para Ian Curtis, Manchester era semejante a una ruina vacía, presta a ser explorada, cuyo inhumano panorama estaba embargado por el engaño y la intriga. De la misma manera el sonido y las líricas ofrecidas en una manera fueron recogidos de las ruinas del punk. En donde Joy Division no pretendía ofrecer explicaciones ni respuestas fáciles a tanta desolación.
PACTO DE SANGRE:
Peter Saville - Tony Wilson - Alan Erasmus - Febrero de 1979
Cuando los Joy Division aún tenían dudas sobre si debían grabar este álbum con Factory Records, en Marzo de 1979 fueron a Eden Estudios en Londres para grabar 5 demos con el productor de aquel momento Martin Rushent. “Inicialmente nos fueron ofrecidos entre 40 mil y 50 mil libras esterlinas. Esto era muy poco pero salía de nuestra real comprensión, tanto que en verdad no nos importó. Rob Gretton (manager de la banda) sólo decidió que el trato con Tony Wilson fuera: a) más interesante y b) más frustrante pero c) finalmente más recompensado” recuerda Hook. En mayo de 1978, Tony Wilson presentador de tv y dueño de Factory Records había firmado literalmente con su propia sangre un contrato con la banda ofreciéndoles plena libertad para hacer lo que quisieran, así que tenían además de su palabra, su sangre como señal del pacto.
El 1 de abril de 1979, Joy Division llegó a Strawberry Studios en Stockport para iniciar su primer extenso periodo de trabajo con el productor, Martin Hannet quien sabía de la existencia de la banda desde inicios de octubre de 1977, cuando los vio tocar en el Salford Technical College.  Bernard Sumner manifestaría que para ellos “el estudio fue como un nuevo mundo…” pero no imaginarían que se toparían con Martin Hannet y su peculiar manera de ver ese “mundo”.
EL ENCUENTRO DE DOS MUNDOS: MARTIN HANNET Y JOY DIVISION
Hannet un amante de la psicodelia, el dub y otras "hierbas"
Tony Wilson la tenía clara, Martin Hannet era el hombre ideal para producir el álbum debut de Joy Division, según el dueño de Factory, el productor “Podía ver el sonido, darle forma y reconstruirlo”. Hannet un amante de la psicodelia, el dub y la marihuana, estaba dispuesto a capturar e intensificar la inquietante espacialidad de la banda. Alguna vez manifestó que la hierba era “buena para los oídos” y que “los espacios públicos y desiertos y los edificios de oficinas vacíos” le ocasionaban un “subidón”.
Hannet usaba un delay digital AMS y otros efectos digitales para conseguir un “control atmosférico”, además poseía una fascinación por envolver los sonidos de un instrumento en un “aura” espacial. Hannet hablaba de crear “hologramas sonoros” a través de la yuxtaposición de capas  de “sonidos y reverbs”. Hannet se encargaría de poblar los discos de Joy Division con sonidos subliminales colindantes con lo espectral.
Para Martin Hannet los Joy Division “eran buenos en verdad” pues “existía un montón de espacio en su sonido”. Los vio como “un regalo para producir porque ellos no tenían una pista [de cómo hacerlo]. Ellos no discutían. The Factory Samples fue la primera cosa que hice con ellos.  Pensé que tendría un nuevo Advance Music System delay line por cerca de dos semanas y de ese trabajo salió ‘Digital’. Esto era un envió del cielo”. Joy Division caería como anillo al dedo para sus experimentaciones sónicas.  
Hannet, hizo grabar la batería de Morris, pieza por pieza.
Ese lado visionario de Hannet quizás era la único bueno que tenía y que realmente valía la pena de su persona, pues era un tipo difícil y déspota con los músicos, capaz de generar los sentimientos más encontrados. Peter Hook lo recuerda así “Trabajar con Martin en el Strawberry fue mejor porque podías largarte de él… El problema fue que él asumía que solo éramos un puñado de idiotas, que solo existía por la gracia de él. Ahora sé que se ponía así por el efecto de las drogas. Derek BrandWood siempre decía que ninguna banda pasaría una semana con Martin HannettA él le gustaba todo lo que sea atrevido. El era malévolo, pero un genio”.
Una de sus “víctimas” fue el baterista Stephen Morris, a quien en su afán de exigir una “separación de sonidos” totalmente limpia y clara-sin filtraciones del sonido del ambiente- le hizo “desmantelar” toda su batería, para grabar por separado cada una de sus partes (el redoblante, el bombo, el hit-hat), haciendo que el proceso de grabación fuese más largo y sin fluidez, pues la manera normal de tocar la batería es con todas sus partes a la vez. Morris terminaría con las piernas llenas de moretones, producto de golpeárselas silenciosamente con las palmas para ayudarse como una simulación del acompañamiento del resto de las partes de la batería mientras cumplía con la sesión grabación. Gracias a la tiranía de Hannet, Stephen Morris se convertiría prácticamente en una caja de ritmos humana.  En otra ocasión porque Hannet manifestó que había vibración indeseable le pidió a Morris que desarmara la batería. “Martin estaba siempre buscando por alguna cosa” recuerda Hooky; “él solía decir: ‘esta canción necesita algo más y te largaba’. Nunca sabías que diablos tú estabas haciendo. Él escucharía algunas veces, y aún te consultaría, pero nunca admitiría que alguien estaba en lo correcto” cuenta Stephen Morris.
La tortura psicológica resultaba estimulante para Hannet. Algunas veces solía dormir debajo de la consola de mezcla solo para crear pánico entre los músicos y después imponerles su voluntad, logrando alterar y poner furiosos a los músicos.
El principal artífice del sonido del álbum debut de Joy Division
Con la finalidad de que los músicos no lo molestaran en el proceso de mezcla, ponía el aire acondicionado a temperaturas de extremado frío, que solo él podía soportar, utilizando la excusa que lo hacía por la diabetes del ingeniero de sonido Chris Nagle. Aprovechando la ausencia de los músicos, Hannet utilizó el Marshall Time Modulator para extinguir deliberadamente las guitarras y el bajo, privilegiando las voces de Ian Curtis y la batería de Stephen Morris con delay y reverb. Para las voces de Ian en “Insight”, Hannett grabó la voz del cantante bajo una línea de teléfono para alcanzar el requisito de la distancia, “los arreglos fueron sólo reforzamiento de ideas básicas” diría el productor; la idea era tratar “hacer aparente, todo lo que rodeaba. Alcanzar algo de su potencial”.
La expectativa de la banda sobre el resultado final del álbum era grande, Hooky había sentido “rockeaban” mientras grababan, esperaban que el registro replicara el sonido del grupo en sus conciertos. Sin embargo se llevarían una gran sorpresa.
Hooky y yo lo detestamos en un inicioLa música era dura y pesada y sentimos que Martin lo había tirado abajo, especialmente con las guitarras, sacando fuera elementos estridentes y más bien amansándolos. La producción de Martin influyó en la oscuridad del álbum. Dibujábamos una pintura en blanco y negro y él la coloreo por nosotros. Pero Rob lo amaba, y Wilson la amo, y la prensa la amo, y el público la amo, tanto, que nosotros sólo fuimos los pobres estúpidos músicos que la escribieron!” recuerda Sumner.
Morris, Hook, Curtis y Bernard
Mientras que Peter Hook confesaría “No podía esconderles mi desaliento, esto sonaba como Pink Floyd. Ahora pienso que Martin estaba en lo correcto. Si hubiéramos hecho el sonido como tocábamos en vivo, no podría haber lugar para la melancolía ni la depresión”. El único que se sintió cómodo con el resultado final del álbum fue Stephen Morris quien manifestaría que “Joy Division era muy crudo en vivo. Martin desafío algo de eso. Esto no era lo que esperábamos de nosotros pero era grandioso. Era psicodélico…más negro de lo que era.”
Hannet redefinió el sonido de la banda hasta lo impensable. Agregó efectos sonoros que los músicos nunca hubiesen concebido, dándole ese sonido angustiado que caracteriza al álbum. El esplendor de la sociedad Hannet/Joy Division es sin duda “She’s Lost Control”, en las palabras del crítico Simon Reynolds, el tema es “un loop de batería mecano-disco; tom-toms que suenan como rulemanes; una línea de bajo que parece cable de acero ondeando estrictamente a tempo y unas guitarras que son como una explosión contenida, como si el único elemento verdaderamente rockero del tema hubiese sido sujetado de pies y manos.” A este comentario agregarle el majestuoso efecto fantasmal en la voz de Curtis, quien parece estuviera cantando desde ultratumba, logrando una sensación escalofriante.     
EL FATALISMO ¿EL PLACER DESCONOCIDO?
Ian Curtis, fotografía de Martin O'Neil.
El contexto que rodeó las sesiones de grabación era peculiar para Ian Curtis: había sufrido un ataque severo de epilepsia a finales de diciembre de 1978 y éstos se manifestarían con más frecuencia conforme pasaban los meses, y su hija Nathalie nacería en abril de 1979.
Ian nunca escribió nada de música pero él fue un gran orquestador…nos dio la dirección”, recuerda Bernard Summer. Curtis vivía con apasionamiento aquella etapa de la banda, que llegaría a grabar 16 canciones. Un par fueron escritas durante las sesiones de grabación, como “Candidate” que fue compuesta mientras el resto del grupo esperaba a que Ian retornara del baño, y “From Safety To Where” y “Autosuggestion” que fueron producto del jamming. Otro grupo de canciones procedían de las sesiones de Mayo del 78, pero el nuevo material mostraba una dramática perfección tanto lírica como musical.
Curtis no tenía reparos ni restricciones en plasmar en sus cuadernos de notas sus pesadillas, tormentos y preocupaciones. Como artista entendía que sus letras podían generar un cambio y de paso ser alguien. En “Interzone” transformó Manchester en una ciudad imaginaria e indeseable, un espacio donde jóvenes olvidados podrían congregarse; un cruce de vías donde podían perder o ganar su alma. En “Wilderness”, lo agobia la obsesión por sus espontáneas visiones, en “Insigth” lleva el pesar de un hombre joven a causa de sus precoces experiencias psicóticas, en “Shadowplay” yace la autopista reducida a un lóbrego transito y el centro de la ciudad donde Curtis espera a alguien que nunca llegará.
Mientras Joy Division se estaba formando como banda Ian Curtis trabajaba en un centro de rehabilitación para personas con discapacidades físicas y mentales. Esto afectaría bastante en su vida –llevándolo a pasar horas leyendo y reflexionando sobre la miseria humana- allí conocería a una chica que usualmente venía al centro para encontrar trabajo. Ella sufría de epilepsia y perdía mucho tiempo por su mal, entonces un día dejó de venir, Curtis asumió que había encontrado un empleo, pero más tarde se enteraría que había muerto, esta “anécdota” según Bernard y Deborah Curtis (la viuda de Ian) lo inspiraría a componer el tema “She’s Lost Control”.
A diferencia del Punk, que proponía largarse de lo mundano- de las noticias, de la realidad social- la voz y líricas de Curtis tenían la cualidad de buscar un intenso propósito, el monólogo interior. Sus composiciones poseían la oscuridad de la ciencia ficción de autores como William Burroughs y J.G. Ballard pero inmersas en emociones controladas por la culpa, el temor, la rabia, la claustrofobia, el disgusto, y una cuota de fatalismo.
LA PORTADA Y EL ARTE BIZARRO DE PETER SEVILLE
Un vacio negro irrumpido por unas líneas ondulantes y pendientes empinadas que se asemejan a una cordillera fue la peculiar portada que diseñó el director artístico de Factory Records, Peter Saville para la portada del primer álbum de Joy Division. La imagen, descubierta por Bernard Sumner y propuesta por Stephen Morris, corresponde a un diagrama de la Cambridge Encyclopaedia of Science, que muestra 100 espasmos lumínicos sucesivos del primer púlsar descubierto, el CP 1919.  El periodista Simon Reynolds plantea una interesante reflexión sobre la aparente relación entre Ian curtis y la carátula del disco, haciéndose la siguiente pregunta: “¿Podría haber sabido (Curtis) que los púlsares forman parte de una clase especial de cuerpos celestes conocidos como ‘estrellas de neutrones misantrópicas o aisladas’?”
Otro aspecto peculiar y original del arte del empaque, es que la cubierta posterior no presenta la lista de las canciones, éstas figuraban en el sobre interno del vinilo; las tradicionales denominaciones Lado A y Lado B, fueron reemplazadas por Outside  e Inside respectivamente.
PLACERES (RE)CONOCIDOS
Outside : El punzante bajo de Peter Hook, la bizarra guitarra de Bernard Sumner, los golpes secos de la batería de Stephen Morris van y vienen de manera ondulante entorno a la claustrofóbica voz de Ian Curtis, además de los efectos de sonidos espaciales añadidos por Hannet en “Disorder” nos introduce desde el inicio a un extraño mundo sonoro, que nos invita al desenfreno e imitar los peculiares pasos de baile de Curtis. Con “Day of The Lords” asoma un ambiente de pesadez y lamento, llegando a su clímax con esas tormentosas capas de feedback sobre el final, ni qué decir de la tortuosa interpretación vocal de Curtis y la tétrica línea de teclado que lo acompaña. El panorama se ralentiza y se vuelve aún más funesto con la pesada “Candidate”. Las lóbregas atmósferas sonoras de “Insight” son irrumpidas por el aporreo de efectos de sintetizador y otros artilugios electrónicos, logrando un efecto psicodélico en su escucha, (¡gracias Martin Hannet!). Los rarísimos efectos sonoros al principio de “New Dawn Fades” que luego dan paso a una retorcida y pesada guitarra nos conduce a un ambiente fatalista y mortuorio.
Inside: se apertura con la magistral y ya comentada “She’s Lost Control”. El esplendor de la combinación Joy Division/Hannet. El agudo bajo de Hook y la vibración progresiva de los platillos de la batería de Morris, se aúnan al pesado riffs de la guitarra de Sumner, sumergiéndonos a un ambiente siniestro en “Shadowplay”, en donde para variar la voz de Curtis resulta ideal para dibujarnos imágenes mentales de decadencia urbana y paranoia. “Wilderness” es una extrañísima pieza de rock psicodélico. Mientras que la vertiginosa y desenfrenada “Interzone” es una magnifica muestra de toda la energía que la banda podía ofrecer en sus directos, pieza musical retorcida, alucinante, ideal para maltratar el cuerpo y dejarnos llevar al compás de sus psicodélicos ambientes sonoros. Finalmente “I Remember Nothing” nos ubica en un ambiente lóbregamente cautivador, en donde se oyen de fondo fúnebres teclados y estallidos de vidrios.  
INTERZONE
8/02/79 YMCA, Prince Of Wales Conference Centre, London
Lanzado el 15 de junio de 1979  con un  presupuesto mísero, que repercutió en una escasa promoción y una edición limitada de tan solo 5 mil copias, Factory Records, dejaba en claro que sus productos no estaban hechos para los charts sino para un público abierto a nuevos sonidos, el post-punk, había llegado. Paradójicamente Unknown Pleasures alcanzó el puesto número 71 de ventas de las listas inglesas en agosto de 1980. Desde su lanzamiento el álbum recibió elogios por parte de la crítica especializada, NME lo colocó en el puesto número 3 en su lista de los mejores discos de 1979. 
Unknown Pleasures sobrepaso todas las expectativas de la banda, los catapultó a una avalancha de conciertos y presentaciones por el resto de 1979. “No podía creer el montón de trabajo que teníamos…era absolutamente increíble, sentías que todo estaba yendo bien, quería más de esto, fue la plenitud para uno mismo. Esto fue creciendo más y más” recuerda Morris. 
El progresivo éxito de Unknown Pleasures logró que la banda agrupara seguidores cada vez más obsesivos, que se comenzarán a vestirse con sobretodos grises y se expandiera su distintivo de banda de culto, el álbum debut de Joy Division marcó el punto inicial de su leyenda. Treinta y cinco años después Unknown Pleasures nos sigue cautivando con sus extraños placeres sonoros, que para muchos son conocidos.  
 

jueves, 29 de mayo de 2014

ECHO & THE BUNNYMEN: TRES DÉCADAS DEL “ÁLBUM MÁS GRANDE JAMÁS HECHO”(OCEAN RAIN)



OCEAN RAIN
ECHO & THE BUNNYMEN 
KOROVA (1984) 
Los años pasan de manera veloz y no perdonan, añoramos ciertas etapas que marcaron nuestras vidas y los tiempos adolescentes solo se pueden sentir tan cercanos  como al escuchar este atemporal álbum de nuestros héroes de Liverpool, en donde el canto épico y conmovedor de McCulloch y esos fantasmagóricos coros que lo acompañan en “My Kingdom” siguen resultando estremecedores o el romanticismo espectral de “The Killing Moon”   nos sigue introduciendo a esa enigmática atmosfera gobernada por la nostalgia y lo  tétrico. Han pasado 30 años del mejor álbum de los Bunnymen  y la sensación sigue y seguirá siendo la misma tras cada escucha de sus nueves dramáticas, épicas y sensuales piezas.
Tras Porcupine (1983) y un éxito comercial que le era esquivo, los Echo & The Bunnymen,  prosiguieron con sus exploraciones sonoras. De su intención de experimentar aún más con lo exótico (congas, marimbas, violonchelos, etc.) y la electrónica salió el single “Never Stop”.   Pero el nuevo sonido que buscaban los Bunnymen se encontraría todavía más allá de los límites conocidos, visitando nuevos terrenos musicales. Will Sergeant manifestaría al respcto “Queríamos hacer algo conceptual con una orquestación exuberante”. Ese fue el objetivo trazado por la banda para Ocean Rain.
Cierto día Ian McCulloch despertaría con un estribillo en su cabeza, bosquejó los cimientos de la canción con una guitarra acústica y se la mostró al resto de la banda, Less Pattison le agregó los compases y Will Sergeant varias capas de guitarra cargadas de vibrato, estaban creando “The Killing Moon” en el Crescent Studio de Bath (Inglaterra). El tema se terminaría de grabar en el Amazon Studio de Liverpool, con un Pete de Freitas utilizando plumillas en su set de percusión. McCulloch confesaría que “Will la llevó a otro nivel. La convirtió en un clásico” y con la “humildad” que lo caracteriza proclamaría a su creación como “lo mejor y más hermoso que hemos hecho” o en otra ocasión como “la mejor canción jamás escrita”. Y razón no le falta al buen Ian pues lograron una canción absolutamente épica, arrebatadora, embargada por un romanticismo envuelto por ambientes sonoros tétricos, siniestros y fantasmales.   
Reedición 2008, que incluye The Life At Brain´s Sessions
Con otros temas bajo el brazo como “The Yo-Yo Man”, “Seven Seas” y “Silver” hicieron maletas para París y concluir lo que sería Ocean Rain, McCulloch se quedaría fascinado con la “ciudad luz”, que sería una gran influencia para el sonido del disco que se caracterizaría por significar la transición de la banda, de ser los maestros del post-punk  para convertirse en consagrados artistas de una singular psicodelia épica, pigmentada por la oscuridad y un magistral fondo orquestal  de volátil pasión y amenaza. Sino cómo explicar temas como “Thorn Of Crowns” con Ian aullando y gimiendo en medio de la turbulencia sonora o en “The Yo-Yo Man” haciendo de crooner entre tensos sonidos acústicos y sinfónicos, sobretodos esos inquietantes violines.
Les Studio Des Dames y Studio Davout serían testigos del proceso creativo de tremenda obra de arte, con Adam Petters apoyando en los arreglos orquestales, piano y cello y una orquesta de 35 piezas, que enriquecieron cada una de las canciones, otorgándoles a las mismas cierto toque de intriga barroca, propia de obras como la del gran Scott Walker, corolario de ello la espectacular “Nocturnal Me” o los retorcidos arreglos de cuerda en “The Yo-Yo Man”. Mención a parte la excelente base rítmica que le impregnó a la obra, Pete De Freitas, uno de los mejores bateristas de la historia.
Desde el inicio del álbum, con “Silver” y sus guitarras acústicas que se entremezclan  con los violines para crear ensoñadores parajes, pasando por los frescos arreglos orientales de “Crystal Days”, las apaciguadoras cuerdas de “Seven Seas” y anclando en la vaporosa nostalgia de “Ocean Rain”, Echo & The Bunnymen exhibe un dramatismo realmente seductor, majestuoso y brillante que no volvería a mostrar. Habían logrado la perfección, no en vano Ian McCulloch alguna vez sentenció, “…Nuestro manifiesto definitivo”.  
Lo épico, banal, orquestal, romántico, psicodélico y misterioso, confluyeron para dar a luz esta obra inmortal, como lo dijo Ian Broudie (productor musical, The Flaming Lips) Ocean Rain, "capturó a una gran banda en un momento perfecto", pues en este álbum cada uno de los Bunnymen demostraron que eran unos genios.

viernes, 16 de mayo de 2014

MARISSA NADLER: NOSTALGIA QUE ENCANTA



JULY
MARISSA NADLER
BELAL UNION (2014)
Marissa Nadler reniega de la etiqueta “folk-etéreo” o “dream-folk” y hasta “fantasmagórica” con la que ha sido asociada su música, pero tras escuchar su bellísimo álbum July,  resulta difícil encontrarle otra descripción al estilo musical desarrollado por la artista en su sexta larga duración lanzada en febrero pasado, repleta de sonidos que recrean oníricos parajes. Si Julia Holter y su magnífico “Loud City Song” fue lo mejor del 2013,  la hermosa voz de la cantautora americana y la ensoñadora acústica de July   van directo a convertirse en lo mejor del 2014. Nuevamente uno de mis discos favoritos del año es concebido por una mujer. Dios las tenga en su gloria.
Y no es una exageración, pues pocas obras musicales como la realizada por Nadler pueden producir efectos tan poderosos en el ser humano.  Escuchar July se convierte en todo un acontecimiento, pues es para disfrutarlo en la soledad de nuestra habitación recostado sobre nuestra cama y contemplando la nada, en donde su música logra “dibujarnos” escenas y paisajes embargados por la ternura,  la nostalgia, la tristeza, el romance, el fracaso y otros sentimiento similares por los que ha transitado nuestra existencia. En donde la voz y la música de Marissa Nadler resulta semejante al consolador regazo de una madre cuando albergaba  nuestros lamentos, llantos y crujir de dientes pero que sabíamos no solucionaban  los problemas pero si nos ofrecían resignación y esperanza de que las cosas mejorarán.
Natural de Massachusetts pero ahora radicada en Boston, Marissa Rachael Nadler, no es una advenediza ni su obra reducida, el pasado 5 de abril cumplió sus 33 años y su actividad musical se remonta al 2000, teniendo cinco álbumes como antecesores a July : Ballads of Living and Dying (2004) , The Saga of Mayflower May (2005),  Songs III: Bird On The Water (2007), Little Hells (2009) y Marissa Nadler (2011) lanzado bajo su propio sello discográfico. Además de un número considerable de EPs en su haber. Entre sus influencias destaca la obra del gran Edgar Allan Poe y la música de Leornard Cohen y Joni Mitchell. A pesar de su respetable producción su carrera ha sido caracterizada por el silencio comercial en contraste con el aplauso recibido por parte de la crítica especializada. Y es que Marissa Nadler es sin temor a equivocarme la mejor artista folk de los últimos años y una de las mejores voces del planeta.
Hija de una artista de pintura abstracta, Marissa durante su adolescencia compondría algunas piezas musicales, pero consideraba a la música como un hobby y siguiendo los pasos de su madre estudiaría pintura en la Rhode Island School of Design, donde obtuvo el grado de Bachiller  en el 2003 y obtendría un Master’s degree al año siguiente. Es más tras la salida de su epónimo quinto álbum Marissa Nadler había decidido dejar por completo la música, hasta vendió sus instrumentos, dedicándose a ser maestra en una escuela de pintura pero la gente de Sacred Bones Records la convenció de continuar con la música. Todo ese bagaje plástico Marissa Nadler lo ha volcado a su música, pues  tras escuchar July uno llega a la conclusión de que se trata de una obra de arte, en donde Nadler nos pinta nostálgicos paisajes.
En esta ocasión a Marissa parece no importarle mostrarnos su lado más frágil y vulnerable, derrochando una honestidad extraída de las profundidades más turbias de su alma, retratándonos con sus letras escenas tan trágicas pero comunes de la vida como el desamor, la ruptura amorosa,  la desolación, y una ciudad sumida en la rutina de sus habitantes por la que atraviesa y canta con melancolía, desesperanza y algunas veces de manera fantasmagórica sus propios recuerdos, apoyados por sonoridades de añejo folk.
July  posee un sonido gris pues trasmite las emociones de las diversas vicisitudes de la vida, rescatando la belleza que podemos encontrar en cada una de ellas a pesar de lo adversas que sean. Esas que  a veces las lágrimas nos impiden contemplar. El verdadero amor, aquel que no es dominado por la fantasía sino  que está dispuesto a aceptar la realidad y a tomar las cosas con resignación. Aunque parece contarnos parte de nuestra historia, Marissa ensaya una suerte de catarsis para liberarse de sus penas amorosas ocurridas un 4 de julio (“Firecrackers”), por ello el título del disco, que fue grabado en Seattle y producido por Randall Dunn reconocido por sus trabajos con bandas de doom y black metal,  otorgándole ese ambiente sonoro grisáceo que predomina en la obra.   
Desde el inicio las delicadas y ensoñadoras cuerdas acústicas de “Drive” nos introducen a un mundo introspectivo, íntimo, que a la vez nos resulta familiar pues solo es conocido por nosotros, ambientado por nostálgicas melodías y voces fantasmales que escarban en nuestros recuerdos más profundos, y donde la pedal steel guitar irrumpe para esparcir rasgos sombríos. Luego en  “1923” sus oscuras cuerdas y sonidos crean una atmosfera vaporosa, que nos trae a la memoria parte de la obra del gran Leonard Cohen. Un esplendido soundtrack para un largo viaje mirando por la ventana los paisajes de la carretera, extrañando y torturándonos con aquello que hemos dejado atrás.
La hermosísima voz de Marissa  se vuelve omnipresente en Firecrackers”, dejando relegada la instrumentación en un segundo plano, situándonos en medio del lamento en pleno sunset, otra vez añorando aquello que nunca volverá.  Mientras que en la tierna “We are Coming Back” la cantautora halla solaz en su hogar de infancia.
Los primeros acordes de las cuerdas acústicas, acompañando la voz de Marissa van creando una imperceptible sensación ascendente tras la introducción del ensoñador sintetizador en la espectral “Dead City Emily”, logrando un ambiente sonoro ideal para un árido paisaje. Sigue “Was It A Dream” que se convierte quizás en el tema menos minimalista del álbum, dando paso a un mayor protagonismo instrumental. En  “I’ve Got Your Name” la Nadler  explora otras texturas sonoras alejadas a las ambientaciones grises del resto del álbum, mostrando mayor cercanía con el R & B, gracias a su voz y al acompañamiento de piano, pero sin perder esa aura introspectiva de July. 
La densa “Desire”, es una sutil pieza que poco a poco nos va alojando en un imperceptible y glacial in crescendo, de apacibles ambientes. En “Anyone Else”  sus cíclicas cuerdas resultan hipnóticas y los coros de Nadler colindan con el más allá. Nuevamente los sonidos provenientes del nailon y la madera crean taciturnos paisajes  en “Holiday In”. Finalmente  Nothing In  My Heart” nos causa esa horrible pero atractiva sensación de vacío que muchas veces hemos experimentado en el pecho, con esto Marissa nos anuncia la triste despedida de este apesadumbrado álbum, con una desesperanzadora voz acompañada por un apenado piano. El adiós perfecto para este fantástico, bello y delicado disco, el último resplandor del atardecer, el colofón idóneo para lo que ha significado disfrutar este trabajo: una travesía por nuestros recuerdos, de la que Marissa gracias a su hermosa voz y onírica música nos ha hecho volver a contemplarlos.
Finalmente, la portada del álbum refleja a la perfección el concepto del mismo, a pesar de lo oscuro del pasado y de lo que aún puede parecer el  presente, existe un futuro radiante aunque este no sea por ahora tan claro para nosotros. Espero con gran ansiedad los trabajos venideros de Marissa y que sigan alumbrando el camino por delante.   

Nuestra primera aventura en You Tube

Regresamos a blogger para compartir nuestra primera aventura en Youtube. Esperamos la sigas...