La cuarta entrega sonora de Alejandra Cárdenas, Ale
Hop, nos lleva a terrenos aún más abstractos y complejos que los explorados en “Bodiless”
(2018), demostrando que su arriesgada placa solo fue el principio de un sendero
cada vez más ambicioso, atrevido y sin límites, cuya música resulta
indescifrable y, donde solamente nos queda intentar explicarla.
En nuestra última conversación con Alejandra, a raíz
de su anterior trabajo, la artista nos comentaba que había “construido los ‘tracks’ como quien [edifica] el diseño sonoro de una
película”. Para esta nueva aventura, Cárdenas parte de la misma premisa,
pues como manifiesta el “press kit” del LP, este “sugiere paisajes posibles y reinventados. Junto con grabaciones de
campo y guitarras eléctricas atmosféricas, la compositora peruana entrelaza
territorios desconocidos, imitando las reverberaciones de montañas y océanos,
pero también cielos grises y ciudades violentas, con texturas de guitarras
eléctricas mezcladas con ocasionales textos hablados que nos remiten al diseño
sonoro de una película”.
Si bien el punto de impulso de este disco es similar
al anterior, los resultados son notablemente diferentes y más halagadores, pues
la exploración sónica emprendida por Ale, ha ido más allá de lo esperado, su experimentación
con las cuerdas y la multiplicidad de sonidos que ha logrado arrancar de estas,
atestiguan de una labor esmerada e intensa con su guitarra, teniendo como apoyo
sus aparatos electrónicos. Tales ensayos, demuestran influencias del lado más “avant-garde”
de Sonic Youth o Jim O'Rourke, quien también llegó a ser parte de los neoyorquinos.
Sonidos metálicos imitando gotas de agua, resuenan en
medio de una ambientación inhóspita, tornándose cada vez más misteriosa para
rozar con lo claustrofóbico se dejan escuchar en la inicial “Augury” que, por sus
acepciones, bien podría tratarse del intento de plasmar la representación
sonora del presagio o simplemente el proceso de depuración de aplicaciones.
Sigue “Side Effects”, la primera descarga visceral de ruido, de
características, llamémosle visual, para recrear ambientes desconcertantes, con
Ale susurrando, hablando robóticamente desde alguna base espacial o seduciéndonos
maquiavélicamente, por momentos perturbándonos hasta rozar con lo macabro.
En “El Beso”, una serie de percusiones y ruidos inclasificables,
surgen sigilosamente de manera espontánea, para replicarse y retorcerse sobre una
marea de enrarecidas sonoridades, combinándose con inquietantes golpes de lúdico
casiotone o consola de Attari. Mientras que en “Lima”, tras un prolongado preámbulo
de sonoridades misteriosas, Ale desata una agresividad maquinal dispuesta a
volarnos los sesos, para que divaguemos por los terrenos del caos, que solo aquella
megalópolis capitalina es capaz de ofrecernos, lográndonos revisitar episodios
perdidos en el subconsciente, durante nuestros periplos por la Ciudad de los Reyes
a lo largo de nuestras vidas.
Ruidismo ambiental, “adornado” con voces
desconcertantes, da paso al inicio de la segunda parte de la obra con “Onomatopoeia”,
pieza en la que también se suceden ruidos tenebrosos, enigmáticos y hasta acuáticos.
Luego en “Puñales”, Ale adopta la progresión de cuerdas del yaraví ecuatoriano
del mismo nombre compuesto por Ulpiano Benitez, para situarlas entre la
disonancia y la calidez. Prosigue “Apophenia (Cielo Azul)”, pista que da nombre
al álbum y que se caracteriza por su ensordecedora e irritante sonoridad, cuyos
chirridos y tratamientos aleatorios, sintetiza el plan de Hop para su registro.
Finalmente, una sucesión de sonidos maquinales, frecuencias que nos se hallan
entre sí, “feedbacks” y sonoridad mutante que aparentemente buscan engranarse,
comienzan a encontrar “armonía” y fluir para estrellarse con otro desfile de
suciedad sonora en “Marches”.
Definitivamente estamos ante un disco complejo, quizás
a primera escucha hasta parezca indigerible, pero valdrá la pena ir degustándolo
una y otra vez, para ir descubriendo los voluminosos detalles con la que Ale
Hop ha esculpido su audaz obra, atributo que nadie puede negarlo.
“…He
construido los ‘tracks’ como quien construye el diseño sonoro de una película”
Foto: Brayan Flores
Bodiless es sin duda alguna la obra más abstracta
de Ale Hop. Donde uno queda cautivado por la multiplicidad de enrarecidos sonidos
que desfilan espontáneamente de principio a fin, cuyos “tracks” dibujan
bizarros paisajes caracterizados por la tensión y el pavor. Conversamos con la
innovadora artista sobre su inspiración y conceptos plasmados en su nuevo acto
sonoro. De otro lado, conocimos sobre sus orígenes y admiración por personajes
de la escena local, como el fenecido Leonardo Bacteria o el músico electrónico Dante
Gonzáles. Aquí nuestra asincrónica charla con Ale, quien gentilmente nos
atendió desde Berlín.
Antes de Las Amigas de Nadie, fuiste por
una temporada parte de Pestaña, un proyecto electrónico distante de la música
que ahora desarrollas. ¿Cuáles son tus recuerdos de esa experiencia y qué
rescatas de la misma?
Todo
fue muy fortuito. Casualmente asistí al concierto despedida de Insumisión, el
proyecto de Leo Bacteria anterior a Pestaña. Ya me había cruzado antes con su
música, pero no le había prestado atención. Me impactó la visceralidad de su
performance, retorciéndose y gritando en el suelo de un bar del centro de Lima.
Me acerqué al final del show y me presenté, y desde entonces mantuvimos contacto.
Tiempo después lo invité a mi fiesta de cumpleaños y tras confesarle mi
admiración por su performance él me invitó a tocar la guitarra en su banda
Pestaña. Eso fue hace doce años. Aprendí de Leo y del tecladista en ese
entonces, Dante Gonzales, más que del proyecto Pestaña en sí. Leo me enseñó a
samplear “beats” de la manera más precaria en el editor de audio más básico de
todos, en una Pentium4. Su forma de concebir la música de hecho ejerció cierta
influencia en mí. Por otro lado, Dante Gonzales, es uno de los músicos más
honestos y constantes con los cuales he compartido banda. Recomiendo escuchar
su proyecto solista.
¿Cómo llegas a ser parte de la Red Bull Music
Academy?
Bueno
ellos tienen programas de residencias musicales. Yo postulé en el 2012 y asistí
en el 2013 a su programa en Nueva York. Si no me equivoco, cada dos años abren
convocatorias. Me animé a participar porque varios peruanos habían ganado y
decidí probar mi suerte con mi proyecto solista que recién estaba en
incubación.
Luego de la separación de las Amigas de
Nadie y el lanzamiento de Pangea
(2015) te vas vivir a Berlín. ¿Qué factores influyeron en esa decisión?
En realidad,
decidí irme a vivir a Berlín en 2013, pero me demoré dos años en ahorrar el
dinero suficiente para hacerlo. Las Amigas de Nadie era un proyecto
insostenible porque no nos llevábamos bien y tenía ganas de tomar otro rumbo.
El lanzamiento de mi álbum Pangeafue porque me parecía
importante como documento de mis últimos años en Lima.
En tu primer disco, La Guerra Invisible (2013), destacan el empleo de guitarras “noise”
en temas como “All Beast Must Die” y “La Guerra Invisible”, hasta arreglos electroacústicos
como en “Autopsia 2025”, aunque ya trabajabas con bases programadas y cajas de
ritmo, sin embargo, noto que cada vez le das menos presencia a las cuerdas en
tus obras. ¿Cómo ha sido la evolución de tu música e instrumentación en tus
diversos registros?
Creo
que las cuerdas no tienen menos presencia. Lo que pasa es que hay menos riffs
rockeros. Las guitarras de mi último álbum se han vuelto más etéreas y
ambientales, y se han fusionado más con las texturas electrónicas. La
instrumentación sigue siendo la misma: guitarra, voz, “beats” y sonidos
electrónicos. Lo que ha cambiado es la intención y la forma.
Pangea (2015) fue un proyecto muy ambicioso, pues
se trataba de un DVD-álbum. ¿Cómo te fue, conseguiste los objetivos planteados con
el mismo?
Llevaba
tres años con mi proyecto solista, que comenzó muy tímidamente, abriendo
conciertos en bares de Lima de bandas amigas. Sentí que lo que estaba haciendo
por fin empezaba a cuajar y tenía que lanzar un álbum contundente y ambicioso.
Así me embarqué en Pangea, un álbum de once canciones en el que cada canción tiene
un videoclip. Me demoré seis meses en grabar las once canciones y un año y
medio en producir las piezas audiovisuales con diversos directores y
realizadores. Sí, creo que conseguí lo que quería, y me encuentro hasta ahora
muy agradecida a las más de cien personas que ayudaron a concebirlo.
En Bodiless
los ambientes son más tensos e intrigantes que sus antecesores. ¿Por qué esa
orientación hacia sonoridades misteriosas y enigmáticas? ¿Cuáles son las
influencias de este nuevo trabajo? ¿Tu nueva vida en Alemania ha influido en
ella?
Foto: Juan Pablo Murrugarra
En Bodiless
los procesos de música electrónica son más complejos que en mis trabajos
anteriores. Ya no se trata de un “beat”, un teclado, una guitarra y una voz.
Son decenas de capas de sonidos por cada pieza. No sé si esto lo hace más
misterioso, pero me imagino que la instrumentación es más irreconocible. Hay
tres influencias importantes en el álbum. Primero, que no he pensado en el
formato canción, he construido los “tracks” como quien construye el diseño
sonoro de una película, creando paisajes sonoros, efectos especiales y momentos
de tensión cinematográfica. La segunda influencia relevante está en la
narrativa y en las voces inspiradas en el género Radio Drama. Hay tres
canciones en las que ellos se hace totalmente evidente: “Migration Data”, “Bodiless,
Pt. III (Cosmic Ocean)” y “Bodiless,
Pt I (Matter and Resistance)”.La
palabra es la base sobre la cual se construye la forma musical, y no al revés.
Y por último destacaría la sinestesia. Lo visual para mi está muy presente en
este álbum, tanto como en Pangea, quizás no es tan evidente
como tener un videoclip para cada tema, pero todos los “tracks” se construyen
con imágenes como punto referencial. En cada canción he tenido una contraparte
visual en mente. Incluso a dos “tracks” les incluí la extensión “.jpg”, porque
están inspirados en fotografías que existen en una carpeta en mi computadora.
El título del registro se replica en tres
pistas del mismo, a manera de episodios. ¿Es Bodiless un álbum conceptual?
No es
un álbum conceptual. Sin embargo, esas tres canciones que llevan el mismo
nombre en un comienzo eran una sola. La compuse ad hoc para una performance en
una exposición de arte sonoro, en el cual el tema de la muestra giraba
alrededor de un concepto griego, sobre un espacio que no tiene características
en sí mismo y que no puede contener de manera permanente nada más que medios
sin cuerpo (bodiless) y efímeros. Compuse “Bodiless”, una pieza que en un
principio duraba 15 minutos, acompañada de un videoclip que yo misma hice, y
que trataba de entender el tema del sonido en el espacio sin cuerpo desde la
memoria. Y la memoria musicalmente la quise retratar a través de la
reverberación y el “sampler”.
En medio de sonoridades bizarras, que
predominan a lo largo del registro, surge un tema de corte “dance” como “As You
Seek Faintly The Shore”. ¿Ya lo tenías preparado o salió de manera espontánea
durante la grabación del álbum? ¿Cómo decides incluirlo?
Por
ahí alguien posteo que es la única canción digerible del álbum, ja,ja,ja. Tenía
ganas de componer un tema pop y tenía esa letra, que escribí a raíz de una
relación fallida. Quería hacer un tema de amor y ese fue el resultado. Me
cuestioné varios días sobre si incluirla en el álbum y al final lo hice. Y me
alegra, es un rayo de luz en medio de la tensión.
En “The Way Of Love” (2017), disco que
trabajaste con Ignacio Briceño, empleas las voces de William Burroughs para el
corte final, “Advertencia”. En Bodiless
cierras con “therubberboom.jpg”, ensayando nuevamente esa fórmula. En esta
ocasión, ¿a quién escuchamos?
En
"therubberboom.jpg" la voz sampleada proviene de un Radio Drama,
"La damisela en apuros", del programa radial "Box 13"
narrado por el actor Alan Ladd. Por cierto, en mi EP de 2013 La Guerra
Invisible, en el tema "La guerra invisible ft. Dante Droid" también
uso el mismo recurso. Tiene una voz sampleada de una emisión radial de la
segunda guerra mundial.
Foto: Raúl García
Escuchando tu disco, observo que posee
atractivos pasajes de experimentación como el final maquinal y disonante de “Bodiless,
part I (Matter And Resistance)”, los vigorosos “loops” y “beats” de “Today” o
los extraños paisajes sonoros de “Home”. ¿Crees que estamos ante el trabajo más
experimental de tu carrera?
No me
gusta mucho repetir la palabra experimental hasta el agotamiento, preferiría
decir que es un trabajo exploratorio.
Cuéntanos sobre tus próximos proyectos
Planeo
una gira por Europa para promocionar mi nuevo álbum. Si todo va bien la realizaré
entre julio y agosto de 2018.
RESEÑA
BODILESS
ALE
HOP
Buh Records
(2018)
Mejor
elección, no pudo tener Ale Hop para la elección del nombre de su nuevo trabajo
(presentado en formato casete), pues en esta aventura musical, su obra luce más
abstracta que nunca. Bodiless es el resultado de la
sumatoria de ruidos, diversas sonoridades y artefactos electrónicos, aún golpes
sintéticos de rasgos EBM, que fluyen espontáneamente a través del hilo
conductor en que se convierte su extraña interpretación vocal a lo largo del
registro, donde el oyente no encontrará armonía sino simplemente un menú de
sonidos para degustar.
Ale
explora a más no poder con las múltiples posibilidades que le ofrece sus
artilugios electrónicos, concibiendo sendas pistas (totalmente alejadas del
formato canción) que recrean ambientes surrealistas, bizarros y enajenados. Desde
el saque, el desconcierto se apodera de nuestro ser ante el caos sonoro que
impera en la extensa “Bodiless, Pt. I (Matter And Resistence)”, desfilando
procesadas capas sintéticas, enigmáticos sintetizadores, voces que nos
escarapelan la piel y otras sonoridades que lucen transgresoras, hechizadas e
inconexas que buscan confabularse de manera anárquica, hasta concluir con un final
perturbador merced a su maquinal instrumentación.
Bodiless - casete disponible vía Buh Records
El
descontrol o mejor dicho la naturalidad con las que transitan los peculiares
ruidos y sonidos, como si quisieran succionarse uno al otro en “Today”,
acompañados por riffs de guitarras y enmarañadas secuencias electrónicas,
resulta pavoroso. Además de sacudirnos los sentidos con sus contundentes
descargas de “loops”.Sigue “Migration
Data”, cuyas sonoridades cibernéticas, evocando añeja tecnología, entre la que destaca
la de un Atari, se suceden de manera improvisada en medio de atmosferas
misteriosas.
En medio
de este festín de ambientaciones experimentales, irrumpe la única pieza
“convencional” de la obra, “As You Seek Faintly the Shore”, una correcta pista
“synth-pop”, cuyas sonoridades “new wave” nos enamoraron y narcotizaron desde
la primera vez que la escuchamos, además de las ensoñadoras voces que ensaya
Hop, pero el tema pese a su trazo embelesador mantiene ese bizarro sello con el
que Ale firma sus obras, demás está decir que su sonido nos inca los nervios de
las piernas en para ensayar pasos de baile. Luego, Ale interpreta angustiosas
onomatopeyas y lamentos para su dolorosa “Bodiless, Pt. III (Cosmic Ocean)”,
así como monólogos en medio de compactas percusiones. En la paisajista “Home.jpg”,
explora con los teclados en pos de una marcha inconexa.
Foto: GPB
La rarísima
“Bodiless, Pt. II (Ritual Vs. Indiscriminate Felling), nos ofrece un abanico
sonoro, donde desfilan desordenadamente timbres, palos de lluvia, casiotones, guitarras
sampleadas y atronadores “loops”. Mientras que en “Therubberboom.jpg” apela a
recursos técnicos empleados en anteriores obras, como su trabajo colaborativo
con Ignacio Briceño para el tema “Advertencia”, al trasladar voces grabadas
sobre exploraciones sonoras. En esta ocasión se dejan escuchar ligeramente
violines, junto a “loops” y “beats”, intentando ensayar armonía en medio de lo
inhóspito. Cierra, “You”, donde la voz de Ale incursiona en medio de atmosferas
impregnadas de misticismo.
Sin
duda, estamos ante el episodio sonoro más extremo de la carrera de Ale Hop, cuya
riqueza reposa en su complejidad, cualidad que resulta adictiva a lo largo de sus
temas. Si este acto de pop-abstracto fuese presentado por algún personaje
sonoro del primer mundo, seguramente muchos lo aclamarían y sería mentado en
todo lugar, de la misma forma anhelamos que este trabajo sea tratado con la camarería
y objetividad que se merece.
Tras escuchar y ver este
ambicioso, arriesgado, innovador, vanguardista e inédito proyecto audiovisual,
dirigido por la talentosa artista experimental Alejandra Cárdenas, bajo el nombre
de Ale Hop, me resultaba complejo encontrarle una palabra que pueda resumirlo,
hasta que ubiqué extraordinario, cuya
definición dice “algo que es poco común, sale fuera del orden o regla general o
sucede rara vez. Que es mejor o mayor que lo ordinario”, y efectivamente eso es
Pangea,
una producción sui géneris en nuestra patria.
Este video-disco de
once canciones compuestas, grabadas y masterizadas por Ale Hop, descrito por ella
misma como un “film antológico”, ideado para que cada canción contara con un
video donde los realizadores pudieran hacer lo que quisieran, inicialmente fue
concebido como una película de animación hasta que fue transformándose en un
colectivo que agrupó gente que hiciera collage, ilustraciones y especialistas
en audiovisuales como Tilsa Otta, Héctor Delgado, Muriel Holguín, Dana Bonilla,
Miqy de la Barra, Trinidad y el Estudio Famas.
Alejandra Cárdenas desde
pequeña siempre fue una exploradora musical, aprendió a tocar piano, batería,
flauta, pero el instrumento que cambió su vida fue la guitarra, pues con ésta
comenzó a crear sus propias composiciones, dejando de lado el seguir partituras.
Ale también era una asidua compradora de revistas de guitarra donde aprendió diversos
acordes, luego conocería amistades con la misma pasión e intereses en formar
proyectos musicales, hasta llegar a Las Amigas de Nadie, con quienes lanzó tres
álbumes, Cápsula (2011), Sincronía (2012) y Human
Dress (2014) y como solista, su
anterior EP La Guerra invisible (2013). La artista suele grabar todo en su hogar,
donde dispone de equipos caseros, que le permiten registrar oportunamente sus
múltiples momentos de inspiración.
Tarjetas conteniendo las fichas técnicas de cada vídeo
Pangea partió de ideas abandonadas
por varios meses, pero a las que Hop decidió finalmente darles con fuerza y terminarlas
casi en una semana, requiriendo su mayor esfuerzo, el proceso de producción y
mezcla, pues conseguir el sonido ideal no fue una tarea fácil para la
artista, cuyas sonoridades exploran diversos géneros, que van desde el rock,
pasando por el post-punk, ambient, trip-hop, noise hasta llegar al pop. En declaraciones a un
medio local Hop ha manifestado que Pangea “...es un paso hacia adelante”
en su carrera.
Resulta imposible
comentar este disco separando la parte musical de la visual, así que comencemos
desde el principio. Las imágenes de unas mojas haciendo una plegaria previa a
un evento para luego verlas desfilar patinando en hilera alineándose para una
confrontación de un abstracto juego, es realmente impactante y surreal en “No
Sol”, la sugestiva ambientación creada por sus siniestras cuerdas, loops, beats
y los enajenados gemidos de la Hop (un instrumento más a lo largo de la
canción), estallan en una compacta masa de distorsión cuando la supuesta
arbitro marca la señal de inicio del partido, logrando un instante sensacional,
donde el sonido se nos introduce a la piel, transportándonos a placer por su
bizarra atmosfera, mientras observamos como las religiosas comparten una
andanada de golpes. El corto fue realizado por Trinidad, equipo conformado por
las realizadoras Andrea Martorellet, Blanca Martínez López y Ximm Valdivia. Sin
duda el mejor track y video del disco.
Sigue “Lext lovers”,
que fue la primera canción compuesta del disco, en abril del 2013, grabada con
su compañero de pasantía de la Red Bull Music Academy, Jimi Nxir. Ale le
propuso interpretarla pues no tenía voz, sus sonidos son minimalistas e
introspectivos, cuyas percusiones crean sensaciones claustrofóbicas mientras
que la interpretación de Nxir resulta intimista, adquiriendo el tema aires
trip-hop. El video fue realizado por la gente de Famas. Prosigue “Hey Girl”,
cuyo adictivo riff sigue su secuencia cíclica hasta el final, arrancándonos algunos
pasos de baile. Me resulta imposible no dejar de pensar en Björk tanto por lo
musical como por lo visual al disfrutar de este track, donde se observa la imagen
de Hop descomponiéndose a través de diversos cuadros, percibiéndose leves reminiscencias
al video de “Hunter” o “Pagan Poetry” de
la islandesa. El filme fue dirigido por la propia Ale Hop.
La breve “Away” cuyas
cristalinas sonoridades ambient, entrelazándose con la onírica voz de Muriel Holguín,
quien también dirigió el video, sirven de perfecto conducto para que a través
de ellas, líneas blancas viajen sobre fondos negros descubriendo paisajes cotidianos, consiguiendo otra joya del disco.
Prosigue “Devil Knows Best”, video dirigido por Miqy de la Barra, mostrando imágenes
de un niño, un adulto, una mujer mayor y un juguete siendo “¿purificados por
fuego?”, limpiándolos de sus recuerdos,
causando finalmente que el rostro de los protagonistas se torné en gozo;
musicalmente sus guitarras y atmosféricas voces replicando el título del tema,
acompañadas por etéreos tambores que van
poblando el espacio, nos llevan hacia la catarsis. “Dopamine” es una pieza
instrumental de extrañas sonoridades ambient, noise y psicodélicas en el
estricto sentido de la palabra, cuya música se compuso sobre el video ya
terminado de Héctor Delgado, quien también le puso el título a la canción.
La bellísima “Catedral”,
a parte de su majestuosa y envolvente sonoridad
yace su poder hipnótico en la ensoñadora interpretación de Trinidad Carrillo
de Pentapolar Birds, mientras hace
delirar nuestro subconsciente, podemos observar diversos bustos que van deformándose
a través de animaciones en 3D, creadas por la propia Ale Hop. El tema se grabó
cuando Trinidad, quien radica en Suecia, estuvo por Lima y en menos de media
hora se obtuvo esta pieza. En “All I Became” cuyo video también fue realizado
por Ale Hop, se deja escuchar las enrarecidas voces de Ale adquiriendo
dimensiones corales, así como ciertas sonoridades jazzísticas, que conforme va
avanzando se torna más tierna, hasta que la voz de Ale se vuelve delicadísima.
La cortísima “I Hate
Myself (Probably Commit Suicide)” cuyo crudo nombre nada tiene que ver con su música,
a pesar de su ruidoso inicio plagado por feedbacks, se va mutando hasta
derramar una serie de sonidos indescifrables y voces ininteligibles que calzan
perfectamente con las tomas de un grupo de gente ensayando un paso de baile típico,
en la plaza de Aquismon en México. Sencillamente alucinante. Este tema pertenece
a una serie de canciones que fueron rechazadas, en el trabajo de producción de
jingles comerciales que tiene Ale. El video fue realizado por Tilsa Otta.
Hasta que llegamos a
“Turn Me Up”, un video de Dana Bonilla realizado el 2010, pero que halló lugar
en Pangea,
donde se observa a dos jóvenes en primer plano saciándose al comer frutas. Se trata del corte más noise del disco, cuyas volátiles distorsiones crean sugestivas
capas sonoras que se van repitiéndose hasta su cierre. Finalmente “End Song” es
la pieza más electrónica, motivadora y colorida de la obra, y sirve para
proyectar los créditos de la misma. Ha sido una experiencia excepcional y
fantástica la de observar esta obra de arte, única en su especie como lo
señalamos al inicio. Puntos aparte para su atractivo pack, conteniendo un sustancioso booklet con información del trabajo y tarjetas ilustrativas de cada uno de los vídeos y sus respectivas fichas técnicas.
Por ahora Ale Hop radica
en Berlin y tiene planificado dos nuevas producciones para el próximo año, un
nuevo LP y un EP, pero todavía sin fecha de lanzamiento. ¿Será Pangea
la fuente de la que beberá las futuras producciones de Hop? Probablemente. Lo
que sí nos queda claro es que esta producción marcará un hito en la historia
musical del Perú, formando parte de aquellos discos selectos e irrepetibles, que
a mi gusto son puntos de referencia obligados para comprender su evolución.
Narcosis con su Primera Dosis en los 80s, El Aire con su epónimo debut en los
90s y su disco triple en los dos miles, el de Electro Z cerrando los 90s y
ahora este video-disco, enseñando al resto el camino a seguir y que las utopías
musicales pueden ser posibles.