viernes, 28 de marzo de 2014

SNOWBIRD: EMPATÍA MUSICAL BAJO LA LUNA VÍA MAIL



MOON
SNOWBIRD
BELLA UNION (2014)
Empatía, palabra tan mentada y necesaria en nuestros días, es descrita como un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra. En la antigüedad Aristóteles  afirmaba que el ser humano sentía la necesidad de juntarse con otros semejantes para poder realizarse como tal. Es así que este sentimiento se vuelve vital en las relaciones humanas, y llevándolo al ámbito musical concibe actos sonoros tan maravillosos como Snowbird, proyecto conformado por el ex Cocteau Twins Simon Raymonde y la extraordinaria voz de Stephanie  Dosen quienes a través de su esplendido álbum debut  Moon plasman bellas y conmovedoras melodías. Antes de la salida del álbum Raymonde había puesto la voz de alerta: “sería raro que no les haga acordar a Cocteau Twins.”
Cuando Cocteau Twins dejó de existir, durante muchos años solo nos quedó consolamos con las remasterizaciones de sus obras y compilados. Ante la sequía de artistas de similar calibre, nos cae como una refrescante y revitalizadora gota de agua  este álbum de once extraordinarias canciones nacidas de la empatía musical, Raymonde confirma este postulado al señalar lo siguiente sobre su compañera sónica: “Ella es una cantante muy especial y siento que la simpleza de mi música fue el fondo  perfecto para sus historias y su increíble arreglos vocales…Stephanie fue la primera cantante con quien trabaje desde Elizabeth Fraser (Cocteau Twins) con la que realmente tenía empatía musical.”
“NUNCA INTENTÉ QUE COCTEAU TWINS SEA MI ÚLTIMA BANDA” Simon Raymonde
Después de haber sacado sus discos con 4AD los Cocteau Twins Robin Guthrie y Simon Raymonde decidieron formar su propio sello, Bella Union en 1997, convirtiéndose en una de las principales responsables de la difusión de los proyectos más interesantes de la escena independiente como Dirty Three, Fleet foxes, The Czars, Beach House, Wild Nothing, así como los discos solistas de John Grant, entre otros. Volviendo a los orígenes de Bella Union, ésta continúo a pesar de la separación del trío escocés y la posterior partida de Guthrie de  la discográfica en el 2000, dejando a Raymonde en la dirección completa del sello.
El último trabajo de Raymonde fue Blame Someone Else (1997), también participó en el pretencioso y bien logrado proyecto de 4AD  This Mortal Coil. Pero su cargo directivo lo había alejado un poco de los estudios para dar rienda suelta a su instinto creativo. Sin embargo ese estado cesó cuando conoció a Stephanie Dosen, la cantante norteamericana proveniente de Wisconsin, quien no es ninguna novata, lleva una carrera musical de dos décadas, resaltando su participación en la gira del 2008 de los Massive Attack, anecdóticamente los británicos también le habían pedido a Elizabeth Fraser que los acompañara, y su colaboración para los Chemical Brothers en el track “Futher”.   
La historia musical de Dosen se inicia en 1994 con su banda techno-ambient Virus. En el 2002 lanzaría su álbum en solitario Ghost, Mice & Vagabonds, Raymonde quedaría cautivado con la cantante y produciría su segundo disco A Lily For The Espectre (2007) distribuido a través de Bella Union. Producto de la ya mentada empatía musical entre ambos artistas, nació snowbird, ofreciendo un concierto debut en junio del 2009 en el Union Chapel, Islington. La banda grabaría ese mismo año un cover de Pink Floyd “Goodbye Blue Sky”, que aparecería en el The Wall Re-Built! Una compilación tributo al legendario álbum The Wall que apareció gratuitamente con la revista Mojo en diciembre de ese mismo año.

MOONLIT+ TECNOLOGÍA= MOON
Establecido en Londres, Raymonde adquiriría un piano pequeño (baby grand piano) en una subasta on-line y encontrando espacios dentro de su apretada agenda para tocarlo a la luz de la luna, sería el inicio de Moon. “Escribí cada pieza de música en la noche, casi en la oscuridad para no sentirme que estaba en el living room…la luna fue muy importante por la luz que reflejaba” confesaría Raymonde. Al respecto Stephanie Dosen manifestaría “toda la historia del registro son relatos nocturnos,  bosques e iluminaciones bajo la luz de la luna”.
Stephanie establecida en North Carolina (EEUU), recibiría por mail piezas cortas de piano, cada noche por 12 días  de parte del ex Cocteau, mientras la cantante devolvería cada mañana al músico asombrosos registros vocales. Después de dos semanas, Snowbird tenía las bases de lo que sería su primer álbum.  Gracias a la tecnología las ideas musicales de ambos músicos, separados por el Atlántico, lograron unirse y plasmarse finalmente en once bellas composiciones, que además contaron con la colaboración del baterista Philip Selway y guitarrista Ed O’Brien, ambos de Radiohead, del guitarrista Eric Pulido y el baterista  McKenzie Smith, ambos de Midlake  y dos más guitarristas Paul Gregory (Lanterns On The Lake)  y Jonathan Wilson.
A pesar de tan importantes participaciones Raymonde declararía que “…habiéndoles añadido su magia al registro fue fascinante, pero en verdad. Pienso que es más un registro de Stephanie”, y razón no le falta al buen Simon, pues la voz de Dosen, se convierte en la pieza clave para que este álbum suene tan hermoso y sea el principal foco de atención de la obra, robándole el protagonismo a su magnífica instrumentación.
El finalmente se lanzó el 27 enero de este año, en una impecable edición de lujo, de elegante digipakc, conteniendo dos discos, el primero titulado Moon  trayendo el álbum original y el segundo denominado Luna, bonus disc con los remixes hechos por RxGibbs de todos los temas de la obra, el natural de Michigan, ha logrado unas espectaculares versiones de las canciones, al añadirle beats, creando paisajes de otro mundo, esculpiendo en cada toma su particular visión de lo que para él es belleza, a través de la electrónica, mostrándonos el otro lado de la luna.
MOON (2014)
Sobre las bases del piano de Raymonde transita durante todas las canciones la bella voz de Stephanie, logrando once tiernas y luminosas baladas que de principio a fin nos introducen por en medio de ensoñadores paisajes sonoros embargados de calma, melancolía y serenidad, nacidos del amor, de la intimidad, y de la  empatía musical (sí otra vez lo menciono). En donde sus exquisitas melodías irradian cierto misterio respecto a ese objeto llamado luna.
A pesar de la separación física de sus compositores al momento de su creación, Moon  se caracteriza por su uniformidad e intimo sonido. Cuando apenas escuchamos los primeros acordes de “I Heard The Owl Call My Name”, resulta imposible no empezar con las (¿odiosas?) comparaciones con Cocteau Twins e imaginar cómo hubiera sido un nuevo álbum del fenecido grupo, pues el tema posee esa mágica combinación de voces propia de los escoceses y sus efectos ondulantes de guitarra. En la hermosísima balada “All Wishes Are Ghosts” Simon Raymonde  pone su rúbrica con su piano, mostrándonos sus grandes dotes como músico, que junto a la voz de Dosen, golpea con fuerza al corazón,  de los mejores temas del álbum. El pedal Steel, el piano y la etérea voz de Stephanie en  “Charming Birds From Trees” nos llevan por parajes de ensueño.  
La suave acústica de las guitarras, percusión y piano más la dulce voz de Stephanie se convierten en una agradable caricia para nuestros oídos en “Where Foxes Hide”, en temas como “Amelia”, “Bears On My Trail” y “Porcelain” prosigue el trato con cariño a nuestros sentidos, destacar la última pieza en mención, nostálgica canción escogida con justicia como single del álbum. Susurrantes voces yuxtapuestas van en ascenso hasta ser irrumpidas por rasgueos de guitarra que nos trasladan a oníricos ambientes en la etérea “Come To The Woods”, “We Carry White Mice” se convierte casi en un canto a capella, donde la voz de la dosen solo es acompañada por el piano. El piano de Raymonde y los efectos de guitarra de O’Brian crean una trágica atmosfera para un triste canto en “In Lovely”. Finalmente “Heart Of The Woods” la pieza que cierra el disco se sale un poco fuera del cuadro, al contrastar con la simpleza de los temas anteriores, por su beat inicial y sus programaciones, convirtiéndose en una buena introducción de lo que será el disco extra. Llevándonos por otras latitudes sonoras.
Snowbird consigue con Moon transportarnos a lugares mágicos y misteriosos, en donde lo angelical se mezcla con lo fantasmagórico, cuyos once temas exhiben un atmosférico y gaseoso pop, lleno de música elegante, delicada y celestial. Hecho por alguien como Raymonde   que sabe cómo hacer dream pop, y de quien espero pase más tiempo en los estudios de grabación que en la oficina: y aunque parezca exagerado este álbum terminará con la nostalgia de encontrar música semejante a la realizada por los Cocteau Twins, sin ser una fiel imitación de ella, y se erige desde ya como un firme candidato a disco del año.  


viernes, 21 de marzo de 2014

BRUCE SPRINGSTEEN: “SENTÍ QUE MERECÍAN UN HOGAR Y UN PÚBLICO ESPERO LO DISFRUTEN (HIGH HOPES)”



HIGH HOPES
BRUCE SPRINGSTEEN
COLUMBIA RECORDS
(2014)
Te había perdido la pista Bruce hace tres décadas, escuchar tu nombre evocaba mi últimos años de infancia observando desde mi azotea casi todo San Martín de Porres acompañado de algunas de tus canciones del  Born In U.S.A,  cuando las casas eran de un solo piso y aún se divisaba las “chacras” hacia el norte.  El año pasado unos amigos que fueron a Santiago de Chile a verte y me hicieron recordar tu existencia, llegando a saber que tu carrera había continuado de manera ininterrumpida, y qué además llevabas ya años tocando nuevamente con la E Street Band, el escuchar adelantos de tu nuevo disco me hizo renacer ese añejo romance y ahora al tener tu nueva obra entre mis manos junto al dvd en vivo de tu exitoso álbum ochentero, creo que nuestro reencuentro no pudo ser mejor, pues me has hecho pegar la vuelta al “paraíso perdido”.
Lejos de ser una réplica de Born in U.S.A., High Hopes me deja embelesado. Ahora ya no para escucharlo mirando la floreciente urbe de aquellos lejanos años, sino en una tierra más alejada, en medio de una ciudad poblada por edificios rodeada por las montañas. Reclutar a gente como Ron Aniello y Brendan O’Brien en la producción  ha sido ideal para llevar por buen rumbo tu bizarro proyecto de compendiar canciones descartadas, rarezas, reversiones de temas antiguos y covers de otros músicos. Ellos te tuvieron la fe y paciencia necesaria a pesar de no acercarte por buen tiempo al estudio de Los Ángeles, pues tu ajetreado Wrecking Ball Tour, así te lo impedía. Pero al final llegaste un marzo de 2013, te metiste a mezclar y posar para la sesión de fotos, grabaste 20 temas y te diste tu tiempo para seleccionar los doce temas del disco.
The Boss con Tom Morello
La inclusión de Tom Morello (Rage Against The Machine, Audioslave) a la E Street Band y colaboración en el nuevo álbum, a pesar de mis suspicacias, no hizo sino darte la razón sobre tus planes, a algunos no le gustó el resultado final de tu álbum, pero como dijiste “la mejor manera de describir este disco es que es un poco anormal pero no mucho. Realmente no trabajo de forma lineal como otra gente hace”, es así que podemos encontrar piezas como “High Hopes” originalmente grabada en 1995 y publicada en el EP Blood Brothers,  “American Skin (41 shots)” compuesto por el año 2000 e interpretado en tu reunión con la E Street Band y publicado en un álbum en vivo y “The Ghost Of Tom” sencillo del álbum del mismo título de 1995. Todas estas canciones las interpretaste con tu banda durante la gira 2012-2013. Otras canciones como “Harry’s Place” la descartaste del álbum The Rising, “Heaven’s Wall”, “Down In The Hole” y “Hunter Of Invisible Game” la compusiste entre 2002 y 2008, y “The Wall” la escribiste en 1998, para recordar Walter Cichon, el músico de New Jersey que partió sin retorno a la guerra de Vietnam,  el miembro de  The Motifs “una banda local de rock que estaban siempre por encima de cualquiera. Crudos, sexys y rebeldes, eran los héroes que aspirabas ser”. Tom Morello  te sugirió  incluir “Just Like Fire Would”  de The Saints, y no sé quién “Dream Baby Dream” de Suicide, pero vaya versión que te mandaste del dúo, además de colgar en diciembre pasado un hermoso video en agradecimiento a los fans por la gran gira, con este bello tema de fondo.
Tu álbum se coló por la web antes de tiempo, pero no hizo sino crecer mi anhelo de tenerlo entre mis manos y escucharlo en mi estéreo.  Hasta que llegó el 14 de enero y algunos te dieron con palo y hasta me hicieron dudar de mi gusto por tu nuevo acto sonoro, pero verte días después presentándote en  Late Night With Jimmy  interpretando  “High Hopes”, “Heaven’s Wall” y “Just Like Fire Would”, reafirmaron mi admiración por tu nueva obra.  
La peculiar estructura de High Hopes, aparenta cierta carencia temática por sus giros impredecibles, pero la revitalización del material antiguo y la humanidad y la energía que irradias con 64 años a cuestas, presenta el mejor rostro musical  que puedes ofrecer a tus seguidores y aquellos que nos reencontramos contigo después de largos años, y de paso dejar callados a los detractores que señalan a tu álbum como un oportunista recopilatorio de rarezas y versiones.    
Inicias el disco con “High Hopes” de los desconocidos Havalinas, en donde la percusión, la guitarra de Morello, el extraordinario set de vientos  y ese coro en clave góspel, te allanan el terreno para que transite a placer tu enérgica voz. Morello le sigue dando a la guitarra con efectos ondulantes en
“Harry’s Place” y crea suculentas atmósferas sónicas en combinación con el sensual saxofón y los sintetizadores, ejecutados por tus amigos que ya hoy no te acompañan en la brega (Clemons y Federici respectivamente).
Vaya extra de la edición limitada, dvd en vivo del  Born in U.S.A
En la bellísima y emotiva “American Skin (41 shots)”, que ya la habías tocado en tus conciertos,  logras  una sensación sonora que oscila entre la elegía y lo épica, homenajeando a personajes injustamente asesinados por la autoridad policial,  ensoñadores y etéreos sonidos in crescendo son irrumpidos por la guitarra de Morello, luego del cual el tema se vuelve algo más convencional, pero me continua agradando, sin duda una de mis favoritas del disco. En la versión “Just Like Fire Would” de tus favoritos punks australianos The Saints  otra vez te acompañas del Rage pero esta vez, éste coge su guitarra acústica para entregarnos una cromática pieza, solo te quedó decir Tom y su guitarra se convirtieron en mi musa, empujando al resto del proyecto a otro nivel".
“Down In The Hole” cuenta la colaboración de sus tres hijos con Patti Scialfa logrando angelicales coros, en medio de tenues y envolventes melodías construidas por órgano, percusión y un emotivo violín. El pegadizo coro góspel “Raise your hand, raise your hand, raise your hand  de “Heaven’s Wall” se apodera de inmediato de mi mente, pero los guitarrazos de Morello esta vez creo que resultan innecesarios.
“Frankie Fell In Love” transpira sudor a alegre  rock sureño sesentero, al lado más tradicional del Boss, su festivo sonido es alentador. Otra vez la atmosfera sureña se apodera con las primeras melodías de la hermosa “This Is Your Sword”, exquisita combinación de pop elegante y sofisticado con semejanzas a lo último de lo hecho por los Prefab Sprout,  con rock western, pero las sonoridades sureñas se prolongarán con la tierna “Hunter Of Invisible Game”, en donde delicadas cuerdas, percusiones, acordeones, violines, piano, van sucediéndose para relajar nuestros sentidos.
Tanto “The Ghost Of Tom Joad” como “American Skin (41 Shots)” las declaraste como las mejores de tu repertorio,  por ello las  consideraste para darles un mejor trato en el estudio y grabarlas nuevamente.  Qué noble de tu parte que dejaras a Morello explayarse nuevamente a sus anchas con sus extenuantes solos de guitarra sobre el final, con los del comienzo eran suficiente, quizás en ello les doy la razón a quienes reprochan tu álbum, demasiado protagonismo le diste a Morello además de compartir coros. A pesar de ello, qué gran tema que te mandas.
Inspirándote en tu  visita al monumento a los Veteranos de Vietman, especialmente recordando  a uno de tus amigos que partieron para no regresar, el músico Walter Cichon, que con su banda The Motifs, fueron una de tus influencias, nos entregas una joya majestuosa como “The Wall”, que por haber conmovido tu corazón la has tocado algunas veces. Sobre los Motifs dijiste: “estos eran los héroes que podría tocar, hablar, y acudir con preguntas musicales. Geniales, pero siempre accesibles, fueron una inspiración para mí y muchos músicos jóvenes que trabajan en la década de 1960 en el centro de Nueva Jersey”.  Aunque utilizas la alegoría de un infante de marina, tu intención en el fondo es homenajear a tu amigo caído en armas.
Cierras tu disco con una mejorada versión de “Dream Baby Dream”  de Suicide, una hermosa pieza etérea donde en forma ascendente pianos, sintetizadores, mandolinas, loops, guitarras acústicas y tu conmovedora voz me estremece los sentidos, embargándome de entrañable nostalgia, y quizás por allí robarme alguna lágrima. Solo me queda aplaudir tu magnífica versión.
No es casualidad que High Hopes debutará en el primer puesto de las listas de discos más vendidos de varios países, incluyendo tu natal Estados Unidos y el Reino Unido, alcanzaras el top del Billboard 200 y que en una semana hayas vendido 95 mil copias.
Quienes te conocen más que yo y han seguido paso a paso tu extensa carrera, quizás añoren los tiempos en que empuñabas la guitarra acústica y la armónica, haciendo algo más tradicional, pero yo te conocí como un rockero ochentero con la E Street Band, haciendo un pop sofisticado, de exquisitos arreglos y te vuelvo a encontrar como te dejé, nuestro reencuentro no pudo ser mejor, a pesar de las pestes que los críticos han dicho sobre ti,  la majestuosa sonoridad de tu álbum, ha hecho que me vuelve a interesar en tu obra, y revisar tus discos tratando de recuperar los años perdidos. Tu álbum ha sido arriesgado, darle tanto espacio a Morello, resucitar rarezas y regrabar temas antiguos. Tu añejo folk todavía se deja apreciar por allí, pero como bien dices en el booklet de tu álbum Desde los gangsters de "Harry's Place", a los compañeros de piso en "Frankie Fell In Love" (con sonidos de Steve y yo en nuestro apartamento Asbury Park), los viajeros en el páramo de "Hunter Of Invisible Game", al soldado y su amigo en "The Wall", sentí que todos merecían un hogar y una audiencia. Espero que lo disfruten”.
Vaya si The Boss algún día leerá esto, pero no puedo dejar de proclamar mi entusiasmo por reencontradme con uno de los héroes de mi niñez, y siguiendo ese espíritu, escribí esta reseña en un estilo quizás algo estúpido o ridículo pero que finalmente pretende homenajear mal que bien el último acto de Springsteen.  

viernes, 28 de febrero de 2014

ARCADE FIRE: REFLEKTOR, “¿PRETENCIOSA DESAZÓN?” (2011-2014) – Parte 4



Si en The Suburbs, Arcade Fire encontró en la new wave y el folk, a los aliados perfectos para combinarlos con su característico sonido, en Reflektor los canadienses agregan a su paleta sonora,  la música disco, el funk, algo de ambient y sonoridades antillanas, sobre todo centradas en el tradicional “rara” haitiano, pero a diferencia de los Daft Punk y su RAM, en donde los franceses reclutaron a genialidades como Nile Rodgers y otros colaboradores de primera, para lograr con muy buenos resultados su exploración sónica. AF emprendió  su viaje sónico con la colaboración de James Murphy (LCD Soundsystem) en la producción así comoel acostumbrado apoyo de Orson Pallet, uno que otro músico, el genial David Bowie en coros, pero al fin al cabo aportes muy superficiales, sobre el resultado final, dando ello mayor mérito a este generoso cuarto álbum, un disco doble de extensos 75 minutos de duración. A pesar de sus bondades, Reflektor  nos deja algo confundidos.
Aunque suene interesante toda la experimentación desarrollada por la banda para esta obra, eso no quiere decir que estemos ante una obra de arte ni nada por el estilo, pero el resultado es suficiente para colocarlos entre lo mejor del año que pasó. Más que todo por el riesgoso paso que dieron los canadienses con este álbum, el cual no es fácil de dirigir ni aún para los seguidores de AF, aunque no falta por allí algún fanático  disfrazado de crítico de música, quien se atrevió a proclamarlo como la mejor obra de la banda, comentario por demás exagerado y quizás víctima de la emoción de estar escuchando una nuevo producción de sus ídolos tras un par de años de silencio, o tras haber escuchado los espectaculares singles “Reflektor” y “Afterlife”, se apoderó de este tipo la emoción y no terminó de escuchar detenidamente el resto del álbum doble.
La primera sensación que me dio (y sigue dando) Reflektor, es que sobran canciones, algunas piezas son demasiadas prolongadas, otras intrascendentes e innecesarias como el tema escondido y con el que cierran el segundo disco, “Reflektive Age”, aspectos del álbum que nos deja desconcertados. Qué diferencia con The Suburbs, en donde cada corte duraba lo justo y necesario, en donde todos sonaban perfectos. Reflektor repite esa misma sensación que nos dejó Neon Bible, de ambigüedad, de incertidumbre, no porque hayan sido malos discos, sino al no darnos una idea clara de hacia dónde irá el futuro musical de la banda, dividendo la opinión de los seguidores y críticos, en posiciones muy extremas.
La historia de los álbumes de Arcade Fire, es cíclica, discos impares como Funeral y The Suburbs son obras maestras, mientras que los pares Neon Bible y Reflektor, son obras de transición, de experimentación, por darle una descripción más generosa a dichas producciones. ¿Qué seguirá más adelante? Realmente esperamos que siga la secuencia que corresponde, otra obra apoteósica, pues una nueva producción de características indeterminadas, pondría la credibilidad de la banda en tela de juicio. Aunque con toda la fanaticada rendida a sus pies ante cualquier nuevo acto sonoro, les da carta  blanca a los AF para hacer lo que les venga en gana. 
Algunos elementos que contribuyen a dejarme desconcertado tras la escucha de Reflektor, es su aparente mal sonido, como si la mezcla hubiera sido mal hecha, acción quizás realizada adrede por Murphy, en donde las guitarras lucen estacionadas en la mayoría de temas, sin ese vértigo de Funeral, salvo algunos chispazos como en “Here Comes The Night Time”,  pianos desconcertantes, sintetizadores opacando al resto de la instrumentación, violines que no se oyen casi nunca, haciendo que muchas canciones carezcan de esa  dosis de emotividad y melodramatismo que hicieron grandes sus anteriores obras, otra vez es notoria la falta de himnos para ser coreados voz en cuello, pero a cambio esta vez Arcade Fire nos ofrecen momentos de intenso baile, no acto para adolescentes, sino  para adultos ochenteros.
DE HAITÍ A ORFEO
Dejando a un lado las dudas que me dejan Reflektor, vayamos a los aspectos que me siguen atrayendo de la riquísima obra de los canadienses. Y es que desde sus antecedentes, la banda se encargó en todo sentido de crear gran expectativa alrededor de la aparición de su nueva cría sonora. Así que comencemos desde su concepción.
Las ideas no solo musicales sino estéticas del producto Reflektor, se remontan al primer viaje que como esposos realizaron Win y Régine a Haití, la tierra natal  de la Chassagne, en donde Win quedó cautivado con el arte y la cultura del país antillano, declarando al respecto: Ir a Haití por primera vez con Régine fue el comienzo de un gran cambio en la forma en la que pensaba acerca del mundo. Generalmente, creo que tienes la mayor parte de tus influencias musicales bloqueadas cuando tienes 16. Había una banda que [siento que] me cambio musicalmente, realmente me abrió a esta gran, enorme cantidad de cultura e influencias a las cuales no había estado expuesto antes, lo que fue realmente un cambio en mi  vida”.
Win y Régine se sintieron inspirados en incorporar a su nuevo material musical,  elementos de la “rara” haitiana, música folklórica que es ejecutada en medio de procesiones callejeras, a ello agregaron también  influencias jamaiquinas. Tras la salida de Reflektor, Win Butler explicaría “no es como si nuestra banda estuviese tratando de tocar música haitiana. Simplemente sentí que nos abrimos a una nueva influencia. Bob Marley probablemente sintió lo mismo la primera vez que escuchó a Curtis Mayfield”.
Otras fuentes de inspiración fueron la película de coproducción brasilera, italiana y francesa  de 1959 “Orfeo Negro”, la cual también fascinó a Win y el ensayo “The Present Age” del danés Søren Kierkegaard del siglo XIX. 
Aparentemente teniendo las ideas claras para su nueva propuesta musical, los Arcade Fire comenzaron a grabar en Lusisiana en el 2011, para luego trasladarse a Jamaica al siguiente año con el productor Markus Dravs, otro colaborador de la banda.
DE LA GUERRILLA URBANA AL SHOWBUSINESS (Eso que llaman “Marketing”) 
La campaña de posicionamiento de la “marca” Reflektor, estuvo inspirada en dibujos haitianos “veve” y comenzó cuando distintas ciudades del mundo amanecieron con la inscripción de un logo críptico con la palabra “reflektor”, semejante a un grafiti de arte urbano. Estas acciones generaron que un seguidor de la banda se atreva a preguntarles a través del twitter si todo esto se trataba del lanzamiento del nuevo álbum, los Arcade Fire contestarían afirmativo. La estrategia a usar era el marketing de guerrilla. Pero no a todos le caería bien la táctica de los canadienses para el alumbramiento de su nuevo vástago sónico, pues los dueños de algunas paredes “grafiteadas”  manifestaron su fastidio por las pintas, la banda pediría las disculpas del caso, manifestando que inicialmente la idea era utilizar tiza en lugar de pinturas de aerosol.
El 26 de agosto, en un gran mural en un edificio del centro de Manhattan, aparecen símbolos y las palabras “Arcade Fire 9pm 9/9”.  En referencia a la fecha 9 de septiembre, ese día se lanzaría dos videos para el primer sencillo, “Reflektor” y la venta de su respectivo single, acreditado a la ficticia banda The Reflektors. Ese mismo día se reveló la portada del nuevo álbum, arte inspirado en la imagen de la escultura de Orfeo y Eurídice, de Auguste Rodin.
El 2 de septiembre, un breve clip de apenas 15 segundos de duración emitido a través de Spotify, titulado “9pm 9/9”, anunciaba la aparición del nuevo álbum, pero no dejándonos pista alguna sobre el sonido del mismo. Volviendo al 9 de septiembre, la banda anunció un show secreto, bajo el nombre de “The Reflektor” a las 9 p.m, a 9 dólares la entrada, en el Montreal’s Salsathéque Club.  El 28 de ese mes, la banda se presentó en  Saturday Night Live, en  un concierto especial de 30 minutos, transmitido por la cadena NBC, que contó con las apariciones de Bono, Ben Stiller, James Franco, Michael Cera y Zach Galifianakis, estrenando tres canciones, “Here Comes The Night Time”, “We Exist” y “Normal Person”.
El 11 de octubre, la banda lanzaría un video teaser con treinta segundos de la canción “Awful Sound (Oh Eurydice)”, haciéndonos especular si el ambient sería otro estilo a explorar en la nueva producción. El 21 de octubre se publicaría la canción “afterlife”, acompañada de imágenes de la antes mencionada película de 1959 Orfeo Negro, de Marcel Camus. Ese mismo día fue presentada en el programa The Colbert Report, junto con “Normal Person”. Pero la cereza que terminaría de adornar el pastel mediático, sería su presentación al aire libre en las afueras de Capital Studios, el 29 de octubre, apenas lanzado el álbum,   con un público peculiarmente uniformado para la ocasión (mira el video del concierto completo más abajo).
REFLEKTOR (2013) 
El 28 de octubre salió a las calles, el tan esperado cuarto álbum, extenso disco doble  que deja más dudas que elogios, pues las buenas ideas planteadas lucen inconclusas, desorientadas, terminadas a medias, innecesarios temas escondidos e interludio, así como otros tracks prescindibles, a los que no encontramos razón de ser, nos deja un sinsabor amargo, tras haber probado manjares como “Reflektor”, “Afterlife” o “Here Comes The Night Time”, aunque justamente lo meritorio sea el que los Arcade Fire, fieles a su estirpe experimental, asumieran el riesgo de perder su cómodo sitial de banda consagrada, o con el respaldo de ella, de crear la  música que su albedrío musical les permite, sin importarles  las consecuencias. Mostrándose radicales en el sentido de mandar al diablo sus pergaminos, de lograr un disco que al escucharlo no sabemos qué diablos quieren hacer, pero igual nos terminan cautivando, de crear un disco sin un orden o estructura definida, sin una identidad clara. De audición abstracta, pero que exhibe a unos Arcade fire que conservan ese ideal de renovarse conforme avanzan sus álbumes, no al grado que quisiéramos o esperaríamos, pero quizás a ello haya contribuido las altísimas expectativas que tuvimos con esta ansiada obra. De repente endiosamos en demasía a los canadienses.   
Escrudiñemos el primer disco. El lado más eufórico y desenfrenado, se inicia con el single “Reflektor”, una canción pop-art y festiva a más no poder, en donde Win y  Régine intercalan roles en el canto, y la fémina se da maña para dar algunos seductores susurros en francés, en medio de ambientes que transitan entre lo tenso, lo frenético  y lo estridente, dominado por los sintetizadores y sobre el final por un falso de piano y el acompañamiento de Bowie en las voces. Son más de siete minutos de delirante baile, que vale la pena disfrutarlos con el cuerpo. “We exist” es el tema que posee más guitarras, y su penetrante bajo se encarga de orientar el resto de sonoridades de aires finales de los 70s. Sigue “Flashbulb Eyes” cuya mezcla de ritmos reggae y “rara” haitiana, la hacen lucir genial, la pieza es matizada con sonidos de sintetizadores y programaciones, que terminan sucumbiendo ante su desconcertante final, pero parece tratarse de un bucle para dar paso al desenfrenado y pegadizo ritmo de las guitarras y percusiones de “Here Comes The Night”, que luego baja en revoluciones para embelesarnos con sus apaciguadas percusiones haitianas, así nos tienen un par de minutos (que si hubieran sido menos, sería lo óptimo) hasta que sorpresivamente nos sacan de cuadro, con el desenfrenado sonido inicial. Caóticos sonidos de una “garage band” enchufando sus instrumentos, dan paso al ambiguo  rock’n’roll de “Normal Person”, la anárquica atmosfera sónica se mantendrá hasta el final, para luego desvanecerse ante los primeros acordes con guiños setenteros de “You Already Now”, pero conforme avanza la pieza, también cronológicamente se orienta hacia el pop ochentero, para ir mutando y transformándose hacia impredecibles estilos.
El hardcore-punk inicial de “Joan Of Arc”, es un letal puñetazo para cualquier fan de la banda, pues no se les conocía esa faceta, pero ese aporreo de sonidos se esfumará rápidamente hacia bizarras melodías punkies-new wave y Régine cantándonos otra vez en francés en algunos parajes del tema, con un prescindible bonus track, que se prolonga en el segundo disco.
El lado elegiaco  de  Reflektor , influenciado en la mitología griega y sus temas de éxtasis, abrupta separación y el encuentro final de los amantes Eurídice, una ninfa y el músico Orfeo, es aperturado por la sombría, peculiar y rara “Here Comes The Night Time II”, pero que no aporta nada del otro mundo, por ese mismo clima  transita los pocos convincentes arreglos de percusión y cuerdas iniciales de “Awful Sound (Oh Euridice)”, que luego se esparcirán para dar pase a extraordinarias sonoridades ambient, sostenidas por una pequeña sinfonía de teclados y guitarra acústica, otro tema inusual y pretencioso. 
La portentosa batería y el efectivo acompañamiento del bajo y la guitarra, de la densa “It’s Never Over (Hey Orpheus)” son  esplendidos, pero nuevamente por ese deseo consciente o inconsciente de sonar pretenciosos, los Arcade Fire hacen que la canción se pierda a causa de su innecesaria prolongación, que su cautivamente ritmo inicial finalmente se termine divagando sin rumbo. Me quemaron el pan en la puerta del horno. La minimalista y primitiva electrónica de “Porno” y su oscuros teclados, hubiera quedado mejor con pocos minutos, nuevamente los canadienses extienden por gusto su pieza hasta volverla intrascendente, pero felizmente existe  “Afterlife”, con su coqueta melodía electrónica –funk, apoteósica pieza musical  dispuesta a esclavizarnos corporalmente gracias a sus contagiantes ritmos. La calma electrónica de la ambient  “Supersymmentry”, decorada por el bello dúo de voces de los Butler, se convierte en un colofón sónico de todo el álbum, cierra el segundo disco, pero otra vez los Arcade Fire vuelven a  pecar de pretenciosos al extenderla con el bonus “Reflektive Age”. Como te habrás dado cuenta el segundo acto me resulta poco convincente.
Restándole tres o cuatro temas, que ya los habrás identificado  tras leer esta reseña, hubiéramos estado nuevamente ante una nueva obra maestra de los canadienses, aunque su opaco sonido, ¿culpa de Murphy? Deja cierto sinsabor.
Sonar a Kraftwerk combinado con Chic y los Talking Heads, es una tarea harto compleja, pretenciosa que quizás pocos se atreverían hacer, y ya eso es meritorio en Arcade Fire. La temática del álbum, no está en cuestión sino su resultado musical, difícil de dirigir, pero es justamente en esa atmosfera enrarecida que puebla sus cortes, la que la vuelva atractiva.   Un disco atípico, extraño, que quizás solo nos deje tres temas para el recuerdo y el resto para el olvido de los fans de Arcade Fire, pero que sí pueden dar testimonio de una banda que está dispuesta a ir más allá de sus posibilidades sin impórtales el qué dirán, la grandilocuencia y la multinstrumentación del pasado, ha cedido su lugar a la experimentación, simplemente teniendo eso que llaman “actitud”. Sus próximas presentaciones están a la vuelta de la esquina, sus fanáticos que los esperan casi una década, no creo que se vayan muy contentos con un set poblado por Reflektor, por más que les haya gustado el álbum. 

Nuestra primera aventura en You Tube

Regresamos a blogger para compartir nuestra primera aventura en Youtube. Esperamos la sigas...