Contundente show el ofrecido
la noche de ayer por la banda Distorsión, en el Centro Cultural Peruano Alemán,
celebrando sus dos décadas de existencia, haciendo “erupcionar” corrosivo y
explosivo hard-rock desde la ciudad del Misti. Desde su portentoso arranque con
“Aviones Fuera de Control”, “Golpe Divino”
y “El Veneno Te Consume”, temas procedentes de su primer álbum, Aviones
Fuera de Control (1997), pasando a alternar canciones de su segunda
placa, D-1570-R510-N (2002), entre las que destacó la clásica “Sibemol”
así como la presentación de la inédita “Pintando Ideales”, perteneciente a la
maqueta R –B - Lados (2000), producción que supuestamente sería la
segunda del grupo pero que nunca alcanzaría a ver la luz, hasta el cover de Leuzemia de la "Karacola Subterránea", el cuarteto conformado por
Diego Masías (voces o mejor dicho gritos), Miguel Loayza (guitarra), Pablo
Masías (bajo) y Coco Herrera (batería) sonó compacto, exhibiendo un sonido
macizo y bien cohesionado, notándose a leguas su preparación y horas de ensayo
para este evento (aunque vaya uno a saber si en verdad habrían ensayado tanto),
aunándose a ello la buena calidad de los equipos que contribuyeron a lucir las
bondades de la banda.
El set-list de los 20 años
La historia de Distorsión
se remonta hacia 1995 cuando los hermanos Masías se conocen con Coco Herrera y
comienzan a crear sus propios temas que formarían parte del casete debut Aviones
Fuera de Control, donde incluirían un cover del tema “Stone”, de sus
legendarios coterráneos de Texao.
En 1997 forman parte del
compilatorio de Apu Records, Mil Gritos Contra el Tedio, con la canción “Golpe Divino”. Como lo
mencionamos anteriormente, en el 2000, a pesar de tener listo el material y la portada
de R-B-Lados,
se decidió no lanzar el material en pos de concentrarse en los temas nuevos que
serían parte de su nueva producción, que los llevaría a presentarse en el programa TV Rock de Cucho
Peñaloza, ejecutando en vivo “Peleador de Pantalla”. Y en el 2003 son
convocados para el disco de tributo a Leuzemia, interpretando “La Karacola Subterránea”,
versión con la que el mismísimo Daniel F quedó más que satisfecho.
Los seguidores de la banda
esperan con ansias la aparición de un nuevo álbum que seguramente los músicos
sabrán recompensar con creces. Son 20 años de recorrido, que ya han pasado la factura,
donde algunas arrugas y “kilitos” demás se dejaron ver en sus integrantes
anoche, pero que para nada es síntoma de debilitamiento de la propuesta, sino
todo lo contrario, entregándonos una performance notable, donde su experiencia “pesa”.
Ni había terminado de regocijarme con la continua y religiosa escucha del nuevo disco de Beach House, el gran Depression Cherry, y yael dúo anunciaba oficialmente el lanzamiento de otro álbum, Thank Your Lucky Stars , a tan solo un mes y medio de la salida de su antecesor, Victoria Legrand nos adelantaba que estas canciones fueron concebidas rápidamente y en paralelo con DC , que fueron grabadas sin demora, apenas concluido el trabajo con DC, por lo que existía un fuerte impulso de lanzarlas, dejando de lado los parámetros y las estrategias establecidas por las campañas discográficas. “Queríamos que simplemente entrarán (las canciones del LP) al mundo y existieran” fue la sentencia final de la vocalista al respecto.
Asimismo los músicos nos habían anticipado que existirían algunas diferencias con su reciente trabajo, y creo que una de la más resaltante es que esta nueva producción nos presenta un sonido menos estratosférico o astral y más colindante con lo terrenal y lo real, es decir una ensoñación más orientada a la realidad, y ajena a las sensaciones celestes, el escuchar la ejecución de una batería de “carne y huesos” en la inicial “Majorette”, es solo una muestra de ello. Además TYLS nos presenta sonidos más orgánicos, sombríos y oscuros, donde los temas parecen haber sido grabado a la primera toma, sin edición, de forma “casera”, sin adornos tecnológicos, extraída de los demos y sin mayor pretensión que no sea la de capturar la inspiración pura del momento, de aquella que propone exhibir su cruda desnudez, tal cual es; sin embargo las nueve canciones que componen la obra, poseen esa misma capacidad de hipnotizarnos y de hacernos deambular por parajes oníricos.
Abre el disco “Majorette” con unos inusuales redobles de batería, nada de caja de ritmos, ni beats bank, pero al que se le unen mágicos teclados, sutiles arreglos de cuerda y la atmosférica voz de Victoria que nos presentan ese sonido tan acogedor que solo los Beach House son capaces de recrear y al que deseamos regresar una y otra vez, prosigue “She’s So Lovely” con sus precarias percusiones extraídas de un añejo órgano Casio que nos remontan a las bases rítmicas experimentadas en Depression Cherry, pero cuyos teclados saturados y cristalinos punteos, sin pasar por procesadores ni remasterizaciones nos ofrecen un sonido “limpio” e hipnótico, al igual que en “All Your Yeahs” cuyo punteo repetitivo de bajo a lo Cure, junto a la dulce voz de Victoria, respaldada por sugestivos juegos de ecos y coros, nos embarga de melancolía haciéndonos girar nuestros pensamientos en torno a ella.
“One Thing” con sus distorsiones “shoegazing” de guitarras nebulosas que parecen buscar hacer explotar los amplificadores y sus atmosféricos teclados, erigiendo en todo lo alto a la sugestiva voz de Victoria, nos “enganchan” con su “trotona marcha”, tan somnífera y reconfortante, consiguiendo una de las mejores piezas de la obra. En “Common Girl” unos teclados arpegiados y la misteriosa interpretación de Legrand causa cierta sensación claustrofóbica, impresión acrecentada por unas ligeras descargas de espectrales percusiones que se dejan escuchar en algunos instantes del tema, este ambiente sonoro se prolongará en “Elegy To Void”, pero antes “The Traveller” con sus cajas de ritmos, delicadas cuerdas y saturados teclados acompañados por la voz de Victoria, nos ofrecerán cierta iluminación sonora.
Ahora retomemos “Elegy To Void”, su sonoridad reluce cierta influencia valsistica, además de un órgano que nos remonta a la sonoridad cíclica y monocorde de “Little 15” de los Depeche Mode, destacando lo dramático sobre lo siniestro, pero aun así dibujándonos escenas fúnebres, envolviéndonos en una capa de melancolía que es quebrantada por magistrales distorsiones que dan al tema un genial giro hacia otras latitudes, logrando transportar nuestra mente hacia alucinantes sensaciones, sin duda la mejor del disco. Los intensos teclados de “Rough Song” consiguen alterar nuestros sentidos, mientras que el broche de oro lo pondrá la hermosa “Somewhere Tonight”, con unos teclados que nos mantiene en “trance” para disfrutar del cálido arrullo que nos brinda la voz de Victoria, ¡qué canto para más conmovedor!, que finalmente es frenado por una altísima nota del teclado.
En este nuevo LP, Legrand y Scally experimentan con más notas, se muestran más versátiles, ofreciéndonos una serie de arreglos con más afán y menos minimalismo, combinándose dentro de su paleta sonora colores cálidos con fríos, lográndonos cautivar nuevamente. TYLS es menos grandilocuente que sus antecesores, pero en ella la pareja de Baltimore ha conseguido reinventarse apelando a los sonidos de sus primeros discos, pero añadiéndole cuotas de lo aprendido durante su vigente etapa con Sub-Pop. Dos sendos álbumes en menos de dos meses es algo loable, y tanta generosidad merece ser retribuida, halagada y celebrada, sin duda los Beach House son uno de los héroes sónicos de la presente década.
Beach House, el dúo dinámico de Baltimore, conformado
por la excepcional Victoria Legrand y Alex Scalley, está de vuelta con su ensoñador
y nostálgico pop, aquel que es capaz de conmovernos hasta las profundidades del
alma y escarbar en el bosque de nuestras memorias los recuerdos más intensos
de aquellas imágenes que creíamos olvidadas y que solo el tiempo se encargó de
sepultar.
Han pasado tres años desde Bloom,
su último álbum, la espera ha sido larga pero altamente recompensada ¿Qué más
podía hacer Beach House, luego de dos obras maestras (Bloom y Teen Dream)? Simplemente seguir haciendo lo que saben,
deleitarnos con su melancólico sonido y explorando con ambientaciones más
espaciales, hipnóticas y dramáticas, girando siempre en torno de la añoranza,
jugando con ecos en las voces e instrumentos, apostando por el minimalismo y lo
simple, reinventando sonoridades, percusiones y acompañamientos con el banco de
sonidos de un ochentero y viejo órgano Casio (Tone-Bank MA-201 ¿podría ser el
modelo?), sí de ese que está guardado en la bodega de la casa, por momentos
coqueteando con el ambient o con el
sonido new-age céltico de Enya, como en “Sparks” o “10:37”, sus músicos logran
nuevamente que caigamos de pie ante su música o mejor dicho recostarnos a la
cama para entregarnos a la evocación. Así pues es innegable que está “deprimente
cereza” resulte tan deleitable.
La envolvente ascensión atmosférica esculpida
por teclados, sintetizadores y las voces de Victoria no puede ser más sugerente
en “Levitation”, secuestrando nuestros sentidos de inmediato, para que nos entreguemos
a su sugestivo mundo sonoro. Las iniciales volátiles voces de “Sparks” suenan
majestuosas y épicas, colocándonos en trance, ambiente que es quebrantado por
las distorsiones de Scalley, y del sonido Elec Organ, extraído del sound tone bank
de un añejo Casio, acompañados por los golpes precarios y secos de los beats
del mismo aparato. Unos teclados in crescendo al que se le une una sutil
percusión y exóticos riffs adornados por inocentes sonidos computarizados logran
edificar un ambiente de ternura y llevar
nuestros pensamientos hasta la infancia, donde la voz de Victoria por instantes
es capaz de sacarnos una lágrima en “Space Song”. La atmosférica “Beyond Love”,
adquiere dimensiones oníricas y se encarga de dibujar en nuestras mentes otoñales
paisajes taciturnos. En “10:37” sobre la base de atmosféricos beats, desfilan
teclados, cuerdas y en la cima, la melancólica voz de Victoria, dirigiendo con
maestría la pacifica pieza.
Los hermosos sonidos de cuerdas de “PPP” nos
van acurrucando y cual mecedora de infante, lleva nuestras emociones con
suavidad de un lado a otro, mientras que la belleza sonora de “Wildflower”
resulta estremecedora. Nuevamente la minimalista percusión arrancada del beat bank del longevo casio, construyen
una espectral percusión, de rasgos hipnóticos, por donde transita la dulce voz
de Victoria, y las orientales cuerdas de Scally, todo un manjar para el subconsciente.
En la recta final, los teclados, sintetizadores
y voces yuxtapuestas de “Days of Candy”, suenan tristes y angelicales a la vez,
sacándonos de la tierra para llevarnos al cielo, el broche de oro perfecto para
esta nueva obra de arte concebida por
este dúo que pareciera haber sido ungidos por la divinidad.
La grandeza de los Beach House en este nuevo
álbum, radica en haber dado rienda suelta a su creatividad y reinvención tan solo
recurriendo a sonidos elementales, con melodías básicas y eso sí, alta dosis de emotividad. Un
candidato a disco del año, que resulta imposible no sucumbir a la adicción de
hacerlo sonar una y otra vez, pero eso no es todo, pues ni bien Victoria y
Alex, terminaron con la grabación de Depression Cherry y la programación de la
respectiva gira, el ímpetu y espíritu creativo del dúo era tan intenso que lo
plasmaron en una nueva obra, aunque las ideas surgieron en paralelo con DC, así
que tendremos dos LPs de Beach House en un año, destinada a ser lanzada el
próximo 16 de octubre bajo el nombre de Thank Your Lucky Stars, que según
los músicos será diferente a su reciente antecesor, sin duda parece que este
2015 será el de Legrand y Scally.
Solo estarían dos o tres
semanas en Norteamérica, sería la primera gira a la tierra de algunos de sus
ídolos, Lou Reed e Iggy Pop, pero existían muchas cosas que estaban minando la
paz interior de Ian Curtis. Un año atrás se le había detectado epilepsia, tras
su primer ataque sufrido en pleno viaje por la autopista luego de un concierto
en Hope And Anchor, éstos fueron
repitiéndose con frecuencia, y los efectos de una abundante medicación comenzó
a alterar su personalidad, interiorizándose un horripilante sentimiento de
culpa, la angustia de no poder darlo todo, su idilio con la belga Annik Honoré,
su fracaso matrimonial, su pequeña bebé Natalie, el deseo de no fallarle a
nadie, su resignación fatalista que lo llevó al suicidio, se plasman en las
líricas de Closer y otros temas que compuso por aquella época, que no son
más que el reflejo de sus miserias al encontrase completamente solo en el
intento de lidiar con ellas. Y los demás integrantes de Joy Division se
encargaron de crear la perfecta banda sonora para la depresiva etapa de su
compositor.
“¡TENEMOS
UNA TUMBA EN LA PORTADA!”
El
7 de abril, Ian Curtis experimentó su primer intento suicida por sobredosis de
medicamentos, pero el 18 de mayo su deseo autodestructivo se consumó al
colgarse en la cocina de la casa que había compartido con su esposa Deborah
tras una discusión con ella, justo un día antes de emprender la gira que los
llevaría por tierras americanas, tras el impacto de la noticia, un horrorizado
Peter Saville, diseñador del arte de portada del nuevo álbum de Joy Division,
exclamó a Tony Wilson, dueño de Factory Records: “¡tenemos una tumba en la portada!” , al comprender que ésta podría
prestarse para el sensacionalismo y el morbo. Al final pareció poco importarle
a Wilson, pues la fúnebre imagen salió de todas maneras.
Rob
Greton, mánager de la banda, había decido conversar con Saville sobre el diseño
de la portada para trabajarlo con anticipación mientras se grababa el disco. Saville
le mostró a la banda una serie de imágenes que lo habían emocionado, las
fotografías de Michael Bernard Pierre Wolff, y se las dejó para que ellos eligieran,
todos señalaron la de la sepultura de Cristo como su favorita para la nueva
producción que se llamaría Closer.
ATROCITY
EXHIBITION
Entre
fines de 1979 e inicios de 1980 Joy Division sonaba como nunca y Ian demostraba
un poder único en el escenario, se apoderaba de él un espíritu especial que “lo ponía en trance y comenzaba a bailar”
de manera singular al compás de la música”… se
iba a otro mundo” según Bernard Sumner (guitarra y sintetizadores). Los de
Manchester dejaron de ser semi-profesionales para convertirse en verdaderos profesionales
y tomar la decisión de dejar por completo sus empleos. El ambiente era
aparentemente el perfecto para el advenimiento del segundo álbum.
Closer, se grabó entre el 18 y 30 de marzo de
1980, en un mejor estudio con mayores
bondades, el Britannia Row de Londres, todos vivían juntos, Curtis lucía más
iluminado que nunca, sus composiciones “brotaban” con naturalidad, ya no existía
aquella lucha pasada por completar una canción. La mano del productor Martin Hannet ya no era tan entrometida, sino eran
los músicos los más animados en aportar al sonido del disco con sus bizarras y
singulares ideas. “Closer se acercó al
sonido que yo quería” sentenciaría Sumner. Pero algunas cosas perturbaban el
alma de Curtis y de las que solo su amante belga, Annik Honoré, y Bernard pudieron
darse cuenta. El compositor experimentaba una “terrible sensación de claustrofobia”, sus líricas eran
autodestructivas, “estaba en medio de un
remolino que se ahogaba y era atraído por ese remolino” confesaría el guitarrista, “estaba muy cansado, callado, cantaba dando la espalda y ponía su
mano en su cabeza o en sus ojos. Les daba la espalda a los demás solo para
estar dentro de sí mismo”, todas estas conductas extrañas se las hizo saber
la belga a Tony Wilson, pero éste lo tomó como una mera pose artística.
Tras
una descompensación en el estado de salud de Curtis a raíz de su epilepsia,
Tony Wilson decidió que la banda debería cumplir con un concierto pactado,
reemplazándolo por Alan Henpsall de
Crispy Ambulance, para que ambos se turnaran, esto no le gustó al público y se
generó una batalla campal en el local, Ian sintió que ya no podía entregar todo
de sí a la banda. Aquella noche la esposa de Wilson, le sugirió llevar a Curtis
a su casa de campo para que goce de un ambiente tranquilo y reposado. Entre el
16 y 17 de mayo de 1980, Ian regresó a la casa de sus padres, y le comunicó a
Bernard que iría a ver a su esposa Deborah,
a quien le pidió detuviera el divorcio pero ésta no quiso, argumentando que él
cambiaría de opinión al día siguiente -pues además de su epilepsia, se cree que
Ian Curtis también era bipolar- entonces la mujer deja la casa a insistencia de
Curtis, quien en medio de su soledad mira una película de Werner Herzog sobre
un músico alemán que va a América donde le abruma la alienación cultural hasta
llegar al suicidio, se pone a escuchar una y otra vez The Idiot de Iggy Pop,
escribe una nota para Deborah y decide ir a la cocina para ahorcarse, su esposa
lo encontraría colgado.
CLOSER
Es
un disco de capas sonoras más etéreas y experimentales que su antecesor,
introduciéndose con mayor plenitud el empleo de sintetizadores y cajas de
ritmos, la idea de la banda no era crear una continuación de Unknown
Pleasures sino un mejor álbum, acorde a sus circunstancias y posibilidades.
“Atrocity
Exhibition” es Curtis describiéndose como la “vedette” al que todos disfrutan y
consumen observándolo como de contorsiona para ellos, trasladándose a otra
dimensión en medio de un enajenado fondo musical producto de sus retorcidas,
lacerantes y desquiciadas guitarras, acompañas por los golpes secos y
espaciales de tambores.
Ian
Curtis había quedado impactado y entusiasmado por el trabajo de Kraftwerk, lo
había señalado como la música del futuro a sus compañeros, y en “Isolation” se
deja sentir esa influencia, donde en medio de un adictivo y dancístico bajo,
transitan hipnóticos ritmos sintéticos y en medio la voz de Curtis pareciera extraída
de ultratumba. En “Passover” acompaña a la desganada voz de Ian, una monótona percusión
y densas guitarras, y éstas adquirirán siniestros matices en la pesadísima “Colony”,
al compás de una batería marcial y un Curtis fantasmagórico y desesperanzado. “A
Means To An End” pondrá fin al primer acto, cuya poderosa base rítmica de bajo
y batería quedaría de legado para futuras obras del post-punk, dark y new wave,
compacta marcha que irá aminorando la velocidad hasta llegar a su fin.
Los
sombríos punteos de bajo y envolventes percusiones de la oscurísima “Heart And Soul” abren la
segunda parte de la obra, donde se yuxtaponen lacerantes guitarras, fantasmales
sintetizadores y la narcótica voz de Curtis, convirtiéndose en todo un viaje
nocturno por en medio de las tinieblas. “Twenty Four Hours” y sus alucinógenas sonoridades
donde su línea de bajo nos llevará al inframundo, con un Ian Curtis dejándose sentir
falto de esperanza, resignado, y ese ambiente fatalista se apoderada en mayor
escala en “The Eternal”, donde sus teclados, sintetizadores y demás
instrumentos parecieran recrear la marcha fúnebre que Curtis emprendería meses
después, su reposada y desolada música paradójicamente resulta hermosa. Finalmente
en “Decades” merced a sus grisáceos sintetizadores, apagados beats y etéreas percusiones,
nos ambientan sensaciones de angustia, donde la voz de Curtis luce cansina y
derrotada. El final estaba anunciado.
Closer
puso musicalmente hace 35 años, iniciando los
80s, la vanguardia a esa década, señalando el camino a seguir con un disco
plagado por un clima de angustia, desolación y contundente tristeza, de
confrontación de uno mismo con sus propios infiernos, de aquellos que no son
cómodos sacarlos a luz. El periodista Simon Reynolds en su libro Postpunk,
concluiría sobre el álbum, “es como estar
dentro de la cabeza de Curtis, sintiendo el terrible arrastre arremolinado de
la depresión terminal”.
"Me
sorprendió lo fantástico de La Metamorfosis pues resulta inconcebible, irreal y
absurdo que la vida común y normal de un individuo, y su aspecto físico, de un día
para otro muten a tal punto de ser rechazado y aislado por sus parientes
cercanos" son las
razones que argumenta Jhordan Miguel Jurado, líder del proyecto experimental,
El Cerebro de Gregorio Samsa, del porqué del nombre de la banda.
Mutando sonoridades
psicodélicas desde la incontrastable ciudad de Huancayo, Jurado también nos
hace referencia que otra razón para la elección del personaje de la obra
literaria para abanderar su propuesta musical, "es la descripción de un
mundo alienado y en soledad, donde vives para trabajar, uno vive y muere en
este ejercicio, y es este mismo el que genera la individualización y las ansias
del mito del progreso, el desarrollo económico, industrial y material. Que en
el tiempo en que se escribe el relato iba desarrollándose y hoy es muy
visible", el socio de Jurado en su visión sónica es el baterista Joel
Riofrano, a quien conoció en el 2011 cuando tocaban en una desaparecida banda y
la afinidad hacia el progresivo les dejó la intención de iniciar un nuevo
proyecto.
El alucinante "Himno a la Serpiente Resplandeciente"
A inicios del 2013 lanzan
sus primeros registros, todavía algo inconexos pero ofreciéndonos atractivos
bosquejos de las ideas sonoras del dúo, que van del single "La extinción
de los cóndores", ruidoso y corrosivo, el acto de tres partes "Apu
Kuntur", exponiendo delirante fusión electrónica contrastando con el debut
y las ideas primarias de los músicos, y que todavía se alejarán más con la
espacial "Apu Qun Tiqsi Wiraqucha Pachayachachiq", donde electrónica,
ambient y progresivo conviven en armonía a través de sus tres episodios. Sin embargo
en agosto de ese año, "Himno a la Serpiente Resplandeciente"
significa un retorno a las guitarras, presentándonos una propuesta más sólida,
teniendo en su colofón "Debacle", el momento cumbre del Ep,
donde borrascosas guitarras se cruzan
con el sampleo del "Canto coral a Túpac Amarú II" de Alejandro
Romualdo Valle, logrando un alucinante cierre. Sobre esta serie de trabajos
experimentales Jurado manifiesta: "Para
mí la banda anda en lo experimental y la
libertad del sonido. Sobre influencias, el rock pesado de los 70, el progre,
90's. Creo que ya no es un género ni una banda, sino la música en
conjunto" .
¿ME
PERCIBES ANIMAL?
Es el título del reciente
disco del dúo, que salió de manera virtual en enero del 2014 y en físico en
septiembre de ese mismo año, a través de Necio Records. En agosto del 2013 ya se
tenían los temas listos y se grabaron. Una atmósfera tempestuosa es la que nos
recibe en "Ya va a venir el día, ponte el alma" donde a lo largo de
sus trece minutos de duración se irán sucediéndose sonoridades noise,
post-rock, progresivas y hasta vernaculares. Tema que sin duda resume la idea
de los músicos de ir mutando sonidos y explorando con diversos estilos
psicodélicos sin reparos ni miramientos. En "Transido" pueden ir sin
titubear de la retorcida psicodelia al post-rock conduciéndonos a climas
angustiantes. Los atmosféricos teclados primarios de "La muerte ha estado
alegre y ha cantado su hueso" dan
lugar a densas capas de guitarra, que irán confluyendo con cíclicos punteos de
bajo y volátiles sonidos que anclarán finalmente hacia parajes más reposados y
que se prolongarán en la pieza final, "Extinción o el canto cordial de las distancias",
cuyas sonoridades soporíferas encuentran cercanía con el shoegaze, pero en
donde también transitarán ruinosas guitarras.
Cuando afirmamos que los
huancaínos desarrollan psicodelia, nos referíamos a su capacidad de conducirnos
a través de su música por territorios dominados por el delirio y la
alucinación, a pesar distar mucho de su plan primigenio de hacer progresivo.
Por ahora los músicos están armando el material que formará parte de su próximo
disco con bastantes probabilidades de ser lanzado el siguiente año, que
esperamos prosiga por la senda de la experimentación y proveyendo sugestivos sonidos para
el cerebro.
Tuve la oportunidad de verlos dos veces en vivo, la última, el pasado mes de noviembre en Lima, promocionando su nuevo material pero sin duda la primera década de los 80s fue la época del esplendor creativo de Echo & The Bunnymen, y su álbum debut Crocodiles, lanzado el 18 de julio de 1980, significó el punto de partida para una seguidilla de obras maestras de la música contemporánea, Heaven Up Here (1982), Porcupine (1983), y Ocean Rain (1984).
El antecedente más remoto de los bunnymen fue The Crucial Three, una pseudo-banda conformada por Ian McCulloch, Julian Cope (después fundador de Teardrop Explodes) y Pete Wylie, líder de Wah!, grabando solo un par de canciones y nunca presentándose en vivo. Es así que la historia de los "hombres conejo" y su LP estreno empieza en 1978, cuando Ian McCulloch (5/5/59) conoce al cheff de cocina y guitarrista Will Sergeant (12/4/58) y ambos empiezan a ensayar acompañados de una caja de ritmos, que la llamarían "Echo" para luego unírseles el bajista Less Pattinson (18/4/58), amigo de la escuela de Will, grabando algunos demos, siendo su primera presentación oficial el miércoles 15 de noviembre de 1978 en el Eric’s Club en Mathew Street de su natal Liverpool, Inglaterra -un club punk donde desfilaban las “estrellas” del futuro- teloneando a los Teardrop Explodes, de Julian Cope, fungiendo su caja de ritmo como baterista. Unos nerviosos Bunnymen, con un Ian de cabello multicolor emulando a su ídolo David Bowie, tocarían ante unas 30 personas por casi 15 minutos.
15/11/1978 el debut de Echo & The bunnyen en el Eric's Club de Londres
Bill Drummond de Big In Japan (años después The KLF) crearía el sello ZOO, y lanzaría justo cuando Ian cumple los 20 años, el primer single de la banda “Pictures On My Wall”/Read It In Books”. Esta producción les serviría para firmar por el sello Korova en diciembre de 1979. En 1980 llegaría un baterista de carne y huesos, Pete De Freitas (2/8/61) natural de Puerto España, Trinidad y Tobago, quien dejaría deslumbrado a los otros integrantes de la banda tras una audición. Una vez en Korova, se lanzó el single “Rescue”, producido por Ian Brudie (The Lightning Seed) otra vez en el onomástico de McCulloch. En mayo de 1980 conocen al fotógrafo Anton Corbijn, quien les ayudó a definir su look (que en sus inicios era de tendencia militarizada -cercana al film Apocalypse Now- e hizo que sus seguidores imitarán su vestimenta) y más adelante dirigiría algunos videoclips del cuarteto como “Seven Seas” y “Bring On The Dancing Horses”.
La banda en virtud a sus generosos directos y buenos comentarios de la crítica, iría ganando adeptos y también notoriedad, gracias a las polémicas declaraciones de su vocalista, quien por esa razón llegaría a ser conocido como “Mac La boca”.
CROCODILES
Less, Ian y Will aún sin Pete
Grabado en tres semanas en los estudios Rockfield de Gales, producido por Ian Broudie y The Chamelons (el alias usado por la dupla Bill Drumnond y David Balfe), Crocodiles colocó el sombrío punto de partida, de la obra de los bunnymen.
Esta primera obra de la banda va desde los intensos y enrarecidos crescendos de “Going Up” introduciéndonos por sus hipnóticos parajes, impregnándose en medio de sus nebulosas atmósferas, las espectrales voces de McCulloch. La nostálgica "Stars Are Stars" es melódico pop combinándose con psicodelia, mientras que "Pride" posee arrebatos de soniridad "setentera" y exhibe las primeras experimentaciones de la banda con sonidos exóticos, como sus pinceladas de guitarra arabesca y percusiones tribales. La fantasmal voz de Ian, el pegadizo "Keymon", teniendo como fondo una siniestra guitarra, son adictivos en "Monkeys", casi sin respirar prosigue esa frenética marcha rítmica de bajo y batería, concebida por la endiosada sociedad Pattison-DeFreitas en "Crocodiles", tema que da titulo al disco, para luego yuxtaponerse los guitarrazos rocanroleros de Sergeant y McCulloch.
El pop clásico de "Rescue" es más que cautivador, imposible no contagiarse del "...Is this a blues I'm singing?..." .La genial y ascendente "Villiers Terrace" cimentada sobre los mágicos teclados de Balfe, suena realmente majestuosa. Los fantasmales climas sonoros de “Picture On My Wall”, la tensa “All That Jazz”, hasta las tenebrosas y macabras atmósferas de “Happy Death Men” son otros puntales del disco debut. El sonido del álbum es contundente a pesar de su minimalismo, exhibiendo a un precoz McCulloch imponiendo con autoridad su voz de barítono y a un Sergeant de impresionante firmeza con la guitarra.
Dos décadas después de su lanzamiento Ian McCulloch declararía sobre el álbum, "existía una verdadera primavera. la guitarra de Will podía arrancarte la cabeza. Las líricas trataban de nosotros creciendo. La gente siempre decía que en el LP parecíamos drogándonos. Pienso que reflejaba a los tres rockeando en esos días", efectivamente la fuerza que Pete DeFreitas le imprimía a su batería era extraordinaria, así como su asociación rítmica con el bajo de Less Pattison, las experimentaciones de Will con su guitarra de lo más delirantes y la épica voz de McCulloch alcanzaban niveles sobresalientes. Crocodiles resultó la combinación ideal entre el fatalismo y el optimismo, el inicio del divino sonido bunnymen que treinta y cinco años después continua siendo un deleite a los oídos.
"The pictures on my wall/Read it in books"-el primer single
Si bien Goo (el sexto LP de Sonic Youth) no
es el mejor álbum de los neoyorkinos, sí es uno de los más emblemáticos, por
significar su debut con la “mainstream” DGC (Geffen Records) que les permitió presentar
su innovadora propuesta sónica a un público masivo, demostrando una integridad a pruebas de balas
a pesar de exhibir un sonido algo alejado del avant-noise y arte-abstracto de
sus primeros discos para ofrecernos a cambio capas sonoras más estructuras y aliadas
al pop sin dejar de lado la experimentación visceral y las arriesgadas texturas
esculpidas por las guitarras de Moore y Ranaldo. Además de ser una de las portadas favoritas por los fans y utilizada como indumentaria preferida en sus vestimentas.
From “blowjob?” to “Goo”
Luego del lanzamiento de su obra maestra Daydream
Nation (1988) y su considerable número de copias vendidas, la banda
firmó con la major Geffen Records y el
reto se presentaba enorme para los integrantes de la “juventud sónica”, no sé sabía por dónde
comenzar y su estreno para las “masas” tendría que ser convincente. Thurston
Moore recuerda que la gente del sello tenía una perspectiva que la banda sería
una especie de Pink Floyd por su propuesta experimental, pero ellos estaban muy
metidos en el punk y el noise así que no les seducía la idea de emular a los
británicos sino de seguir en la brega con sus ideales.
En noviembre de 1989 los Sonic Youth se
metieron al Waterworks Studios de Manhattan junto a los productores Nick
Sangano, con quien habían trabajado en el disco anterior, y Ron Saint Germain para iniciar el nuevo proyecto que en un
principio recibió el título tentativo de “Blowjob?” tomado de un polo diseñado
por el artista underground Raymond Pettibon, donde se muestra la imagen de Joan
Crawfod con dicha palabra como leyenda. El resultado de aquellas sesiones
iniciales arrojarían una serie de pestíferos demos que podemos disfrutarlos en
el segundo disco de la reedición de lujo editada el 2005.
El material grabado fue pulido, y se coincidió con
los Public Enemy en los estudios, quienes estaban grabando su tercer álbum, dándose así el
encuentro con Chuck D y a cursarle la invitación para que participe en el tema “Kool
Thing” haciendo dúo con Kim Gordon. La banda decidió trabajar los videos
promocionales de “Dirty Roots”, “Kool Thing” y “Disappearer” pero luego
tuvieron la idea de sacar clips para los temas restantes del disco, los cuales
podemos apreciar en el DVD Corporate Ghost, inspirados en la ética indie-rock, según el
baterista Steve Shelley, al no contar con un presupuesto suficiente, ofrecieron
a cada director 1500 dólares para que lo utilicen como quisieran en la producción de los mismos. En lo que respecta al arte de interiores del LP, en esta ocasión en esta ocasión la banda se apoyó en la estética glam.
My friend Goo
Vayamos al álbum. “Dirty Roots” con sus punteos sombríos nos
introducen hacia una atmósfera oscura que sucumbirá ante el estruendo de
guitarrazos y percusión sobre la mitad del tema. Lúgubres sonoridades emanadas
por las guitarras de Moore y Ranaldo se deslizan
en “Tunic (Song For Karen)”, donde la interpretación de Kim Gordon resulta hipnótica así como sus ruidosas cuerdas, el vaivén retorcido de las guitarras y batería de “Mary-Christ”
nos meten un "sacudón", el ruido melódico de
los pegajosos riffs de guitarras por los que se desplaza la temática feminista
a través de los diálogos entre Chuck D y la Gordon en “Kool Thing” resultan
cautivantes, la onírica “Mote”, irrumpida por portentosos golpes de batería y
agresivas guitarras se extienden por una densa marea de guitarras y ruidos
emergiendo del caos sonoro cerrando así el primer lado.
La delirante y frenética “My Friend Goo”, toda
una incitación al descontrol, da inicio a la segunda parte de la obra, las abrasivas guitarras de “Disappearer”
continuarán triturando nuestros sentidos pero “Mildred Pierce” y sus vertiginosos
sonidos se encargarán de inyectarnos más adrenalina hasta llevarnos a la
demencia después su furibundo y desquiciado final, tras más de minuto y medio de
grandiosos arreglos de cuerdas Kim suelta su rabioso canto en “Cindirella’s Big
Score”, la abstracta y marciana “Scooter+ Jinx” nos transporta hacia la vesania, mientras que la acelerada y portentosa “Titanium
Exposé”, de experimental y anárquico cierre, pondrá el broche de oro a esta
obra de arte que demostró cómo una banda pudo mantener intacta su integridad creativa
e independencia.
Goo, lanzado el 26 de junio de 1990, llevaría a
la banda a irse de gira por lugares inhóspitos y dejaría en claro que los Sonic
Youth no habían cederían a las presiones de la industria.