viernes, 2 de junio de 2017

"LO QUE NO PUDIMOS CAMBIAR" -MI JARDÍN SECRETO-Reseña

LO QUE NO PUDIMOS CAMBIAR
MI JARDÍN SECRETO
Cuaderno Roto Producciones
(2017)
La historia del ahora cuarteto, se remonta al año 2004, cuando Víctor Hugo Vargas (voz), Cristhian Manzanares (batería), Fernando Mora (guitarra principal), José Miguel Castro (bajo) y Diego Bazán (guitarras), formaron parte activa del colectivo Internerds Records, participando en algunos compilados y conciertos de la época.
En el año 2009 lanzarían su primer álbum, “La Ciencia Y El Arte De La Falsificación”, producido por José Javier Castro (El Aire), y contando con David Acuña, como ingeniero de grabación, recibiendo buenos comentarios por parte de la crítica especializada. Sin embargo, al año siguiente tras la partida de José Miguel Castro, quien fue remplazado por Kaboogie, y finalmente la de Diego Bazán, el grupo decide separarse, dedicándose los cuatro integrantes restantes a sus proyectos personales.
A mediados del 2014, Mi Jardín Secreto decide volver a reunirse con la finalidad de crear nuevo material, y este disco es el resultado de tres años de ensayos, presentaciones en vivo y mucho ánimo de revitalizar su propuesta indie-rock, expuesta en su primera entrega.  
La incierta imagen callejera de su portada, donde dos incógnitos personajes en medio de un cruce, y entre semáforos, que no sabemos si se están encontrando con sorpresa, rumbo para confundirse en un efusivo abrazo o están a punto de iniciar un acalorada pelea, refleja algo de esa “amistad” o “pugna” en la que cohabitan sus variopintas sonoridades, donde a diferencia de su antecesor, las piezas de rasgos melódicos y nostálgicos adquieren mayor prominencia (por su cantidad).
Bajo la batuta de Gonzalo Alcalde (líder de Los Protones) en la producción, Mi Jardín Secreto, inicia su disco con “La Importancia De No Hacer Nada”, pista donde los músicos exhiben claramente la influencia surf-rock de su productor, llevándonos a presumir que este nuevo trabajo exhibirá mayores fusiones por esas vertientes sonoras, pero estas suposiciones se caerán junto con la culminación del tema, pues las playeras melodías no regresarán más.
Gonzalo Alcalde (productor), Fernando, Cristhian, Víctor Hugo y Kaboogie
“Los Muertos que Olvidamos”, nos presenta un asedio guitarrero, así como hipnóticas distorsiones. Más vorágine de corrosivas cuerdas y portentosas percusiones se prolongan con la explosiva “Vitamina”, irrumpiendo ráfagas de rasgos “noise”, distorsiones y punteos Sonic Youth, dispuestas a patear todo lo que encuentren en su camino.
La melódica “Hay Tanto Espacio”, con la ensoñadora voz de Susana Cebrian (Gomas), endulzándonos los sentidos, establece un lar para el solaz ante la avalancha de ruidosas cuerdas recibidas, pero el aparente sosiego es algo enturbiado por el asomo de duras guitarras y alternándose el canto con Víctor Hugo Vargas. Más rock-pop melódico prosigue con “Efectos Espaciales” y sus interesantes cambios de ritmo, acelerando y reduciendo la velocidad sonora con propiedad.
Los rasgos melódicos de “Luces de Ciudad”, ya lucen previsibles a este punto, asimismo en la nostálgica “Ya No Hablo Con Voz de Ayer”, pero la inclusión de un sensual saxofón de Jorge Cavero y ásperas guitarras la sacan de su reposada estancia. Sucede lo opuesto con la electroacústica, “Lo Que Los Amigos No Van A Entender”, cuyos endiosados teclados y distorsionados riffs ofrecen un magistral cierre.       
Las vertiginosas (y etéreas) guitarras regresan triunfalmente en “Ellos Viven”, con vaivenes sonoros que se desplazan entre la tempestad y la calma, mutando por diversas sonoridades, incursionando elegantes toques de teclado, distanciándose totalmente de su veloz inicio. En la breve “Infame”, retorna el ruido y las guitarras se encargan de recrear una lucha entre ellas. Mientras que el reflexivo pop-rock de “Nadie Preguntó Por Ti”, con sus excitantes cuerdas oníricas ponen punto final al segundo álbum de Mi Jardín Secreto, que también contó con la participación de los músicos David Acuña, Jimmy Andaluz, Ricardo Canales y Francisco Chirinos.
Finalmente, nos quedamos con los episodios más galopantes, desenfrenados y ácidos de esta producción, pues es allí donde los Mi Jardín Secreto nos cautivan, nos “ahogan” con su marea de guitarras distorsionadas, y disfrutamos al máximo de sus ambientaciones repletas de adrenalina y delirantes en emociones.  

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