lunes, 23 de octubre de 2017

Katalaxia/grita lobos - reseña

KATALAXIA
grita lobos
A Tutiplén Records
(2017)
Personalmente desconozco los efectos “redentores” y “purificadores” de la ayahuasca, pero sí los de la música, ante el tedio y la rutina, su poder catártico y cómo paradójicamente este arte “banal”, para algunos, logra liberarnos de lo mundano y unirnos como comunidad, ya sea en un concierto, en una pista de baile o en la soledad de nuestras habitaciones. Y hago todo este preámbulo, a raíz del nuevo trabajo del proyecto (en modo incógnito) grita lobos, Katalaxia, un disco conceptual que gira en torno a “un viaje que empieza como una huida de la ciudad y las corporaciones, para entrar a un estado de conciencia modificada” por el brebaje amazónico.
La palabra deriva del griego “katallasso”, que significa también «admitir en la comunidad» y «pasar de enemigo a amigo», y es una “teoría sobre los intercambios en un orden espontáneo, sin objetivos comunes ni plani­ficados entre las personas”; cuyas siete piezas testifican de esa naturalidad, anunciada como “luminosa, enérgica y expansiva”. Sin embargo, considero que se trata de un material todavía más enigmático que su predecesor.
Esta segunda entrega del productor misterioso, es un trabajo que requiere una atenta audición para su interpretación, que va desde sonoridades, llamémosle, convencionales de la electrónica para mutar a otras más abstractas, representando la concepción ya descrita. Desde el saque, los beats y teclados ascendentes, acompañados por la sombría voz de Santiago Pillado (El Hombre Misterioso), nos arrastran hacia una vorágine electrónica, con el hibrido “interzone inc. pt.II”, envolviéndonos con sus ambientes trance, house, dark-wave y por instantes luciendo punteos Depeche Mode  era “Playing The Angel”, así como misteriosos ¿aullidos? (¿de lobo?).
A los oscilantes ruidos electro y correcta base rítmica de “curiosity”, la ascendente guitarra de Efrén Castillo (Liquilardo Celuloide/Moldes), le otorga dimensiones siderales, así como logrando una perfecta ambientación de club nocturno, donde gobierna el hedonismo. Hasta aquí hemos estado en la ciudad, pues con “dimetrilptamina”, pieza que sirve de eslabón para comprender la obra, empieza el recorrido por los senderos psicóticos y alucinógenos, y es que el tema hace referencia al “principal compuesto químico del brebaje, generando una experiencia que sana el cuerpo, ilumina la mente e integra a las personas en comunidad”, resultando musicalmente hipnótica sus machacantes caja de ritmos, loops, espaciales synths y sus sutiles guitarras New Order, logrando sensaciones psicodélicas.
La parte más experimental y abstracta del disco se exhibe con la indeterminada “la soga de los espíritus”, sucediéndose una serie de sonidos magnéticos y “extraídos” del cosmos, intentando sonorizar ese poder de la planta para conducir a “los límites de la vida…el medio para unir el mundo de los vivos y los muertos”, yuxtaponiéndose sobre su final los filosos feedbacks que ejecuta el guitarrista Efrén Castillo. Luego las coquetas pulsaciones computarizadas de “karampi” (nombre ashánika para la ayahuasca) son un prefacio para el variopinto desfile de sonidos robóticos que irán transitando, en medio de una atmósfera misteriosa nuevamente asociada con las cuerdas de Castillo, hasta que sorpresivamente la pieza se “desenchufa”.
La volátil voz de Katia De La Cruz, llena el espacio y predomina sobre las capas frenéticas, discotequeras y psicodélicas en la delirante “the far east”, cuya ambientación dancística parece interminable, pero justo allí, asoma una etérea percusión étnica, volviendo más adictiva la pieza, hasta que unos sonidos resonantes marcan su fin. 
Concluye esta expedición espirituosa y redentora, que la música también es capaz de lograr, con la vertiginosa “katallaso”, pieza que va adquiriendo rasgos enigmáticos, gracias a sus lóbregos beats (¿Depeche Mode etapa “A Broken Frame”?) hasta convergir en una maraña de sonidos caóticos y ensordecedores, anunciándonos el final de nuestra catarsis y el retorno a la monotonía de la vida real. Un disco surrealista e ideal para dar rienda suelta a nuestras placenteras utopías.