lunes, 29 de octubre de 2018

CÁBALA: ARTAUD. Reseña

CÁBALA
ARTAUD
Necio Records
(2018)
El mes pasado se lanzó este disco debut del proyecto del trujillano Erick Baltodano, quien ya ha editado otros trabajos bajo el nombre de Artaud, pero con diferentes alineaciones. En esta oportunidad se une a Teté Leguía (Bajo) Martin Escalante (Saxo), Israel Tenor (Batería) y Juan Francisco Ortega (Teclado) para sonorizar, por encontrarle alguna manera a la descripción de su trabajo experimental, el relato “de la vida, pasión, muerte y resurrección de caballos”.
“Cábala” es un complejo disco instrumental, de sonidos, que en algunos pasajes alcanzan niveles, que pueden resultar extremos para oídos no familiarizados con lo realizado por integrantes de este nuevo combo, como Tete Leguía o Martín Escalante.
Este álbum conceptual, dividido en dos actos, el primero de ellos, denominado “Cábala”, se trata “de [un]caballo joven, que totalmente desbocado sale por el campo a probar su salvaje carrera, sin límites.”  Quizás por ellos se deba su cúmulo de sonidos desorientados, prisioneros de la improvisación, donde el trabajo del saxofonista Martín Escalante resulta fenomenal, recreando lo que, si no me equivoco, sería el relinchar del caballo, sus emociones, peligros y su agonía, sonando hiriente y cruda. Otro punto alto, es la del bajista Tete Leguía, sacudiendo su bajo oportunamente en los momentos donde la tensión tiene que asomarse. Además del resto de la banda, creando esa ambientación “free-jazz” que resulta atractiva a lo largo de sus veinte minutos de duración.
En el texto de Pablo Picco (Ø+yn y otros proyectos) que figura en el “booklet” que acompaña al disco, no puede precisar de mejor manera el accionar de Artaud durante el primer episodio: “El quinteto Artaud muestra una nueva forma y manera de teletransportar el jazz o el free o el cadáver o el sol o la figura del bajo equilátero sangrando o la marioneta apaciguada de los instrumentos…”.
Un desolador teclado y enrarecidos sonidos sirven de interludio entre ambos actos. El segundo llamado “Réplica”, trata sobre “un caballo viejo que sabe va a morir, pero está tranquilo porque se unirá a la tierra, que conoce y reconoce como suya”. De ahí que su ambientación es más calmada, resignada, alejada de la agitación experimentada en el anterior acto, pero con el trascurrir de los minutos, sus resonantes guitarras, cadente bajo y redobles de percusión tornan más densa la atmósfera, volviéndose a escuchar el crudo relinchar del caballo, hasta que la extraña musicalidad impuesta por el quinteto se “evapora”, para dar paso a un sosegado final.

COSMOS:RITO VERDUGO. Reseña

COSMOS
RITO VERDUGO
Necio Records
(2018)
Observamos con agrado que en los últimos años van haciendo su aparición dentro de la escena “stoner”, un singular número de destacadas bandas como El Jefazo o Ancestro, y los jóvenes Rito Verdugo con su placa debut “Cosmos”, no son la excepción, menos densos que sus colegas mencionados, pero más frenéticos y atmosféricos que estos, además su música exhibe mayor cercanía con el “heavy metal”.
Rodrigo Chávez (Guitarra y voz), Luis Rodríguez (Batería), Carlos Del Castillo (Bajo) y Álvaro Gonzales Del Valle (Guitarra) formaron Rito Verdugo el año pasado (aunque sus ensayos datan desde el 2011), y desde entonces no han parado de tocar, siendo convocados para abrir el próximo concierto de Earthless en Lima, este once de noviembre.
La inicial “Sombras”, con su retorcido riffs y portentosos redobles con coge del cogote para arrojarnos a un ambiente visceral de robustas melodías plenas de frenesí y psicodélicos punteos. Luego en “Cosmos”, un macizo preámbulo nos expulsa hacia una vorágine de distorsiones y corrosivas cuerdas, donde la adrenalina fluye a mil, para posteriormente ser atrapados por sus guitarras siderales y más tambores reventándonos los oídos. Un caótico preludio precede a los pesados guitarrazos de “Inerte”, mutando en pos delirantes arpegios que se intercambian sendos golpes de batería.    
Foto: Facebook de RV
En “Resurrección”, somos capturados por unos lisérgicos punteos a lo Black Sabbath, y una “destructora” percusión que en conjunto emprenden una galopante marcha. “Prisionero”, nos presenta nuevamente esa adictiva composición en base a un sólido engranaje de guitarras, en esta ocasión marcando de manera desacelerada, pero sin perder un ápice de vigor, y más bien retorciéndonos los sentidos de a pocos.    
Ruidos inconexos discurren por algunos segundos antes que las exaltadas percusiones y volátiles guitarras de “Inviernos”, nos pateen los sesos, saltando influencias Maiden de inmediato, y esos instantes donde nos refriegan en nuestras caras con sus guitarras, percusión y voces “Inviernoooo…”, resultan realmente abrasivos. Luego cuando ensayan ese ascenso de ásperos riffs, nos entrega a la euforia. Sin duda, uno de nuestros episodios favoritos del álbum.      
“Navegante” arranca con una etérea ambientación, donde se dejan escuchar arpegios y riffs transcurriendo en el vacío, pero luego al conectarse con la batería, fluye un enfermo riffs y el “fuzz” rajando estructuras. La garagera “Esclavo”, es otro viaje en ácido, donde se desatan furiosas guitarras, de adictivos punteos que nos retuercen una y otra vez, además de sus vertiginosas percusiones. Para cerrar, la sesión rítmica de “Andas por andar”, tras su confuso arranque, resulta espectacular, imposible no ensayar una endiablada danza con tremendo juego de punteo y batería, para luego narcotizarnos con siderales “wah-wah” y voces atmosféricas que terminan por alterarnos aún más. Esplendido final para nueve cañonazos directos al cerebro.
“Cosmos” es un registro corrosivo, enajenado, que apasiona de principio a fin, que es imposible no conectarlo con nuestros recuerdos del heavy de los 70s y la psicodelia de finales de los 60s. Estamos ante uno de los mejores discos del año, pues tan pocas veces en los últimos años, un trabajo de este género nos ha provocado un tremendo desmadre en nuestros sentidos.  

viernes, 19 de octubre de 2018

CÍRCULO:TRIBU. Reseña


CÍRCULO
TRIBU
(2018)
Resulta sorpresivo el advenimiento de este álbum debut del dúo conformado por Richard Nossar y Yazmín Cuadros, sobre todo por los antecedentes sonoros del guitarrista, quien ha ensayado con sus bandas Matus y Atropello!!, con algunos de los estilos más duros del “rock”, mientras que en esta ocasión se sumerge en la música de fusión, ecléctica y “new age” en su búsqueda de nuevos sonidos. En cambio, el bagaje de Yazmín se remonta como vocalista de Pastizal en su etapa inicial y una carrera solista bajo el nombre de Diáfana Bermellón, con el que ha hecho música y performances con fuego. De esta combinación sale un disco exquisitas texturas.  
La dupla se conoce en el otoño del 2016 a través de amigos en común. En diciembre de ese año, hicieron un viaje a Chavín de Huántar para recibir el solsticio de verano y fue durante esa jornada en la que decidieron hacer un disco juntos, el mismo que empezó a grabarse a fines de ese mismo mes y cuya influencia astral se ve reflejada en varios episodios del registro.   
Una minuciosa revisión a la ficha técnica que se observa en la edición digital del disco, publicada en el bandcamp, nos testifica de los dotes multinstrumentista de ambos músicos, quienes experimentan con una generosa cantidad de instrumentos de vientos y percusión de rasgos tribales, andinos y aún de diversas etnias del mundo, como el gong, pun, bolang gu, silbato de cerámica, kaossilator, maracas, flauta doble americana nativa, flauta del búho, ocarina, secuenciador, siku, shakapa, crotales tibetanos, entre otros, sobre todo Yazmín, quien además nos conquista con su ensoñadora voz. Hay que destacar que la tarea de revisar uno por uno los instrumentos que forman parte de la música de la obra, ha enriquecido notablemente nuestros conocimientos al respecto, sacándonos en algunos casos de la ignorancia. Lo cual agradecemos al dúo.
El álbum además contó con una nutrida relación de músicos invitados:  Dante Ayala (Mridanga, khomuz, didgeridoo, percusiones andinas y wind wand), Osmar Cubillas (Bajo, voces), Hugo Elías (Bajo), Manuel Garfias (Guitarras y bajo), Rodrigo Guimoye (Djembe), desde Arequipa Cocó Herrera (Batería), Cristóbal Pérez (Saxofón) Yagat Ruiz (Djembe) Roberto Soto (Percusión), Camilo Uriarte (Bajo y teclados) y Carlos Vidal (Bajo).   
Desde el saque, la “etiqueta” de música de fusión, salta a simple vista con el introspectivo sonido de una ocarina, como preludio de “El Camino de las Luciérnagas”, para luego desfilar instrumentación étnica para transformar el tema en una pieza que irradia misticismo, donde la ensoñadora voz de Yazmín, flota sobre cuerdas vernaculares, relatándonos su relación con la madre tierra, hasta que se ralentiza en pos de un tibetano final. Prosigue, “Llegando al Sol”, tema de guitarras “heavy”, que no encaja con el resto de la obra, no porque no se trate de una buena canción, sino porque creemos que se emparenta más con el repertorio de Matus, y no con el resto de Círculo.  
Foto: Richard Nossar
La etérea voz de Yazmín, sobre melodías mágicas, resultan sedantes en la onírica “Oiré”. Los enigmáticos teclados de Nossar mutando hacia sonoridades psicodélicas suenan delirantes en “After Dark”, donde el músico, con claustrofóbica entonación, da lectura a un texto que resulta ininteligible, en medio de un ambiente siniestro y dramático, para también transitar sonidos tensos e intrigantes, dejando para su final un solo de saxofón que consigue poner aún más densa la atmosfera experimentada, consiguiendo toda esa oscura instrumentación uno de los mejores momentos del registro.  
De los ambientes de metrópoli nebulosa en “After Dark”, pasamos a la exótica “Todos los Jaguares (Canto para Yana)” con la etérea voz de Yazmín, yuxtaponiéndose a la textura de percusiones tribales, entre otros instrumentos de viento, otorgándole al corte orientaciones amazónicas y hasta se podría decir cierta ambientación chamanística. Luego, la atmosférica “Viento”, cuyas melodías en ascenso, encabezada por sus intensos teclados, junto con el esplendoroso y épico canto de Yazmín, nos vuela los sentidos, poniéndonos en trance, en una marcha en franco ascenso hacia los cielos. En “Nube Roja”, sus teclados ensayando notas simples, pero efectivas, para aunarse con percusiones tribales logran hipnotizarnos de principio a fin a lo largo de su extensa duración, culminando con un delirante solo de órgano.  
Finalmente, el suave crujir de las olas que se dejan escuchar en “Dice Ser”, resulta arrullador, junto a las cuerdas acústicas y la cándida, pero a la vez espectral voz de Yazmin. Breve, pero contundente colofón para este disco que durante varios pasajes adquiere una ambientación ritualista.
Un gran trabajo de la dupla, donde su experimentación sonora logra escavar en las profundidades de nuestra alma, conducirnos por senderos inhóspitos y por momentos hacerlos levitar en pos de atmósferas oníricas. Su respectiva edición en disco compacto, que estará a cargo de los sellos Catrina Records y Luna Pagana, está planificada entre fines de octubre y los primeros días de noviembre.