jueves, 8 de noviembre de 2018

TUTAMANTA: BRAGEIKI. Reseña

TUTAMANTA
BRAGEIKI
SUPERSPACE RECORDS
(2018)
Las influencias vernaculares, electrónicas y experimentales de Braigan Vega, Aka Brageiki, lo ha llevado a concebir una serie de peculiares obras vanguardistas como El Espejo de la Iris (2014), Wayta (2015) y su nuevo trabajo Tutamanta, no es la excepción. La simbiosis sonora que ensaya para concebir delirantes texturas, resulta excepcional. En esta nueva aventura, las cuerdas andinas, como la del charango, emprenden vuelo sobre etéreas ambientaciones. Logrando que sus reflexivas sonoridades
consigan efectos purificadores sobre su oyente.
Y es que en esta ocasión pareciera que el músico del cono norte de Lima, radicado en Ayacucho, ha bosquejado sus piezas para sacar al oyente de sus vicisitudes mundanas y a través de parajes sonoros de rasgos andinos y experimentales, ofrecerle solaz.  
Unos sigilosos “loops” dan paso a las bellísimas sonoridades que emanan de su charango en la inicial “Anqasnina”, cuyas emotivas cuerdas flotan sobre mareas etéreas, con incursiones espontaneas de quenas. Luego, en “Atardecer para una noche” su respectivo “beat” y percusiones minimalistas se desplazan sobre enigmáticos teclados, para proseguir con sintetizadores disonantes que se retuercen sobre ambientaciones de desértico IDM en “Infrazul”, cuasi ambientando contactos con “seres del tercer tipo”.        
En “Pukaray”, los reconfortantes punteos del charango, embargándonos de nostalgia, son acompañados por sutiles sintetizadores. Sigue la misteriosa “Luna nueva para el Perú”, donde una singular instrumentación andina de vientos, apoyada por efectos sonoros, nos transportan por inhóspitos parajes. Más sonoridades vernaculares, dispuestas a apaciguar el alma, hacen su aparición en la relajante “Wayrasqa”, cuyas ambientaciones espaciales nos trasladaran por las alturas andinas. Mientras que lo más caótico del álbum lo presenta “Recónditos espacios”, con una serie de irritantes sonidos, logrando momentos de enigmático y enloquecido ruidismo.
En “Purikuq”, resonantes acordes y punteos de charango, nos vuelca hacia la añoranza, en medio de ambientes atmosféricos, donde imperceptibles “feedbacks” hacen su incursión. Unos sugestivos comentarios sobre sonidos de vanguardia, como la electrónica versus el rock, se dejan escuchar en “Todo está químicamente planeado”, sucediéndole de inmediato un inquietante “loop”, con lúdicos sintetizadores y cajas de ritmo de por medio. Más ecléctica electrónica se exhibe en la ondulante “Solo cierra el diafragma”, cuyos pads y teclados resultan hipnóticos.  Por esa vertiente electro, transita la introspectiva “La procesión del tono”, como pista de cierre, donde nuevamente se unen minimalistas caja de ritmo con intensos teclados.
Si bien, Tutamanta parte de sonoridades de rasgos andinos para lograr efectos catárticos, su electrónico trayecto final, consigue los mismos resultados. Es un disco que te envuelve y conmueve con sus reconfortantes ambientaciones, consolidando a Brageiki como uno de los exponentes más notables de la música de fusión de nuestro medio.

martes, 6 de noviembre de 2018

MIGUEL UZA: MIGUEL UZA. Reseña

MIGUEL UZA
MIGUEL UZA
(2018)
Después de varios años de silencio, Miguel Uza (Ex Ray-O-Bac e Ipadmorita) vuelve al ruedo con un trabajo en solitario donde explora a más no poder con las guitarras, siendo acompañado en los arreglos sonoros por el Astronaut Project y ex Abrelatas “Kaboogie” (Bajo, guitarra acústica, guitarra eléctrica, mini moog y coros), el baterista de El Hombre Misterioso, Santiago Pillado-Matheu y su ex compinche de banda, Zetangas en las guitarras del tema final “Soundcheck #2”, entre otros músicos, quienes aportaron su respectiva cuota para enriquecer su experimental registro.
Las cuerdas se convierten en el personaje principal de la obra de Uza, siendo el anárquico desfile de guitarras, a lo Sonic Youth, emprendido en la toma inicial, “CI-7499”, un corolario de ello. Si bien, la pieza por momentos muta para armonizar una cálida melodía, luego se intercambian silencios con golpes certeros de percusión y arreglos de distorsión. Prosigue el entusiasta “noise pop” de “Días de radio”, en medio de una encrucijada de guitarras. Seguidamente, las guitarras introspectivas e inconexas de “Dan y Nancy” resuenan a través de su lánguido periplo, transitando sobre ellas el relato “Si me necesitas llámame” de R. Carver, con arreglos de Uza, Kaboogie y Pillado-Matheu y “narrado” por Valentín Yhosimoto, donde también incursionan abruptas percusiones, alternando sonoridades dinámicas con reflexivas.   
En la delirante “Latidos en la sien”, Uza presenta guitarras rítmicas, que conciben ruidos y melodías de corte más bailable. Luego, sutiles cuerdas de rasgos resonantes deambulan en medio de feedbacks y melodías nostálgicas en “Lo más cerca de la paz”, al asomarse “Sin título #2” el panorama se torna un poco más cromático y alegre, para luego tornarse misterioso con “La teoría de la omisión”, donde Neto Pérez en las secuencias, mientras que el pop “lo-fi” de “Todo sigue igual” me recuerda a los queridos Eructo Maldonado, cuyo monologo, cual proclama, se enreda con un caótico paraje de guitarras.
Finalmente, los estallidos “noise-pop” de “Imitando a la realidad” saltan en medio de una atmosfera lánguida, y la extensa “Soundcheck #2 (Bonus track)”, se convierten en casi quince minutos de improvisaciones, delirios, devaneos, alucinaciones y visiones guitarreras, donde Uza está secundado por el buen Zetangas.   
El disco, grabado y mezclado entre setiembre de 2017 y marzo de 2018, renueva la propuesta experimental del músico radicado en Barcelona desde el 2003, sobre todo en tiempos donde resulta poco probable disfrutar de obras de este corte en nuestro medio. 


jueves, 1 de noviembre de 2018

WONDERFUL DISASTERS: THE TERRORIST COLLECTIVE. Reseña.

WONDERFUL DISASTERS
THE TERRORIST COLLECTIVE
Necio Records
(2018)
¿Cómo catalogar la música que ensaya TTC?, ¿Ruidos y gritos dispuestos a alterar tu estado de ánimo?, ¿Sonidos pro-terror o pánico sonoro? O música del inframundo. Sea lo que fuere, su nueva producción “Wonderful Disasters” reúne nueve petardos directos al sistema nervioso, donde las desaforadas voces de infarto en el arranque de “Cheto-Slovakia” realmente suenan espeluznantes y sientan la base de la obra, así como sus delirantes guitarras de rasgos atmosféricos.
Israel (Guitarra, voces, efectos, ruidos, juguetes, flauta, samples, sonajes y cuernos de cabra), Ele (Bajo, voces, guitarra melódica, efectos y ruidos) y Arturo (Batería) son los tres cómplices que bajo el nombre de The Terrorist Collective confabulan para crear sendas ambientaciones infernales, donde impera la violencia, el caos y el desmadre, aunque no todo resulta infernal, pues el  trío exhibe en varios episodios del mismo,  sobre todo en los temas instrumentales, sugestivas dosis de “math rock”, “progre” y psicodelia.
Foto: Facebook/TTC
Las sombrías ambientaciones de “Madman” resultan pavorosas, aún más los gritos demoniacos ensayados, concibiendo una atmosfera criptica para esta pieza que pareciera ideada para un macabro film. Posteriormente unos juguetones teclados de otorgan un toque más lunático al tema. En “Cult of Cut” nuevamente las voces desaforadas asoman para flotar sobre una amalgama de guitarras y percusiones que por momentos practican improvisaciones.
En la instrumental “Geopolitical Caos”, sus distorsiones, punteos, arreglos e improvisaciones de guitarras, así como ensordecedores redobles están dispuestos a partirnos la madre, en una confusa ambientación. Luego una melódica línea de guitarra, pero de rasgos “embrujados” e hipnóticos, apoyados sobre murallas de “feedbacks” mutarán hacia ambientes “shoegaze” en la delirante pieza que de nombre al disco. En medio de todo esto, transita los monólogos de la invitada Fátima, cuyas liricas fueron compuestas por ella misma de manera espontánea. Continua el rock garaje de “Phoenicopterus”, la abrasiva “Cretin Child” cuyas portentosas percusiones, efectos de “delay” y rabiosas voces de ultratumba, nos sacuden de un lado a otro, para sobre el final entregarnos a guitarras de borrasca.
Para el tramo final, unos exaltados platillos y el sonido retumbante del gong, nos generan sobresaltos en la atmosférica “Tornado”, donde se asoman gritos desde el averno y una embriagadora ambientación que sale disparada como una aplanadora sin control dirigidas por tétricas cuerdas; audios ininteligibles preceden a unos áspero riffs, en la portentosa “Posesión Demoníaca”, donde sonajeros de estaño, transitan a lo largo del corte y sobre el final afloran gritos demoniacos, en medio de una corrosiva marcha.
En suma, Wonderful Disasters es un trabajo que resulta apasionante, cuyos momentos cumbres se sostienen en sus densas combinaciones de gritos, ruidos y tambores fluyen vertiginosamente. The Terrorist Collective sale bien librado en su nueva jornada por el averno.

lunes, 29 de octubre de 2018

CÁBALA: ARTAUD. Reseña

CÁBALA
ARTAUD
Necio Records
(2018)
El mes pasado se lanzó este disco debut del proyecto del trujillano Erick Baltodano, quien ya ha editado otros trabajos bajo el nombre de Artaud, pero con diferentes alineaciones. En esta oportunidad se une a Teté Leguía (Bajo) Martin Escalante (Saxo), Israel Tenor (Batería) y Juan Francisco Ortega (Teclado) para sonorizar, por encontrarle alguna manera a la descripción de su trabajo experimental, el relato “de la vida, pasión, muerte y resurrección de caballos”.
“Cábala” es un complejo disco instrumental, de sonidos, que en algunos pasajes alcanzan niveles, que pueden resultar extremos para oídos no familiarizados con lo realizado por integrantes de este nuevo combo, como Tete Leguía o Martín Escalante.
Este álbum conceptual, dividido en dos actos, el primero de ellos, denominado “Cábala”, se trata “de [un]caballo joven, que totalmente desbocado sale por el campo a probar su salvaje carrera, sin límites.”  Quizás por ellos se deba su cúmulo de sonidos desorientados, prisioneros de la improvisación, donde el trabajo del saxofonista Martín Escalante resulta fenomenal, recreando lo que, si no me equivoco, sería el relinchar del caballo, sus emociones, peligros y su agonía, sonando hiriente y cruda. Otro punto alto, es la del bajista Tete Leguía, sacudiendo su bajo oportunamente en los momentos donde la tensión tiene que asomarse. Además del resto de la banda, creando esa ambientación “free-jazz” que resulta atractiva a lo largo de sus veinte minutos de duración.
En el texto de Pablo Picco (Ø+yn y otros proyectos) que figura en el “booklet” que acompaña al disco, no puede precisar de mejor manera el accionar de Artaud durante el primer episodio: “El quinteto Artaud muestra una nueva forma y manera de teletransportar el jazz o el free o el cadáver o el sol o la figura del bajo equilátero sangrando o la marioneta apaciguada de los instrumentos…”.
Un desolador teclado y enrarecidos sonidos sirven de interludio entre ambos actos. El segundo llamado “Réplica”, trata sobre “un caballo viejo que sabe va a morir, pero está tranquilo porque se unirá a la tierra, que conoce y reconoce como suya”. De ahí que su ambientación es más calmada, resignada, alejada de la agitación experimentada en el anterior acto, pero con el trascurrir de los minutos, sus resonantes guitarras, cadente bajo y redobles de percusión tornan más densa la atmósfera, volviéndose a escuchar el crudo relinchar del caballo, hasta que la extraña musicalidad impuesta por el quinteto se “evapora”, para dar paso a un sosegado final.

COSMOS:RITO VERDUGO. Reseña

COSMOS
RITO VERDUGO
Necio Records
(2018)
Observamos con agrado que en los últimos años van haciendo su aparición dentro de la escena “stoner”, un singular número de destacadas bandas como El Jefazo o Ancestro, y los jóvenes Rito Verdugo con su placa debut “Cosmos”, no son la excepción, menos densos que sus colegas mencionados, pero más frenéticos y atmosféricos que estos, además su música exhibe mayor cercanía con el “heavy metal”.
Rodrigo Chávez (Guitarra y voz), Luis Rodríguez (Batería), Carlos Del Castillo (Bajo) y Álvaro Gonzales Del Valle (Guitarra) formaron Rito Verdugo el año pasado (aunque sus ensayos datan desde el 2011), y desde entonces no han parado de tocar, siendo convocados para abrir el próximo concierto de Earthless en Lima, este once de noviembre.
La inicial “Sombras”, con su retorcido riffs y portentosos redobles con coge del cogote para arrojarnos a un ambiente visceral de robustas melodías plenas de frenesí y psicodélicos punteos. Luego en “Cosmos”, un macizo preámbulo nos expulsa hacia una vorágine de distorsiones y corrosivas cuerdas, donde la adrenalina fluye a mil, para posteriormente ser atrapados por sus guitarras siderales y más tambores reventándonos los oídos. Un caótico preludio precede a los pesados guitarrazos de “Inerte”, mutando en pos delirantes arpegios que se intercambian sendos golpes de batería.    
Foto: Facebook de RV
En “Resurrección”, somos capturados por unos lisérgicos punteos a lo Black Sabbath, y una “destructora” percusión que en conjunto emprenden una galopante marcha. “Prisionero”, nos presenta nuevamente esa adictiva composición en base a un sólido engranaje de guitarras, en esta ocasión marcando de manera desacelerada, pero sin perder un ápice de vigor, y más bien retorciéndonos los sentidos de a pocos.    
Ruidos inconexos discurren por algunos segundos antes que las exaltadas percusiones y volátiles guitarras de “Inviernos”, nos pateen los sesos, saltando influencias Maiden de inmediato, y esos instantes donde nos refriegan en nuestras caras con sus guitarras, percusión y voces “Inviernoooo…”, resultan realmente abrasivos. Luego cuando ensayan ese ascenso de ásperos riffs, nos entrega a la euforia. Sin duda, uno de nuestros episodios favoritos del álbum.      
“Navegante” arranca con una etérea ambientación, donde se dejan escuchar arpegios y riffs transcurriendo en el vacío, pero luego al conectarse con la batería, fluye un enfermo riffs y el “fuzz” rajando estructuras. La garagera “Esclavo”, es otro viaje en ácido, donde se desatan furiosas guitarras, de adictivos punteos que nos retuercen una y otra vez, además de sus vertiginosas percusiones. Para cerrar, la sesión rítmica de “Andas por andar”, tras su confuso arranque, resulta espectacular, imposible no ensayar una endiablada danza con tremendo juego de punteo y batería, para luego narcotizarnos con siderales “wah-wah” y voces atmosféricas que terminan por alterarnos aún más. Esplendido final para nueve cañonazos directos al cerebro.
“Cosmos” es un registro corrosivo, enajenado, que apasiona de principio a fin, que es imposible no conectarlo con nuestros recuerdos del heavy de los 70s y la psicodelia de finales de los 60s. Estamos ante uno de los mejores discos del año, pues tan pocas veces en los últimos años, un trabajo de este género nos ha provocado un tremendo desmadre en nuestros sentidos.  

viernes, 19 de octubre de 2018

CÍRCULO:TRIBU. Reseña


CÍRCULO
TRIBU
(2018)
Resulta sorpresivo el advenimiento de este álbum debut del dúo conformado por Richard Nossar y Yazmín Cuadros, sobre todo por los antecedentes sonoros del guitarrista, quien ha ensayado con sus bandas Matus y Atropello!!, con algunos de los estilos más duros del “rock”, mientras que en esta ocasión se sumerge en la música de fusión, ecléctica y “new age” en su búsqueda de nuevos sonidos. En cambio, el bagaje de Yazmín se remonta como vocalista de Pastizal en su etapa inicial y una carrera solista bajo el nombre de Diáfana Bermellón, con el que ha hecho música y performances con fuego. De esta combinación sale un disco exquisitas texturas.  
La dupla se conoce en el otoño del 2016 a través de amigos en común. En diciembre de ese año, hicieron un viaje a Chavín de Huántar para recibir el solsticio de verano y fue durante esa jornada en la que decidieron hacer un disco juntos, el mismo que empezó a grabarse a fines de ese mismo mes y cuya influencia astral se ve reflejada en varios episodios del registro.   
Una minuciosa revisión a la ficha técnica que se observa en la edición digital del disco, publicada en el bandcamp, nos testifica de los dotes multinstrumentista de ambos músicos, quienes experimentan con una generosa cantidad de instrumentos de vientos y percusión de rasgos tribales, andinos y aún de diversas etnias del mundo, como el gong, pun, bolang gu, silbato de cerámica, kaossilator, maracas, flauta doble americana nativa, flauta del búho, ocarina, secuenciador, siku, shakapa, crotales tibetanos, entre otros, sobre todo Yazmín, quien además nos conquista con su ensoñadora voz. Hay que destacar que la tarea de revisar uno por uno los instrumentos que forman parte de la música de la obra, ha enriquecido notablemente nuestros conocimientos al respecto, sacándonos en algunos casos de la ignorancia. Lo cual agradecemos al dúo.
El álbum además contó con una nutrida relación de músicos invitados:  Dante Ayala (Mridanga, khomuz, didgeridoo, percusiones andinas y wind wand), Osmar Cubillas (Bajo, voces), Hugo Elías (Bajo), Manuel Garfias (Guitarras y bajo), Rodrigo Guimoye (Djembe), desde Arequipa Cocó Herrera (Batería), Cristóbal Pérez (Saxofón) Yagat Ruiz (Djembe) Roberto Soto (Percusión), Camilo Uriarte (Bajo y teclados) y Carlos Vidal (Bajo).   
Desde el saque, la “etiqueta” de música de fusión, salta a simple vista con el introspectivo sonido de una ocarina, como preludio de “El Camino de las Luciérnagas”, para luego desfilar instrumentación étnica para transformar el tema en una pieza que irradia misticismo, donde la ensoñadora voz de Yazmín, flota sobre cuerdas vernaculares, relatándonos su relación con la madre tierra, hasta que se ralentiza en pos de un tibetano final. Prosigue, “Llegando al Sol”, tema de guitarras “heavy”, que no encaja con el resto de la obra, no porque no se trate de una buena canción, sino porque creemos que se emparenta más con el repertorio de Matus, y no con el resto de Círculo.  
Foto: Richard Nossar
La etérea voz de Yazmín, sobre melodías mágicas, resultan sedantes en la onírica “Oiré”. Los enigmáticos teclados de Nossar mutando hacia sonoridades psicodélicas suenan delirantes en “After Dark”, donde el músico, con claustrofóbica entonación, da lectura a un texto que resulta ininteligible, en medio de un ambiente siniestro y dramático, para también transitar sonidos tensos e intrigantes, dejando para su final un solo de saxofón que consigue poner aún más densa la atmosfera experimentada, consiguiendo toda esa oscura instrumentación uno de los mejores momentos del registro.  
De los ambientes de metrópoli nebulosa en “After Dark”, pasamos a la exótica “Todos los Jaguares (Canto para Yana)” con la etérea voz de Yazmín, yuxtaponiéndose a la textura de percusiones tribales, entre otros instrumentos de viento, otorgándole al corte orientaciones amazónicas y hasta se podría decir cierta ambientación chamanística. Luego, la atmosférica “Viento”, cuyas melodías en ascenso, encabezada por sus intensos teclados, junto con el esplendoroso y épico canto de Yazmín, nos vuela los sentidos, poniéndonos en trance, en una marcha en franco ascenso hacia los cielos. En “Nube Roja”, sus teclados ensayando notas simples, pero efectivas, para aunarse con percusiones tribales logran hipnotizarnos de principio a fin a lo largo de su extensa duración, culminando con un delirante solo de órgano.  
Finalmente, el suave crujir de las olas que se dejan escuchar en “Dice Ser”, resulta arrullador, junto a las cuerdas acústicas y la cándida, pero a la vez espectral voz de Yazmin. Breve, pero contundente colofón para este disco que durante varios pasajes adquiere una ambientación ritualista.
Un gran trabajo de la dupla, donde su experimentación sonora logra escavar en las profundidades de nuestra alma, conducirnos por senderos inhóspitos y por momentos hacerlos levitar en pos de atmósferas oníricas. Su respectiva edición en disco compacto, que estará a cargo de los sellos Catrina Records y Luna Pagana, está planificada entre fines de octubre y los primeros días de noviembre.

viernes, 21 de septiembre de 2018

IN EVENT OF MOON DISASTER/ BLUE VELVET. Reseña

IN EVENT OF MOON DISASTER
BLUE VELVET
Buh Records
(2018)

Las voces etéreas que ensaya Noelia Cabrera (Kusama, The Underground Parties, Perra Vida y quién sabe, qué otros proyectos tendrá en mente), junto a los intensos teclados de rasgos “synthwave” que experimenta Antonio Ballester, consiguen una atractiva sinergia sonora bajo el rótulo de In Event Of Moon Disaster (nombre adoptado de “una carta que le enviaron a Neil Armstrong en caso de que su misión a la luna hubiera fallado”), su primer disco como Blue Velvet.

El origen del dúo se remonta a un año y medio, cuya primera idea para el nombre del proyecto fue Like a Velvet Glove Cast In Iron, como la novela gráfica de Daniel Clowes, pues denotaba delicadeza y brutalidad, así como su música, pero por su extensión, lo redujeron a Blue Velvet, por la película y, de paso también para transmitir su admiración por The Velvet Underground. Luego vinieron las presentaciones en vivo, la publicación de su primer single “Tenuous Spheres”, como parte de un compilatorio latinoamericano en formato vinilo llamado Memorias de un Continente 2, y recitales en festivales, para en paralelo ir trabajando en el estudio lo que sería este primer álbum, que contó con la participación  de Mario Silvania como productor.  

Foto: Facebook del dúo
Entre las influencias confesas por el propio dúo capitalino, figuran Linea Aspera, Cocteau Twins, Silvania y Ciëlo, aspecto que se ve reflejado a través de su dualidad sónica, no solo circunscrita en las capas de voces y los ambientes “darkwave”, sino en la mistura de sintetizadores analógicos y digitales, además de su combinación de sonoridades rítmicas con claroscuras, pero si hay otro acto con el que podríamos emparentar la música de los Blue Velvet, sería con los americanos de Chromatics.

“Tenuous Spheres” es la pista que da marcha al registro retrofuturista de los limeños, cuyas progresivas y repetitivas líneas de sintetizadores, acompañadas por bajos y compactas percusiones, suenan adictivas, además de sus penetrantes teclados que se tornan misteriosos hasta colindar con lo fúnebre conforme avanzan los minutos, uniéndose a la enigmática voz de Noelia, dolorosos y etéreos susurros yuxtapuestos, consiguiendo un impecable arranque.

Foto: Facebook de Blue Velvet
Los cósmicos y magnéticos sintetizadores de “Dark Moon”, nos transportan hacia los ochentas e introduce a un añejo ambiente cibernético, donde la flotante voz de Noelia nos mantiene hechizados a lo largo de este correcto corte de “ethereal wave”. Retumbantes cajas de ritmo, cuasi artesanales, con metales sacudiéndose al inicio, preceden a los intensos teclados, por donde desfilarán campanas, voces pregrabadas (y volátiles) y otros ruidos aleatorios, alcanzando niveles atmosféricos en “Like a Velvet Glove”.

Nuevamente sonidos metálicos se asoman en “A Strange Face in The mirror” para una vez eclipsados por sus hipnóticos “loops”, ondulante electrónica nos sacuda los sentidos, teniendo a percusiones espectrales de fondo, voces y susurros etéreos en todo lo alto, apoderándose de nuestras mentes, enriqueciendo aún más su textura, unas saturadas notas de sintetizador, llevándonos de regreso al “synth pop” 80s, consiguiendo un  cruce de melodías posmodernas, alterando nuestras emociones. Estas bellas sonoridades persistirán con “Ghost Breath”, tema que guarda deudas con Ciëlo, combinándose con ecos de voces, percusiones, cajas de ritmo, lúdicos teclados, todos de estética “lo-fi”, que sucumbirán hacia un ambiente distorsionado.  

Foto: Facebook de Blue Velvet
Sintetizadores fluctuantes, evocando influencias Kraftwerk, y de trazos industriales, desfilan en la techno “Under Your Spell”, con la voz de Noelia creando diversas capas sonoras.  Yendo hacia horizontes más densos, se perfila “Feuer”, donde los Blue Velvet, nos presentan su lado más áspero  y crudo, merced de sus vigorosos “loops”, macizos golpes de latitudes EBM, saturaciones y distorsiones de sintetizador, dispuestos a ponernos en trance. En esa onda experimental, por la que transita el disco a estas alturas, aparece “Moon Disaster”, con sus misteriosas voces como si fueran reproducidas a través de equipos de radio, alternándose con otras de rasgos delicados sobre melodías enigmáticas, acompañadas por resonantes arpegios. Sigue la remezcla realizada por Mario Silvania para “A Strange Face in The mirror”, que podríamos considerarla como su reaparición discográfica, donde el productor se manda con una versión etérea y minimalista en contraste con su dancística versión primaria, haciéndonos recordar al repertorio que formó parte del epílogo de Silvania.

Foto: Facebook de Blue Velvet
Concluye, “Hell By your side” cuyos relajantes sintetizadores, de características espaciales, cercanos al “ambient music”, junto con el onírico ejercicio vocal de Noelia, resultan sedantes, poniendo broche de oro a una sugestiva obra electrónica, que con el pasar de las pistas, va de lo, llamémosle convencional, a lo más arriesgado.

Sin duda, se tratan de diez temas fascinantes, donde las sonoridades luminosas conviven con la oscuras de manera perfecta, cuya versión en vinilo será lanzada en el mes de noviembre vía Buh Records. Mientras tanto, el siguiente proyecto del dúo es su participación en el disco tributo a Silvania “¿Cuánta distancia hay entre tu alma y el sol?”, donde nos entregarán un “rework” del tema “Solineide”.