miércoles, 15 de abril de 2015

EAST INDIA YOUTH: “EL RESULTADO FINAL NO ERA LO QUE ESTABA EN MENTE”

CULTURE OF VOLUME
EAST INDIA YOUTH
XL RECORDING
(2015)
Cuando William Doyle exterminó Doyle & The Fourfathers también se alejó de las guitarras para refugiarse a un teclado portátil y ensayar durante horas nuevos sonidos, presentándose bajo un renovado nombre, East India Youth, y presentarnos el 2014 el mejor álbum debut que haya salido del Reino Unido, Total Strife Forever, ganador del barclaycard Mercury Prize, donde el músico exploró con versátiles sonoridades electrónicas, creando sonidos atmosféricos, siniestros y futuristas, logrando piezas para la relajación “ambient”, de influencias Eno, así como otras para la pistas de baile, donde confluía lo espacial con lo íntimo.  
Toda aquella experimentación con sintetizadores y percusiones programadas resultó hipnótica y nos dejó en latente espera con respecto a lo que el inglés podría ofrecernos a futuro. Casi un año después Doyle nos entrega Culture Of Volume, lanzado el pasado 6 de abril a través de su nuevo sello, XL Recording.
Al igual que su anterior trabajo, el disco fue grabado y producido por el propio músico en su hogar de Londres, que a decir de sus liricas “el resultado no era lo que estaba en mente en un comienzo”, ¿cuál habría sido el planteamiento inicial del proyecto? Solo su creador lo sabe, pues en este nuevo álbum Doyle se apoya mayormente en sonidos más discotequeros y frenéticos, sostenidos por un sinfín de murallas de ruidos electrónicos, pero que en medio de ellas siempre sobresale la cristalina, cálida y por momentos angelical voz de “niño bueno” de su compositor, la compañera ideal para ser más atrayente su propuesta musical.    
En Culture Of Volume la electrónica se colude con lo sombrío a través de ritmos propios de clubes techno para conducirnos por las sendas del delirio, pero para nada embargados por la frivolidad y lo profano sino a través de sus liricas atacarnos de nostalgia, mostrándonos sentimientos descorazonados y luminosos como en “Carrousel”, en medio de tanto sintetizador embriagador. COV  cuya  portada se asemeja a la de anuario de escuela secundaria, pareciera un tributo a los héroes de la vanguardia art-electro-pop: Warhol, Eno, Pet Shop Boys y Bowie.
El álbum se inicia con la instrumental “The Juddering” cuyas aplastantes y ensordecedoras secuencias cíclicas de abstractos ruidos electrónicos van alterando nuestros sentidos, toda esa maciza sonoridad irá mutando  hacia sonidos de densos teclados  que terminará por transformarse en unos golpes “poperos” de piano que se entrelazarán con percusiones y beats atemporales en “End Result”, creando seductores ambientes de intriga y suspenso. Sintetizadores con el volumen al tope y otras herramientas electrónicas nos llevan hacia el frenetismo “trance” en “Beaming White”, ocasionando sensaciones psicodélicas teniendo en medio la interpretación delicada y cándida de Doyle, tema que exhibe claras influencias Pet Shop Boys.   
El promocionado single “Turn Away”, nos atrapa y conduce hacia sutiles atmósferas gracias a su confortable “suavidad” electrónica, que se irá convirtiendo en ambientaciones futuristas y espaciales. Doyle sabe cómo hipnotizarnos y en “Hearts That Never” saca todo el arsenal, pues sus palpitantes y acelerados beats sirven de plataforma perfecta para que se desplacen sus avasalladores sonidos computarizados que irán moliendo nuestro sentidos entregándonos hacia el frenesí, en donde la “tierna” voz del artista trata de “ablandar”  en algo tanta rudeza dancística, que por un momento cambiará hacia sonoridades minimalistas pero que cuando menos lo pensamos el músico vuelve a hacernos “despegar” con sus artilugios “electro”, construyendo con toda esa amalgama de sonidos electrónicos seis extensos minutos de éxtasis “dance”. Sin darnos cuenta ingresa “Enterity”, más flagelación de instrumentación electrónica para el cuerpo, simple y efectiva, que por momentos nos dará treguas con sonoridades “ambient” más reposadas.
Tras tanto jolgorio, viene mi canción favorita del álbum, “Carrousel”, hermosísima pieza edificada por ambientaciones de teclados y sintetizadores, que junto a la espacial y dramática interpretación de Doyle, se asemeja a una panorámica de bellos paisajes vespertinos, toda una caricia para el alma y que por momentos nos hace intentar ensayar la levitación. Emotiva y conmovedora.  
En “Don’t Look Backwards” carismáticos sonidos nos van “jalando” hacia ambientes místicos que por momentos adquiere tientes “mantra”. La melódica “Manmner Words”, la pieza más prolongada del disco, 10’18’’, posee unas particulares sonoridades electrónicas de manera replicantes y ondulantes, que nos ánima a  ensayar ciertos pasos de valz, conduciéndonos hipnóticamente hacia sensaciones delirantes que desembocarán hacia una atmósfera densa, tensa y misteriosa, sumándose insoportables ruidos sobre el cierre. Finalmente en “Montag Resolution” nos ofrece los pasajes más “ambient” del disco, golpes sintetizados cuasi metálicos van sucediéndose progresivamente hasta desvanecerse.   
Doyle nos ha vuelto a cautivar con su delirante propuesta, donde nuevamente nos hace convivir lo festivo con nuestro lado más íntimo y  hacer de la nostalgia algo para el disfrute.


Disfruta el álbum completo aquí: 





  


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