jueves, 31 de diciembre de 2015

LOS MEJORES DISCOS MUNDANOS DEL 2015 - Parte II (29-22)

Siguiendo con los aspectos positivos del panorama internacional durante este año, destacar el retorno sorpresivo de Wilco, presentándonos su versión más rockera, así como los escoceses de Belle & Sebastian mostrándonos su lado más “dance”. El post-punk revival de The Soft Moon o el shoegaze sideral presentado por No Joy. Las consolidaciones de Madjical Cloudz, Twin Shadow, Holly Herdon y East India Youth. El polémico Mark Kozelek metiéndole distorsión a su tradicional sonoridad acústica o el redescubrir a los Inventions,  a quienes descartamos el año pasado con su tibio debut . A horas de comenzar el 2016, aquí la segunda parte de nuestro recuento mundano.     

29
GHOST CULTURE
GHOST CULTURE
Phantasy Sound
El proyecto personal del DJ londinense James Greenwood, nos ofrece en su debut un contundente festín de sonoridades electro-pop, house, synth-pop, dub, down-tempo, para ser bailadas a la luz de la penumbra, capaces de crear ambientes claustrofóbicos, espectrales y siniestros pero sin ánimo de intimidarnos, sino de ir a su encuentro sin reparos, pues el músico emplea las sonoridades 80s para recrearlas y darles vigencia a través de las 10 pistas que conforman el álbum.
Desde el saque la electrónica liquida transitando de un extremo a otro de nuestros parlantes, causando efectos hipnóticos en la sugestiva “Mouth”,  la sombría y susurrante voz (y también a lo largo de todo el álbum) de Greenwood   envuelta por una amalgama de percusiones y sonidos sintéticos resultan sedantes en “Giudecca”, los sinuosos teclados de la cautivadora  “Arms” y todavía terminaremos más atados ante sus sonoridades computarizadas, son puntos referenciales de atractivo de la propuesta del DJ.   
Ambientes íntimos se construyen para “Glaciers” y “Lying”, donde nuevamente los sonidos computarizados parecieran poblar una habitación desierta. Los parajes pasmados de “Answer”, donde no nos queda de otra que someternos a su aplastante electrónica y el cierre de corte dark-wave de “The fog”, dejándonos ciertas reminiscencias al Depeche Mode oscuro de la época del A broken Fame, son claras muestras de los ambientes oscuros, fríos y bailables que el músico es capaz de levantar gracias a su exquisita electrónica “retrofuturista”.
    

28
STAR WARS
WILCO
Dbpm
Cuatro años han pasado para que los liderados por Jeff Tweedy nos entreguen un nuevo álbum, para esta ocasión los de Chicago han esquivado las estrategias y convenciones tradicionales de marketing, apoyándose en otras, primero, lanzándolo sorpresivamente, segundo, colocándolo para libre descarga por un mes,  y tercero, ponerle un título tan en boga por estos meses y familiar para el público. Yendo al lado musical, en esta oportunidad a su ya consabido sonido, Wilco le añade texturas más rockeras que se dejan notar desde la intro “EKG”, pasando por las abrumadoras capas de feedbacks que son arrojadas en varios instantes de “More…”, las distorsiones zigzagueantes en “The Joke Explained” o sonoridades noise de “Radom Name Generator”, o las atmosféricas guitarras de “You Satellite”, o todavía más ásperas, galopantes y alucinantes en “Pickled Ginger”, hasta llegar a las rocanroleras en “Cold Slope” y “King of You”.
Esta vez los comandados por Jeff Tweedy se ponen más "duros"
De otro lado, las plácidas “Taste The Ceiling” y “Where I Do Begin” se erigen como los “lunares” de la obra, al conservar esa estética folk tan propia de la banda en medio de un mar de piezas dominadas por sólidos guitarrazos, que tranquilamente hubieran sido concebidas por actos como Sonic Youth, aunque también exhiben influencias Velvet Underground y de grupos garage rock,  y que probablemente al seguidor, amante del sonido neoclásico de sus anteriores obras les resulte un buen disco pero de los que son para completar la colección. Sin embargo para nosotros Star Wars significa un giro refrescante en el sonido de la emblemática banda norteamericana. Mención aparte para su majestuoso cierre con el delicado onirismo expuesto en “Magnetized”

27
UNIVERSAL THEMES
SUN KIL MOON
Caldo Verde Records
Mark Kozelek está prolífico. El año pasado nos entregó  el excelente Benji, puesto N° 20 en nuestro ranking anual, ahora nos ofrece Universal Themes, que si bien no llega  a los niveles de su antecesor, sí hace lo suficiente para que lo consideremos entre nuestros favoritos del 2015, pues el ex Red House Painters, persiste en sus atmósferas folk-rock, salpicadas por su amargo canto y en esta ocasión enchufándole guitarras eléctricas y subiendo el amplificador al tope, concibiendo melodías más tortuosas.
Tres magníficas piezas al hilo nos conectan de inmediato con la obra: los 9 minutos de “The Possum”, donde en medio de un amargado canto, Kozelek nos da un paseo por diversas sonoridades, desde una machacante guitarra acústica, que luego se vuelve intermitente y experimental, hasta mandarnos a una marcha folclórica de feria de pueblo; La épica “Birds of Films”, donde unas delicadas cuerdas acústica nos va meciendo y adormeciendo hasta que somos elevados por una espectacular sonoridad atmosférica  creadas por ¿mandolinas?, evocando nostálgicos parajes bucólicos; y, la furiosa “With a Sort of Grace I Walked to the Bathroom to Cry”, golpeándonos de inmediato con sus rabiosas distorsiones, que van alternándose con instante post-rock, hasta que Kozelek sobre el final decide adormecer la fiera que lleva dentro al ejecutar este tema. Hasta aquí podríamos darnos por bien servidos pero el desenfadado artista persiste en entregarnos prolongadísimas piezas que no siempre resultan efectivas,   salvo en la acosadora y espectral “Little Rascals”,  los ambientes depresivos de “Garden of Lavender”, aunque también le debieron meter su respectivo corte de minutos, o el alucinógeno “noise” de “Ali/Spinks 2”, con un Kozelek disfrazándose de Thurston More y Lee Ranaldo, demostrando  que sigue siendo un excelente narrador de historias acompañado por su guitarra, aunque este año se hizo más conocido por su polémica composición en referencia a los War On Drugs que por Universal Themes



26
MUTANT
ARCA
Mute
He aquí la alucinación, la “pastrulada” perfecta o “marcianada” surrealista del momento de la música electrónica, concebida por obra y gracia de Alejandro Ghersi, el productor de origen venezolano, el culpable de la resurrección de Björk con su magnífico Vulnicura, además de producir a FKA Twigs y Kayne West. Este alienígena sonoro, conocido bajo el alias de Arca, nos arremete a la “prepo” una hora de música quimérica a través de sus 20 delirantes piezas que te sacarán los pies de la tierra para llevarte a inhóspitos lugares o aquellos que son concebidos por la imaginación de una mente enferma. Desde el saque, su arrollador inicio con las desquiciadas “Alive” y “Mutant”, los sugestivos sonidos acosadores de “Vanity”, la vorágine maquinal y espeluznante de “Sinner” no hacen sino que experimentes zozobra, paranoia, pero toda esta obra ¿no significará acaso la encarnación de lo repulsivo e incómodo  que resulta cohabitar con este mundo sometido a la contaminación tecnológica y auditiva?
Más bloques macizos de ruidos electrónicos, golpes sintéticos y sonidos extremos irán desplomándose sin piedad sobre nuestros cuerpos y sentidos resultando un placentero masoquismo su escucha, que irá aligerándose para luego meternos a los oídos sonidos saturados y estridentes, pero conforme va llegándose a su final la música se tornará más densa, por ratos también harán su aparición ambientes melancólicos, sonoridades minimalistas, pero igual de intimidantes, teniendo en la discordante “Peonies” el punto final para tan complejo viaje sónico. 


25
MAGIC WHIP
BLUR
Warner Bros/Parlaphone
El tan esperado nuevo álbum de Blur tras su reunión el 2008, vio por fin la luz este año, convirtiéndose en el disco más ecléctico, experimental y psicodélico de la banda, una de las  más emblemáticas del pop británico. Sin duda, una prolongación de lo desarrollado por Albarn en su auspicio debut solista, donde los músicos experimentan a su antojo con múltiples sonoridades apelando a las libertades y licencias que solo la fama y los años pueden otorgar.
Los Blur han explorado hacia sonoridades sinfónicas y electrónicas, así como también la recolección de elementos dub, jazzísticos y orquestales, atreviéndose a ir más allá de sus límites. 
Abre el disco la nostálgica “Lonesome Street”, un resumen perfecto de las sonoridades exploradas por la banda a lo largo de su carrera, pop ligero y listo para el consumo. “New World Towers”, da un vuelco en dirección opuesta con su antecesor,  ofreciéndonos ambientes introspectivos  con ciertos rasgos orientales, coqueteos de minimalismo electrónico matizados con cuerdas acústicas y el apesadumbrado canto de Albarn. Los sugestivos riffs y distorsiones de Coxon, la maquinal percusión de  Rowtree   y la insolente voz de Albarn nos atrapan en la ruidosa “Go Out”, imposible no derretirnos ante sonidos tan adictivos. Más desfachatez es expuesta en la hibrida “Ice Cream Man”, cuyos sonidos fluctúan entre lo exótico, lo acústico y la electrónica, más eclecticismo combinándose con ciertos ambientes espectrales se exhiben en la genial “Thought I Was A Spaceman”, envolviéndonos con sus relajantes atmósferas, que sucumbirán ante la base rítmica impuesta por James en el bajo y Rowntree en la batería, y el despegue psicodélico, merced a los sonidos emitidos por la guitarra y efectos de Coxon.
En “I Broadcast”, los Blur dejan por un momento los sonidos experimentales para entregarnos  un explosivo tema pop, que nos remite a su época dorada pero solo será una pausa, pues con melancólica “My Terracota Heart” retornan a las ambientaciones introspectivas, y en la épica “There Are Too Many Of Us”, repasan sus intentos de alear su magistral pop con lo sinfónico. En la elemental “Ghost Ship”, nos entregan cálidos momentos gracias a los básicos pero a la vez hipnóticos riffs de Coxon.       
En la recta final desfilan: “Pyongyang” cuya citara china se encargan de crear una tensa y misteriosa atmosfera, para que luego unos teclados ascendentes en combinación con la voz de Albarn e indescriptibles ruidos electrónicos nos introduzcan hacia una delirante bruma psicodélica, la festiva “Ong Ong”, de peculiares voces desganadas en los coros, y “Mirror Ball” cuyas cuerdas nos hace experimentar añoranza y describirnos un frío atardecer frente al mar observando una tenue puesta del sol.
Un buen retorno de Blur, donde el eclecticismo y la variedad sonora expuesta quizás se deba a su estancia en Hong Kong al iniciar la grabación del álbum y la conducción del productor Stephen Street (The Smiths, Morrissey), el compañero ideal de los ingleses durante su época dorada. 



24
PANDA BEAR MEETS THE GRIM REAPER
PANDA BEAR
Domino
Noah Lenox, A.K.A. Panda Bear, miembro fundador de los delirantes y experimentales Animal Collective, quienes alistan nuevo disco, nos ofrece trece episodios de sonoridades disparatadas, enmarcados dentro del “cuadro” del pop-psicodélico, apelando a la electrónica para sus propósitos sonoros.
Las resonantes voces y sintetizadores del músico, construyendo una especie de plegaria introduciéndonos a un insólito ritual en “Sequential Circuits”, se convierte en un aprestamiento para colarnos en su loco mundo sonoro, donde unos ruidos enrarecidos confluyendo con la etérea voz de Lenox crean sensaciones hipnóticas en “Mr Noah”, la brevísima sonoridad lunática de “Davy Jones’ Locker” enlazándose con el sampleo a Soul Sachers en “Crosswords” nos transporta hacia relajantes parajes, mientras que el ambiente irá oscureciendo de a pocos con “Butcher Baker Candlestick Maker”.
Electrónica de rasgos EBM inician la extraordinaria “Boys Latin”, mi favorita del disco, donde esas hipnóticas onomatopeyas del buen Lenox, resultan barbitúricas. Cierta atmósfera Beatles en la marcha maquinal downtempo “Come To Your Senses”, la onírica voz de Lenox junto al sonido de una tierna arpa flotan sobre los aires brumosos de “Tropic of Cancer”, los ruidos experimentales de “Shadow of the Colosus” son un sabroso entremés para dejarnos seducir por los tiernos pianos atmosféricos de “Lonely Wanderer”, el corte house lo pondrá “Principe Real”,  finalmente los disparatados y por momentos ensordecedores sonidos de “Acid Wash” contrastarán con los angelicales coros creados por Lenox.
Lenox ha logrado juntar satisfactoriamente lo introspectivo con lo psicodélico, lo infantil con lo espacial para entregarnos pop del más psicótico y alucinado directo para las venas.   



23
GREY TICKLES, BLACK PRESSURE
JOHN GRANT
Bella unión
Se esperaba con ansias el tercer álbum del cantautor americano, ex The Czars, que fiel a su estilo se manda con una serie de ingeniosas composiciones embargadas por el humor negro y la acidez.
El ahora músico radicado en Islandia, da inicio a su disco con unos enrarecidos audios de grabaciones, que darán paso al tema que da título al álbum, cuyo arranque nos hace creer que se trata de una continuación de su hit “GMF”, pero la pieza dará otros giros sonoros; su gusto por la electrónica en esta ocasión se exhibe texturas más siniestras, tensas y retorcidas, que se prolongará en piezas como “Snug Slacks”, “Guess How I Know”, ambas de rasgos Nitzer Ebb, y la primera algo más orientada al funk , así como los guitarrazos industriales en “You & Him” o los rasgos minimalistas de “Black Blizzard” mutando hacia sonidos esplendorosos y alucinantes, incluyendo voces robóticas.
“Down Here” marcará el retorno de la guitarra acústica aliándose con sonoridades electro para entregarnos una endiosada pieza pop. Los ritmos discos de “Voodo Doll” resultan atractivos, los ambientes relajados de “Magma Arrives” sorpresivamente se ve invadido por portentosas percusiones, distorsiones, y demás sonidos tornando el ambiente más cargado. Así como las dramáticas ambientaciones de la extensa “No Tangles”, y la reposada “Geraldine”  donde unos platillos ascendentes sucumben  ante la aparición de atmosféricos teclados.   
Sin duda, a pesar de sus momentos de sosiego, estamos ante la obra más “áspera” de Grant, en virtud al poblamiento de sonoridades de maciza electrónica, dura y corrosiva, que se desplaza a lo largo del álbum. John sigues en nuestro altar.      


22
CULTURE OF VOLUME
EAST INDIA YOUTH
XL RECORDING
Al igual que su anterior trabajo, pero esta vez estrenando sello discográfico, el disco fue grabado y producido por el propio William Doyle en su hogar de Londres, que a decir de sus liricas “el resultado no era lo que estaba en mente en un comienzo”, ¿cuál habría sido el planteamiento inicial del proyecto? Solo su creador lo sabe, pues en este nuevo álbum Doyle se apoya mayormente en sonidos más discotequeros y frenéticos, sostenidos por un sinfín de murallas de ruidos electrónicos, pero que en medio de ellas siempre sobresale la cristalina, cálida y por momentos angelical voz de “niño bueno” de su compositor.
En Culture Of Volume la electrónica se colude con lo sombrío a través de ritmos propios de clubes techno para conducirnos por las sendas del delirio, pero para nada embargados por la frivolidad y lo profano sino a través de sus liricas atacarnos de nostalgia, mostrándonos sentimientos descorazonados y luminosos como en “Carrousel”, en medio de tanto sintetizador embriagador. COV  cuya  portada se asemeja a la de anuario de escuela secundaria, pareciera un tributo a los héroes de la vanguardia art-electro-pop: Warhol, Eno, Pet Shop Boys y Bowie.
El álbum se inicia con la instrumental “The Juddering” cuyas aplastantes y ensordecedoras secuencias cíclicas de abstractos ruidos electrónicos van alterando nuestros sentidos, toda esa maciza sonoridad irá mutando  hacia sonidos de densos teclados  que terminará por transformarse en unos golpes “poperos” de piano que se entrelazarán con percusiones y beats atemporales en “End Result”, creando seductores ambientes de intriga y suspenso. Sintetizadores con el volumen al tope y otras herramientas electrónicas nos llevan hacia el frenetismo “trance” en “Beaming White”, ocasionando sensaciones psicodélicas teniendo en medio la interpretación delicada y cándida de Doyle, tema que exhibe claras influencias Pet Shop Boys.  
El promocionado single “Turn Away”, nos atrapa y conduce hacia sutiles atmósferas gracias a su confortable “suavidad” electrónica, que se irá convirtiendo en ambientaciones futuristas y espaciales. Doyle sabe cómo hipnotizarnos y en “Hearts That Never” saca todo el arsenal, pues sus palpitantes y acelerados beats sirven de plataforma perfecta para que se desplacen sus avasalladores sonidos computarizados que irán moliendo nuestro sentidos entregándonos hacia el frenesí, en donde la “tierna” voz del artista trata de “ablandar”  en algo tanta rudeza dancística, que por un momento cambiará hacia sonoridades minimalistas pero que cuando menos lo pensamos el músico vuelve a hacernos “despegar” con sus artilugios “electro”, construyendo con toda esa amalgama de sonidos electrónicos seis extensos minutos de éxtasis “dance”. Sin darnos cuenta ingresa “Enterity”, más flagelación de instrumentación electrónica para el cuerpo, simple y efectiva, que por momentos nos dará treguas con sonoridades “ambient” más reposadas.
Tras tanto jolgorio, viene mi canción favorita del álbum, “Carrousel”, hermosísima pieza edificada por ambientaciones de teclados y sintetizadores, que junto a la espacial y dramática interpretación de Doyle, se asemeja a una panorámica de bellos paisajes vespertinos, toda una caricia para el alma y que por momentos nos hace intentar ensayar la levitación. Emotiva y conmovedora.  En “Don’t Look Backwards” carismáticos sonidos nos van “jalando” hacia ambientes místicos que por momentos adquiere tientes “mantra”. La melódica “Manmner Words”, la pieza más prolongada del disco, 10’18’’, posee unas particulares sonoridades electrónicas de manera replicantes y ondulantes, que nos ánima a  ensayar ciertos pasos de valz, conduciéndonos hipnóticamente hacia sensaciones delirantes que desembocarán hacia una atmósfera densa, tensa y misteriosa, sumándose insoportables ruidos sobre el cierre. Finalmente en “Montag Resolution” nos ofrece los pasajes más “ambient” del disco, golpes sintetizados cuasi metálicos van sucediéndose progresivamente hasta desvanecerse.  
Doyle nos ha vuelto a cautivar con su delirante propuesta, donde nuevamente nos hace convivir lo festivo con nuestro lado más íntimo y  hacer de la nostalgia algo para el disfrute.

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