martes, 26 de febrero de 2013

DEAD CAN DANCE: NO ESTABAN MUERTOS…HAN RESUCITADO



DEAD CAN DANCE
ANASTASIS
DCD- [PIAS] RECORDINGS. 2012.
Durante los últimos años muchas son las bandas que tras una desintegración o alejamiento, han vuelto a juntarse ya sea para hacer giras y así asegurar su vejez, revivir sus días felices o sacar nuevas producciones. Los resultados de las mayorías de estas reuniones han contribuido poco o nada a escena musical, siendo una de las excepciones el retorno de DEAD CAN DANCE, cuya obra titulada ANASTASIS aparecida a mediados del 2012, así lo confirma.
Fueron 16 años los que les tomó a Dead Can Dance volver a sacar un nuevo disco de estudio y de qué manera, pues Anastasis, nos trae de vuelta no solo a uno de los dúos íconos y más representativos de los 80s y 90s, sino a una de sus mejores obras que hayan publicado. Incomprensiblemente catalogados como góticos, new age o world music, Dead Can Dance ofrece simplemente música ecléctica de calidad, que congrega diversos sonidos del planeta, capaces de transportarnos a través de los tiempos a diferentes lugares ancestrales y que combinados con sonidos modernos son capaces de crear atmosferas sónicas de ensueño y así brindarnos una música única en su género.
EL ORIGEN
La historia de Dead Can Dance se remonta hacia 1979, cuando Brendan Perry  era líder, vocalista y bajista de una banda punk australiana llamada The Scavengers, que luego cambiaría su nombre a The Marching Girls, pero que no lanzaría disco alguno. Al año siguiente Perry deja la banda y comienza a experimentar con la música electrónica, fue así que en 1981 junto a Lisa Gerrard, Paul Erikson, and Simon Monroe forma Dead Can Dance.  Hacia 1982, Perry  y Gerrard deciden dejar su natural Australia para viajar a Inglaterra en búsqueda de alcanzar sus sueños musicales. Se establecen en Londres y allí se topan con el “men” del sello 4AD (¿quién más había de recoger su singular propuesta?) Ivo Watts-Rusell e inician su ascendente carrera, convirtiéndose en uno de los grupos más vendedores del sello. Y es que su obra musical presentada a través de sus once producciones entre álbumes y Ep es sencillamente exquisita.
Una de las características de Dead Can Dance, es la participación de los vocalistas, que es rotativa entre las canciones de sus discos. Lisa interpreta las piezas etéreas, aquellas que poseen un poco más de luminosidad y cuyas letras son mayormente son incompresibles, pues muchas veces son alaridos, gemidos, onomatopeyas, lenguas extrañas, y todo canto nada convencional, mientras que Brendan está a cargo de las  canciones más oscuras y que poseen letras y una estructura para ser cantada dentro de los parámetros de lo que podríamos decir tradicional (estribillo y coro).
En el 2008, 4AD lanzó la reedición remasterizada de toda la obra de Dead Can Dance para el beneplácito de todos sus fans y sus nuevos conversos. Viajemos pues alrededor del mundo y los tiempos través de cada uno de sus discos hasta arribar en Anastasis.
DEAD CAN DANCE / GARDEN OF THE ARCANE DELIGHTS
Tanto el álbum y como el Ep vienen en un mismo disco, y fueron lanzados originalmente en 1984. Nos muestra al dúo exhibiendo sólo ligeros bosquejos de lo ecléctica y rupturista que sería su propuesta musical, su exposición sonora que hacen en su primer y epónimo álbum bajo la influencia del rock gótico, como lo demuestran temas oscuros como “The Fatal Impact”, “The Trail” o los infernales alaridos de Lisa en “Ocean”, fueron utilizados para etiquetarlos como góticos. Aunque no por ello carentes de calidad. Sin embargo canciones como “Frontier” con sus tambores africanos nos dan una idea de hacia dónde apuntaba el proyecto del dúo, así como el estilo etéreo en el canto de Lisa. Un disco aceptable para comenzar.
El Ep Garden Of The Arcane Delights  los muestra con una propuesta más clara y evolucionada como así lo demuestran la deslumbrante “Carnival Of Light”, con esos sonidos que parecen arrancados de un clavicordio y la excelente voz de Lisa, llevándonos al éxtasis, y la sonoridad de múltiple percusión de “Flower Of The Sea”  que sirve de fondo para el etéreo y conmovedor canto de Lisa.
SPLEEN & IDEAL
Es el segundo álbum de la banda lanzado originalmente en 1985 y que tiene un impactante inicio con la espiritual y religiosa “De Profundis (Out Of The Depths Of Sorrow)”  que sirve de preludio de lo que será la obra de los Dead Can Dance a lo largo de este álbum, exquisitez mística, como si hubiese sido arrancada de los templos antiguos, pasando por la edad media hasta llegar al renacimiento. Un disco muy bien trabajado y pulido que escapa a lo convencional, con un sonido innovador sin necesidad de sonar marciano. “Mesmerism” es una excelente muestra de la combinación de lo antiguo con lo moderno, y sí, otra vez los alaridos de Lisa suenan alucinantes. El misterio y la intrigan están presentes en “Enigma Of The Absolute” mostrándonos a un Brendan que ya encuentra una identidad vocal. Spleen & Ideal es uno de los mejores discos de los 80s, en donde DCD dan un paso de gigante creatividad y enseñándonos realmente lo que querían hacer.
WITHIN THE REALM OF A DYING SUN
Lanzado en 1987, es otra obra maestra de DCD pero esta vez deja lo espiritual y místico para centrarse en lo misterioso y emociones que se relacionan con el suspenso. Por ello la fúnebre imagen de la portada.  “In The Wake Of The Adversity” es una muestra de lo tétrico y siniestro que podía sonar la música del dúo o la marcha sombría de “Dawn Of The Iconoclast”. El punto alto del disco, sin duda “Cantara” y su percusión que evoca sonidos del medio oriente.  El canto triste de Lisa en “Summoning Of The Muse” en medio del sonido de las campanas, es otro pico del álbum. La oscura atmosfera que rodea a todo el disco está influenciada en elementos neoclásicos, world music y hasta gótico post-punk así como su instrumentación minimalista. Describir la música hecha en este álbum es una tarea compleja, solo podemos decir que transmite diversos sentimientos que nada tienen que ver con la luz. Bienvenida sea la oscuridad para un álbum casi perfecto.
THE SERPENT’S EGG
El álbum salió en 1988, e inicia con los tristes y conmovedores lamentos de Lisa en “The Host Of Seraphim”, sigue la corta “Orbis De Ignis” con sus gregorianos cantos, en canto similar prosigue Perry con “Severance”. La formula se seguirá repitiendo a lo largo del disco, lo que la hace monótona, si bien era plausible el minimalismo exhibido en el anterior trabajo en este  es muy previsible, a pesar de ello es un disco que luce dramático, pero que frente a sus dos maravillosos antecesores solo alcanza el nivel de aceptable. Quizás la única sorpresa del registro sea la unión de voces del dúo por primera vez en un disco, en el tema “Echolalia”. El dúo tenía que replantear muchas cosas para las siguientes entregas.
AION/ A PASSAGE IN TIME
En 1990 dispuestos a ofrecer mayor innovación en su propuesta, Dead Can Dance lanza su quinto álbum. “The Arrival And The Reunion” tema con que abren el disco no podía ser mejor señal de ello, además esta canción sirve para introducirnos a la espléndida pieza medieval “Saltarello”, simplemente para terminar aplaudiéndola. Menos alegre pero también impecable es “The song Of The Sibyl”. Esta vez el disco está caracterizado por los sonidos medievales y del renacimiento europeo, acompañados por una mayor presencia de arreglos electrónicos y donde las voces de Lisa y Brendan  son apoyadas durante varios episodios del álbum por un coro. Cierra el alegre ritmo ¿árabe? De “Radharc” dejándonos con ganas de escuchar más. Aion es otro buen disco del catalogo DCD.
En ese mismo año DCD iniciaría su primera gira por Estados Unidos y al año siguiente estarían envueltos en varios festivales y producciones teatrales. En 1991 se lanzaría su recopilatorio A Passage In Time, que mayormente reúne piezas de sus dos últimos trabajos y algunas de las primeras épocas, a manera de servir de introducción para los interesados en descubrir el sonido del dúo.    
INTO THE LABYRINTH
El sexto álbum de Dead Can Dance vio la luz en 1993, en medio de una fama en ascenso, que los llevó otra vez de tour por Europa y Estados Unidos siendo registrado en el film y disco Toward The Within. Into The Labyrinth fue la obra que obtuvo mayor acogida. A diferencia de otros trabajos, este se caracteriza por capturar sonidos africanos y de medio oriente de manera más generosa que en trabajos anteriores del dúo, “Yulunga”, “The Ubiquitous Mr. Lovegrove”, “Saldek” y “Towards The Within” son una clara muestra de ello. Un tema excepcional del álbum es “The Wind That Shakes The Barley” en donde el canto a capella de Lisa es impresionante y conmovedor. El plato volverá a repetirse con “Adriadne” pero en esta ocasión con un bello acompañamiento musical. Ahora ya no hablamos de otro buen disco sino de otra obra maestra de DCD. El dúo se volvió exitoso  conservando su integridad musical y creyendo en su propuesta sonora.
TOWARD THE WITHIN
En 1994, se lanzó esta edición oficial en vivo, que registra una presentación que el dúo ofreció en Santa Mónica, EE.UU. En donde Dead Can Dance demuestra que puede ejecutar en directo los mismos sonidos que los desarrollados en el estudio y que generan profundas emociones. Lejos de ser un disco que reúne los “hits” en concierto, es un álbum que nos presenta en su mayoría temas inéditos, a excepción de “Yulunga”, “The Wind That Shakes The Barley”, “Cantara” y “Song Of The Sibyl”, entre los que destacan las conmovedoras “American Dreaming”, “Tristan” y “Sanvean” o la extraordinaria marcha de percusión en “Rakim” donde la voz de Brendan tiene como extraordinario fondo los alaridos de Lisa. Tanto Lisa como Brendan se lucen con sus excelentes voces, recreando en vivo esas atmosferas sonoras inconfundibles que por momentos pueden arrancarnos algunas lágrimas de la emoción de escuchar tan bella y emotiva música.
SPIRITCHASER
1996 fue el año del último álbum de Dead Can Dance antes de su separación. Spiritchaser
muestra al dúo insertando con mayor frecuencia la electrónica como parte de su bagaje sonoro así como las percusiones y cajas de ritmo, en esta obra se continúa con la exploración de sonidos africanos, reproduciendo complejos y tribales ritmos, sumergiéndonos en un universo denso y bello a la vez, en donde “Nierika” e “Indus” son una referencia de lo antes mencionado. Siguiendo los mismos parámetros pero un poco más alegre es “The Snake And The Moon”. En el disco se utilizó instrumentación antigua, mucha de ellas inidentificables, además de sonidos y cantos aborígenes, combinándose así lo étnico con lo moderno en piezas de prolongada duración. Una emotiva “Devorzhum” interpretada por Lisa cierra el álbum. Un buen disco lleno de hermosa música que fue criticado injustamente en su época por los supuestos “entendidos” en la materia.
ANASTASIS
En el 2005, el dúo vuelve a reunirse tras algunos años de separación pero solo  para realizar un tour mundial. Además que ambos cantantes se encontraban dedicados por completo a sus proyectos personales, pero es en el 2011 que Dead Can Dance decide juntarse nuevamente  pero esta vez para componer nuevo material, los resultados son un álbum sobresaliente Anastasis, palabra de origen griego que significa resurrección. Con respecto al álbum, Perry ha dicho que el corazón del material descansa en la música del Mediterráneo este, algo de Grecia, Turquía y el norte de África.
Como es ya conocido en el estilo de la banda, las canciones tensas y misteriosas son cantadas por Perry, mientras que las tristes y melancólicas por Gerrard. Aunque hay que destacar que en esta ocasión la voz de Brendan luce más tenebrosa y gótica que nunca. La pareja nos muestra que a la vejez están en condiciones de seguir deleitándonos con sus voces. La música del álbum gira entre lo etéreo y surrealista para ofrecernos ambientes dramáticos, y en medio de ellos compartirnos mensajes existencialistas, filosóficos y metafísicos.  
Los años no pasan en vano, pero la calidad permanece intacta
El disco tiene un inicio fuera de serie, con la espectacular “Children of the sun”, en donde los sonidos producidos por elegantes teclados, violines y una marcial batería que marca el tiempo a lo largo de la canción, evocan tensión, dramatismo, belleza y misterio complementándose a la perfección con la tenebrosa voz de Perry, que canta como un “crooner” maldito salido de ultratumba, relatando un ancestral y optimista legado. Resultando irónico que un tema que implique luminosidad tenga una sonoridad tan lúgubre, que logran una audición impecable de un menjunje de géneros reunidos en siete minutos y medio de duración. Con esta pieza DCD  nos da una perfecta inmersión a su mundo. Sigue la bella  “Anabasis”  con sus cantos de exóticos pajaritos que se van envolviendo con los sonidos de palmas, Hang Suizo (Perry dice que es un “cruce de tambor indio occidental de acero  y gong”), harpa eléctrica y violines que se unen para crear una atmosfera musical que nos remite a lugares situados entre el medio oriente y la india, en donde la voz de Lissa Gerrard se gime y lamenta en una especia de invitación a la plegaria y por ratos suena a un fantasmal canto. En “Agape”, exquisitos violines y cellos van en ascenso para luego descender delante de los “beats” y percusiones para entregarnos un pegadizo ritmo, acompañado por los alucinantes y sensuales alaridos de Gerrad, que también otra vez colinda con lo espectral. Con esta pieza nuevamente sentimos al oriente no tan lejano. “Amnesia” marca el retorno de Perry en las voces, regresándonos a ese ambiente misterioso tan peculiar en su oscuro canto, acompañado esta vez por una tranquila marcha de percusión y piano, convirtiéndose en el soporte sobre el cual gira la canción. Una larga melodía cargada de pesada melancolía, en donde los violines también  quieren dominar ese aparente estado de quietud que caracteriza al tema y que por momentos es perturbada por asonantes y agudos sonidos de teclados y vientos. En las letras, esta vez el optimismo es dejado de lado por un relato en donde la historia se detiene e impide que sigamos aprendiendo a causa de nuestra amnesia colectiva.
Lisa y Brendan siempre haciendo música elegante
“Kiko” abre la segunda parte de esta obra, ahora la voz de Lissa llevándonos a ¿Marruecos podría ser?  ¿Tal vez el Libano? O ¿algún paraje árabe?  Que posee un encanto hipnótico de intensa tristeza y sepulcral “goticismo”, en medio de una marcha lenta y firme que tiene al sonido de un antiguo tambor como abanderado.  El lento y gótico canto de Perry en “Opium” tiene como fondo un repetitivo e hipnótico “beat”, percusiones  y un siniestro teclado que se convierten en el marco ideal para su desesperanzador mensaje.  Si durante el álbum los DCD nos pasearon con su música por ancestrales lugares del medio y lejano oriente, con “Return Of The She-King” su música nos transporta a la época de los Celtas, una pieza llena de majestuosidad y elegancia, levantadas por los violines, campanas, estoicas percusiones y toda una marcha orquestal,  que tiene su broche de oro en la unión de las voces de Perry con Gerrard, llevándonos al momento cumbre e inigualable de todo el disco. Todavía el álbum nos ofrecería una joya más y qué manera de cerrar un disco, pues “All In Good Time” es un gran tema lleno de misticismo, cuya letra logra transmitir la idea que no siempre las cosas se presentaran como las esperamos. En donde los teclados junto con la voz de Perry, que llega a rangos superiores y por momentos asumen una peculiar manera de relatar, meditar y cantar la historia, colaboran con eficiencia a la edificación del tema.      
Perry y Gerrard durante sus últimas presentaciones
Dead Can Dance nos ha entregado otra maestra,  propia de aquellos que parecen haber sido tocados por la divinidad, que pueden renovar sus talentos para continuar recargando nuestros espíritus de energía. Tras la salida de Anastasis, DCD inició una gira mundial que los trajo por Sudamérica en diciembre pasado, lamentablemente parece que ningún empresario peruano se ánimo a traerlos. Así es la vida, para los que hasta ahora no hemos tenido la ocasión de verlos en vivo tendremos que seguir consolándonos con sus extraordinarios disco. Si aún no los has escuchado, atrévete y rompe los esquemas, pues su música te transportará a parajes de la tierra que te harán experimentar un gozo indescriptible.     




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