jueves, 4 de diciembre de 2014

KIMBA VILIS: "ME CONSIDERO POETA, COMPOSITOR Y TENGO LO NECESARIO..."


KIMBA VILIS
Entrevista 
Conversamos con el ex- Leusemia durante su reciente visita a nuestra ciudad, sobre el retorno de Delirios Krónicos, su disco doble Ojos de Serpiente, el sucesor del Abismus Habemus (2005) y Kadalzo (1989) y su nueva banda Kimba Vilis Van. Aquí un adelanto de una extensa entrevista que aparecerá en el siguiente número de nuestra revista; además de una reseña sobre el álbum en mención

Entre el origen de Kimba y un regreso Krónico

Guido: ¿De dónde viene tu nombre artístico, “Kimba Vilis”?

Kimba Vilis: A mi hermano mayor le decían “Kimba”, se lo pusieron por el personaje del Fugitivo, Richard Kimble. Como yo andaba con él de pequeño, me conocieron como “Kimba chiquito” y como era más movedizo me hice conocido con ese apelativo  que se convirtió en mi nombre de batalla. Luego le aumenté el “Vilis” porque siempre he sido una persona que se enfrenta con los demás.

G: ¿Qué tal la reaparición con Delirios Krónicos?   

KV: Lo que está pasando es que están sacando una serie de vinilos de varias bandas peruanas de los 80s, y están por sacar la de Delirios Krónicos, que está considerada casi como una banda de culto, pues se movía dentro de una escena subterránea marcada por el punk y el hard-rock, haciendo una onda más post-punk, más electro tal vez. Una propuesta que no presentaban el resto de las bandas, y eso influenció en los grupos que vinieron después. Volviendo al tema, se contactaron con Julio Montero que era el líder y fundador de la banda para hacer una presentación en estos meses, se juntó con Mao, y nos pasó la voz a Iván y a mí, miembros originales de la banda, bueno Liliana ya no está con nosotros. Ha sido una casualidad que suceda el reencuentro.

G: ¿Existe la posibilidad de sacar nuevas canciones con Delirios?

KV: Eso es muy difícil, porque Julio Montero, tiene su banda que se llama Sinkura, creo que con ellos tienen más temas y él está más avocado en ello. Lo de Delirios es una situación más fortuita, de coyuntura, aprovechando que estamos todavía vivos, enteros, sin “alzheimer”. Hemos podido juntarnos y recuperar el ímpetu de esa época. Después de estos conciertos no sé qué nos depare el destino.   

KIMBA VILIS VAN

G: ¿Cómo se origina tu nuevo proyecto con Kimba Vilis Van, con Josefer, Marco Antonio y Juan? 
KV: Siempre he realizado mis proyectos solo. Abismus y Kadalso son prácticamente cosas que he hecho sin banda, y cada vez que he realizado una producción casi nunca la he presentado ni tocado en vivo porque no he tenido banda. Quien me acompaña siempre es Julio Romaní, un gran músico, un gran amigo y vecino, que fue el primer tecladista de Leusemia. A él siempre le trasmito mis ideas musicales y es un gran complemento conmigo. Entonces cuando proyecté este último disco convoqué a un amigo, Marco Antonio que tocó el bajo en Kadalzo, no en la grabación pero sí en vivo. Por cuestiones personales, me quedé nuevamente solo, buscando una banda, entonces encontré a Josefer, un baterista de 23 años, comenzamos a ensayar, empezamos a ver con quién tocar, probamos bajistas, tocamos como trío en algún momento hasta que nuevamente retomé con Marco Antonio, entonces faltaba una primera guitarra. Yo toco la guitarra pero no soy guitarrista (risas). Al guitarrista actual, Juan José, no lo conocía, lo vi tocar en un local con una banda tributo, hablé con él, congeniamos, le dije que tenía este proyecto y le gustó la idea, me pidió que le pasara las canciones, se las pasé y el día que fuimos a ensayar “había hecho su tarea”. Las hizo muy bien. Le di tres canciones más, cuatro canciones más, el “pata” empezó a ensayar con nosotros y armamos la banda. Hemos sacado algunos temas. Ahora sí me siento como banda, por eso es Kimba Vilis Van, “Van” no de banda sino de “van y vienen”. Ahora sí estamos cohesionados, hay una gran comunicación entre estos dos muchachos, que tienen la mitad de nuestra edad y nosotros que podemos ser sus padres. Estamos con todo el ímpetu, de entrar a tallar con todo esto que es la vorágine musical, con el apoyo de Juan Pinto Ismodes, que es nuestro mánager.

Estamos buscando salir a provincias para buscar alternativas, presentaciones, propuestas culturales. Lo mío siempre ha sido una cuestión cultural. Me considero poeta, me considero compositor y tengo lo necesario, no soy estridente, ni tampoco “light”, trato de combinar instrumentos andinos con europeos, tengo una locura en la cabeza…

G: Justamente en el facebook de la banda dice: “Kimba Vilis Van se unen para dar vida a este nuevo proyecto con la intención de tomar por asalto la escena insurrecta del rock hecho en el Perú” ¿Cómo piensan llevar a cabo esto?

KV: Bueno tu sabes que “el papel aguanta todo” (risas). Siempre el romanticismo sale a flote. Yo siempre he sido muy romántico, en el completo sentido de la palabra -siglo XVIII- anarquista de alguna manera, y siempre he pensado que puedo lograr algo con la palabra, con ser buena persona. He tenido se podría decir esa debilidad, de creer en la “bondad ingénita del hombre” como lo dijo Manuel González Prada. Tratamos de hacer llegar nuestra propuesta, copar los medios sin necesidad de bailar “reggaetón” o ese tipo de cosas, de una manera honesta, real, sincera, sin tapujos, y libre. Acá a la gente no se le da la oportunidad de escoger música, la radio está copada en un 90% por cosas absurdas. A mí no me interesa entrar en la radio, mi meta es la gente, el “ojo a ojo”, hablar con la persona directamente.  

OJOS DE SERPIENTE

G: ¿Cuál es el concepto de tu disco doble Ojo de Serpiente, por qué ese título?   

KV: Tenía la ganas de hacer un disco, y de hacerlo tipo Abismus Habemus, con canciones acústicas y eléctricas, pero tenía bastante material, así que decidí empezar con lo que se podía hacer económicamente.  Básicamente yo me muevo con amistades conseguí a Janio Cuadros, que tiene su estudio de grabación y le hice la propuesta para trabajar con él. Con Julio Romaní elaboramos las bases y empezamos a grabar el disco, comenzó a sonar en una manera que me gustó y que le dio el título del disco. Cuando uno escucha el disco “A”  -una combinación de instrumentos sinfónicos con andinos, parecido al Abismus en algunas de sus concepciones-  las canciones empiezan en “fade in” y terminan en “fade out”, es decir empiezan en volumen cero, in crescendo 1,2,3 hasta que llega a volumen 5, a su tope, sigue en ese nivel y cuando va a terminar desciende a 4, 3,2, 1, y continua la siguiente pista 1,2,3,4,5, entonces existe una sinuosidad en la música, donde está entrelazada toda, pareciéndose al  cuerpo de una serpiente, entonces por eso lo de la serpiente. Ojos de Serpiente se tomó por eso, y porque se dio la oportunidad de grabar lo demás. Porque eran dos discos, y si tú te das cuenta de la concepción artística de aspecto físico del disco notarás los dos ojos de la serpiente, además porque un disco es de una naturaleza andina. Y por último, me fascinan los reptiles, entonces por ahí venía esa idea.

G: ¿Cómo se origina lo del “disco 2”?

KV: El segundo disco, que es hard-rock, completamente distinto al primero. Lo grabé en otro lugar y también fue con un amigo, “Wicho” García, del estudio de Mar de Copas, quien me dio todas las facilidades de acuerdo a su agenda, los dos discos son bien hogareños, hay bastante calor, por la concepción del disco y quiénes han participado en él. En el segundo disco, al contrario del primero donde intervienen dos o tres músicos, intervienen como 10 músicos, es un "power trío", y a eso le sumo una primera guitarra, pero todos son invitados -yo toco la segunda guitarra- fue bastante familiar y dio pie al título del álbum, la serpiente no solo te aprieta para matarte sino para darte calor, captas ese placer, aunque creas que te está matando. La música es así, te abraza, te asfixia, te puede dar muerte espiritual, que la necesitas para poder liberarte mentalmente, tiene que golpearte para que avances, esa es la idea disco dos.

G: Al Abismus Hamebus, lo denominaste como poesía instrumentada ¿Cuáles son las diferencias más saltantes entre este álbum y el anterior?

KV: Para mí es una transición porque en realidad está unida. Inclusive en el disco A y el disco B, hay dos poemas de Dalmacia Ruiz Rosas, gran poeta y amiga. Sus poemas los interpreto a modo de canción, por ejemplo yo no musicalizo poemas, lo que yo hago primero es contactar con el poeta, que esté vivo para poder hablar con esa persona y decirle, “sabes quiero hacer esto con tu poema” porque es su arte, y puedo ofenderlo haciendo algo que no le agrade.  Entonces lo que hice fue hablar con Dalmacia, ella primero me pidió que hiciera algo con su poesía. Le encantó y me dio toda la libertad del caso. Entonces recapitulando, lo primero que hago es pedir permiso al poeta, segundo, apelar a mi sensibilidad poética, tomar la canción, la columna vertebral de la misma sin quitarle la ilación, aumentarle algunas palabras, aminorarle otras, y armar una canción de esa poesía, y se la presento al poeta, y si se pone a llorar es porque le gusta (risas).

G: ¿De dónde proviene tu gusto por las sonoridades grandilocuentes o sinfónicas?

KV: Para mí es una cuestión de gusto por la música en su totalidad. Yo uso este tipo de musicalización porque me gusta cómo suena y me hace sentir bien, entonces no es una cuestión de ser pomposo o de ser un “igualado”, es una cuestión de “me encanta cómo suena”, sin ser tampoco abrumador. Por ejemplo, yo combino un corno inglés con una zampoña, y coinciden, es lo que intento hacer, lo que tengo en la cabeza, y Julio Romaní lo puede plasmar, él suple los 50 músicos que necesito, el toque que él tiene pareciera que lo interpretará un ser humano con el instrumento que tiene y con la capacidad que posee, hace posible la naturalidad de la musicalización y por eso me atrevo a poner cellos, violoncelos. El disco Habemus, por ejemplo, es un cuarteto de cuerdas que lo acompaña un string, y una guitarra acústica. Es como para decir “mira si tú usas esto de acá, y lo haces con una sinfónica, va a salir pero extraordinario”. También me voy a la simpleza con que han sido hechos los dos discos, es como para demostrarle a la gente que quiera componer, que es sumamente fácil, que es simple, que no tienes por qué hacerte un mundo con esto.
RESEÑA
OJOS DE SERPIENTE
KIMBA VILIS
Independiente (2013) 
Kimba Vilis el ex baterista de la mítica banda Leusemia, no es alguien ajeno a producciones con sonidos grandilocuentes, con sus bandas paralelas y proyectos personales antecesores ya había demostrado ir más allá del minimalismo punk-rocanrolero propio de las primeras bandas subterráneas.  “Vilis” nos sorprende esta vez con un ambicioso disco doble, fusionando en el primero de ellos música de cámara con sonoridades bucólicas y andinas, donde el aporte del músico Julio Romaní ha sido trascendental en la consecución de tan apoteósico sonido utilizando tan solo los teclados como aliado, mientras que el segundo disco tiene un corte más hard-rock.

Los Ojos de Serpiente, se dejan percibir claramente en la audición de la primera parte de la obra, pues entre pista y pista la música transita de manera sinuosa asemejándose al cuerpo del reptil, algunos sonidos retornan una y otra vez entre canciones, no en vano existen “Ojo de Serpiente I, II, III, IV y V”.  Además de Romaní participan en este capítulo Janio Cuadros en el charango de “Sangre de las sombras”, Raúl Montañez en los arpegios de “Tu voz mutilada”, Marianella Castro haciendo dúo de voces con Kimba en la dulce “Ojos Alados”, y Kamilo Riveros en el bajo y J.J. Castro en la guitarra de “Solumnia en el ojo de la serpiente”, pieza que cierra este primer episodio. 

El sonido del primer disco se caracteriza por su sonido homogéneo, sin salirse de los parámetros sonoros establecidos, donde las acogedoras sonoridades pastoriles de “Ojo de Serpiente I: hacia ningún lugar”, tema inspirado en la poesía de Dalmacia Ruiz Rosas, nos introducen y resume perfectamente al mundo ecléctico de esta obra, donde el poético canto de Kimba nos cautiva con su hipnótico estribillo “si mi corazón…”, estilo que se replicara a lo largo de todo el primer acto.   En “Sombras de las Sangres” se van agregando al sonido “europizado” algunos sonidos andinos, mientras que en “Sangre de las Sombras”, tras un cuasi discurso de reivindicación de la cultura Inca, una orquestación vernácular estalla de gran manera sobre el final y regresará de manera sutil en “Al Cielo por Asalto”.  Siniestros y cíclicos sonidos construyen una atmosfera sombría en la majestuosa “De Regreso a Amy”, de los mejores temas del álbum, además un Kimba que repite una y otra vez en medio de unos teclados fúnebres que resultan espeluznantes, la frase “…juegan al azar”. La psicodélica “Esclavo y Amo” crea ambientes por demás delirantes. Ternura lirica y musical quedan expuestas en “Ojo de Serpiente III: tras mi alma” y “Ojo de Serpiente V: en silencio”. Finalmente en “Unidad Vecinal # 3” Kimba parece añorar las épocas vividas en su entrañable vecindario y resalta el cariño que siente por este y sus “mágicas” historias, en medio de una inocente y nostálgica sonoridad liderada por el sonido de teclado que emula a una flauta dulce.

Entre la psicodelia y el blues gira la sosegada “Ojo de Serpiente VI: la danza de los agujeros negros en San Kálmet”, corte inicial del segundo disco, que cuenta con el aporte del guitarrista Mario Calmet y Sandra Requena (ex Metadona) encargándose con sus onomatopeyas de crear ambientes laxantes, tranquilidad que es invadida por los abrasivos riffs de Andrés Carreño, en la breve “Ojo de Serpiente VII: corazones encriptados”, tema que sirve de transición para lo que vendrá, visceral punk-rock con “Ciudad Destruida”, sonorizando  perfectamente su apocalíptica letra, con un Coqui de Tramontana (Masacre) en las guitarras, que vuelve a repetir el plato en la retorcida y contestataria “Sólo Basura”.  Más “bilis” es derramada sobre la capital en la hard-rock “En medio de Todo”, donde esta vez colaboran en las guitarras César Zamalloa y J.J. Castro, una versión vertiginosa y ruidosa del tema “La Venganza de los Tulipanes Grises”, aparecido en su anterior disco, parece querernos volar los tímpanos. Pero la tranquilidad retorna con la melódica “Sueños Kami-Kaze”, decorada por las delicadas líneas de violín de Mary Ann Li y las voces de “Wicho” García (Mar de Copas) y nuevamente Sandra Requena en los coros. La ruidosa “Arabian Pajasso” es otra pieza influenciada en la poesía de Dalmacia Ruiz Rosas. Más rock subversivo con la fugaz “Fas”, una nueva exégesis sonora de la añeja “Anarquía”, canción extraída del Kadalzo de 1989, y “Hoguera Corporal”. El estridente saxofón de Omar Garaycochea, coloca la cuota glamorosa y “Bowbiesca” en la rocanrolera “El Asesino de Lupanar”, bajo ese mismo espíritu Rock’n’roll se ensaya una nueva interpretación del clásico “Demolición”, donde se deja extrañar el canto y los gritos guturales de Kimba cuando entonaba el tema de los Saicos. Finalmente una armoniosa y correcta versión de “Te Acuerdo Amanda” de Víctor Jara cierran el telón de esta extensa obra, en donde también participaron en las guitarras Janio Cuadros, John Masías y Fernando Chirinos.                  

Ojos de Serpiente luce una primera faceta sorprendente, retórica, donde “Kimba Vilis” y sus aliados salen bien librados de tan ambicioso proyecto, mientras que en el segundo disco, nos muestran su lado rockero ya conocido, con canciones que líricamente contienen los ingredientes necesarios para lucir incendiarios y rebeldes, pero que musicalmente podría haberse pulido un poco más, aunque podemos asumir que es parte de ese mismo ánimo rocanrolero con que ha sido compuesto la segunda parte. De todas maneras Kimba Vilis nos hace reflexionar por qué no alumbra obras más seguidas si van a resultar tan reconfortantes como esta.   

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